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Viñales se impone por su constancia y trabajo en Misano

Maverick Viñales, en el centro de la imagen, celebra su triunfo con Mir en el podio de Misano.
Maverick Viñales, en el centro de la imagen, celebra su triunfo con Mir en el podio de Misano.Antonio Calanni / AP

Cuesta imaginar a un tipo como Maverick Viñales sentado, concentrado y enfurruñado, delante de un ordenador que no le muestra más que líneas de colores que se entrecruzan. Datos, muchos datos. Que él, asegura, interpreta ya con cierta facilidad. De tantas horas que ha pasado intentando comprender por qué unos días es el tipo más veloz del lugar. Y otros, su M1 no le permite demostrar todo su potencial. “No he dado el máximo en ninguna de las carreras este año. No he podido llevar al límite a la Yamaha ningún domingo”, se lamentaba en una entrevista reciente en EL PAÍS. Todo eso cambió con una trabajada victoria este domingo en Misano.

Cambió porque Viñales se empeñó desde que se subió a la moto de nuevo el viernes en acercarse a un triunfo que se le resistía desde que terminó segundo (y en las dos ocasiones) en Jerez. “Solo quiero acabar un domingo con la sensación de que he dado el máximo”, decía tras esa primera jornada de entrenos. Así que modificó su manera de enfocar el trabajo día a día: pensar solo en la carrera, no en la vuelta rápida; hacer una moto para él y según sus necesidades, no según los informes de la fábrica japonesa; desprenderse de esa sensación de dependencia del tren trasero y pilotar con todo su peso y su corazón volcados en el tren delantero. Solo así, confesaba, podría pilotar como le gusta: frenar tarde, parar la moto, acelerar. No pretender ser lo que no es: un piloto fino. Él es agresivo y así es como quiere pilotar. También la Yamaha. También por las enlazadas curvas de Misano. Lo hacen sus rivales, por qué no iba a poder hacerlo él.

Y lo consiguió. La suya es la primera victoria de un piloto español desde que empezó el Mundial de 2020. Ayudaron las circunstancias a que todo fuera más rodado. No solo por el hecho de llegar prevenido a esta segunda carrera en el mismo circuito en el que se llevó el mayor chasco del curso hace una semana: tras una pole y un tiempo de récord, se desinfló como un mal bizcocho a la que acechó las primeras curvas del trazado durante la carrera. Con el neumático duro y sin agarre atrás, luchó contra la sensación de estar a punto de caer a cada instante. Y terminó sexto. Una catástrofe para un tipo que debería estar dominando el campeonato. Una semana y otra pole, con récord, después, a Viñales le acompañaron las circunstancias de la pista, que ofrecía mucho más agarre y que no ensuciaron tanto como siempre los pilotos de Moto2, pues su carrera se vio reducida casi a la nada tras dos interrupciones por un chaparrón inesperado, de esos con los que se despide el verano a orillas del Mediterráneo. El de Yamaha, además, eligió bien esta vez. Y calzó su moto con las gomas de dureza media. Constante y convencido, volvió a ganar como premio a sus incansables comidas de coco.

No pudo evitar Viñales que Pecco Bagnaia (Pramac Ducati) le tomara la delantera al cabo de cinco vueltas. Veloz, endiablado su ritmo, maravillosa la complicidad que ha conseguido con su Ducati de segunda mano, el italiano se destacó al frente del pelotón y llegó a sacarle prácticamente segundo y medio al de Yamaha. No se rindió aquel. Resistió. Y se empeñó en ir arañándole una décima por vuelta al de Turín, todo lo que podía. Lo que le permitía el neumático blando del rival, que empezaba a bajar su rendimiento tras un inicio de carrera explosivo como se han visto pocos este curso. Cuando la distancia se medía en poco más de un segundo, Bagnaia, solo en cabeza, se fue al suelo en una de las pocas curvas a la izquierda. Las condiciones de la pista no eran las mejores. Y la elección de gomas sentenció a muchos. A Miller, por ejemplo, que también llevaba el blando y se retiró tras ser incapaz de controlar la moto en las curvas. A Rossi, que aunque con el medio, se fue al suelo en la vuelta tres y acabó retirándose pese a volver a pista. Al protagonista de una semana atrás, Morbidelli, lo arrastró Aleix Espargaró con él al caerse en la primera vuelta de la carrera.

Tras tantas vueltas dadas al mismo circuito: rápido, fluido. Tras tantas pruebas en solo diez días, velocidades de escándalo, adelantamientos de vértigo, da para saberse de memoria una pista. Y para volar cuando uno se sube a la MotoGP, no en vano se han batido los récords de la pole y también el de la vuelta rápida en carrera en este día diez. Claro que, por muy conocidos que sean tanto el escenario como los rivales, no tienen por qué repetirse los protagonistas de las historias de uno y otro domingo. Y no lo hicieron. Solo repitió en el podio Joan Mir. Osado, logró remontar desde la 11ª plaza que se adjudicó en la parrilla de salida hasta el segundo puesto final. En la mochila, otra magnífica selección de adelantamientos de clase mundial: la agresividad y la irreverencia al servicio de la fina Suzuki.

Tras sucumbir al ataque del mallorquín y en la tercera posición de la parrilla: Pol Espargaró, con una KTM que no distingue entre trazados con muchas curvas y otros con mucha recta. Regular, como lo está siendo también el de Granollers siempre que puede acabar la carrera, la casa austriaca está en MotoGP para que se hable de ella y mucho en el futuro. Como lo está en el Mundial Fabio Quartararo, que fue sancionado con tres segundos por sobrepasar reiteradamente los límites de la pista. El aviso le llegó al francés en la última vuelta, cuando defendía la última plaza del podio. Tenía que escoger el carril de la vuelta larga del trazado para cumplir con la penalización y tener, todavía, opciones de defenderse en pista. Pero no advirtió el mensaje en el panel de su Yamaha. Acabó cuarto.

Así, la primera victoria de un español este 2020 la adornó, también, el primer podio totalmente español. Y así, con una general que presenta a cuatro pilotos separados por solo cuatro puntos: de Dovizioso a Mir, con Quartararo y Viñales en medio, avanza un año tan loco como este, en el que la ausencia de un claro líder en la categoría reina del motociclismo ha abierto la puerta a un selecto puñado de talentosos pilotos que ahora, sin Márquez en pista, se creen capaces de ganar cada carrera.

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