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Voluntarios en Jeréz confeccionan mascarillas transparentes para sordos

La comunicación falló desde el ingreso de Israel Crespo en el Hospital 12 de Octubre. Los primeros días se las ingenió para comprender y hacerse entender con los sanitarios del centro médico madrileño, aunque con muchas dificultades. “No tenía tanta información sobre cómo funcionaba el confinamiento. Solo confiaba en los profesionales sanitarios y a dónde me llevaban”, cuenta por un mensaje de texto. Al sexto día, vio a la enfermera Jezabel Fernández salir de la habitación de otro paciente que acababa de hacer una videollamada con su familia. Con gestos y asustado, intentó decirle algo. La enfermera le entregó un bolígrafo y un papel y él escribió: “¿Tengo Covid? ¿Cuándo me voy a casa? Mi mujer y mis dos hijos no saben nada de mí. Soy sordo y ella también”, explica este auxiliar administrativo de 38 años. Su historia muestra la enorme barrera lingüística que supone las mascarillas para personas con deficiencias auditivas: una tela que imposibilitaba la lectura de labios.

Fernández logró conectar a la pareja a través de una videoconferencia tras casi una semana de ingreso incomunicado —él tampoco tenía móvil—. Unos minutos de conversación en lengua de sordos fueron suficientes para hacer más llevaderos las siguientes jornadas. Actualmente, Crespo es uno de los más de 55.00 pacientes curados y descansa en casa con su familia.

“¿Y no habrá mascarillas transparentes?”, se preguntó Francisco Zuasti, uno de los más de 150 voluntarios jerezanos del grupo Costaleros por nuestros mayores. Desde el inicio del confinamiento, los integrantes de esta organización asisten a personas sin recursos económicos y hacen la compra de los mayores y otras personas en riesgo. Hace un par de días que también confeccionan mascarillas con una ventana de plástico duro en la zona de los labios, que permite la lectura labiofacial. Están hechas de telas donadas y material reciclado de los protectores de lluvia de los carritos de bebés. “Son una primera prueba, pero no hemos parado de recibir peticiones de todos los sitios de España”, cuenta por teléfono. “Es que no es una chorrada, se le está negando la comunicación a más de un millón de personas”, explica en alusión a la cifra de españoles con deficiencias auditivas.

La duda surgió en Jeréz y la inspiración en Estados Unidos. Buceando por Internet, Zuasti dio a parar con Ashley Lawrence, una estudiante de 21 años de Kentucky que diseñó mascarillas destinadas a este colectivo. Lawrence y su madre se dedicaron a coserlas desde su casa y actualmente recaudan fondos con GoFundMe para poder repartirlas en otras ciudades norteamericanas. “Me fijé muy bien en el diseño que ella había creado y nos pusimos a ello”, narra.

La primera tanda de 50 mascarillas, que está en fase de prueba para ver si se puede mejorar en la forma o en los materiales para homologar, la recibió Pedro Jesús Vega Ramírez, presidente de la Asociación de Personas Sordas en Jeréz (Apesorje). Como cuenta su hijo Antonio, “a mi padre se le empaña la ventanilla, pero, por ejemplo, al secretario de la asociación, no. Depende mucho de la forma de la cara y de cómo gesticula cada usuario”.

Aunque las están probando decenas de personas sordas, todos insisten en que es imprescindible que estas mascarillas “sean repartidas entre el personal oyente que suele atender a las personas sordas”. Policías, personal sanitario, cajeras de supermercado… “Los que confeccionan mascarillas deberían de plantearse un modelo universal”, añade Zuasti. “De no ser así, estamos perpetuando la incomunicación de un millón de personas”.

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