Internacional

‘¡Va, pensiero!’ (ve, pensamiento, hay que repensarlo todo)

Ve, pensamiento, con alas doradas. Ve, pósate sobre las colinas. Posiblemente nunca han tenido tanto sentido y tanta emoción para tantos las palabras y las notas del famoso coro del Nabucco de Verdi. Por supuesto porque, en el encierro generalizado que viven los seres humanos, solo el pensamiento puede volar libre. Pero, además, porque la crisis es totalitaria –lo afecta todo-, tendrá efectos prolongados y por tanto nos fuerza a repensarlo todo, en todas las esferas.

En lo personal, por supuesto: papeles familiares que deben rediseñarse y reacomodarse a la velocidad de la luz, comprimidos en una nueva dimensión espacio-temporal que los distorsiona; soledades que de repente ya no son como antes, arañan, se petrifican y toca amansar con nuevas estratagemas del alma y de la vida cotidiana; incluso la propia concepción de sí mismos, que se irá desdibujando ante los ojos sensibles, con personalidades desprovistas ahora de la proyección social física y, quién sabe durante cuánto, de un cierto tipo de ámbitos relacionales que son parte definitoria del ser de todos nosotros.

En lo profesional, evidentemente: un inmenso esfuerzo de digitalización y eficacia en remoto; el ingenio de cada cual para reconducir, revitalizar actividades paralizadas o mermadas por la crisis del virus.

Y, cómo no, en la vida pública: el papel de las administraciones y el del mercado.

El mundo ha entrado en coma y la respiración asistida –de enfermos humanos, de empresas en crisis, de millones de personas en dificultad económica- solo la puede propiciar el conglomerado de instituciones públicas. La célebre mano invisible de Adam Smith –la metáfora del mercado inteligente que ajusta las cosas casi como por una suerte de ley física- se ve vapuleada en estas circunstancias. La mano invisible no sirve para nada, agarrotada y temblante en medio del vendaval.

Las administraciones son el pilar de la salvación en los dos frentes: el económico y el sanitario. En ambos casos, la acción de ahora determinará nuestro futuro en múltiples aspectos y es necesario evitar que el salvator mundi de hoy se convierta en un leviatán (el temible monstruo bíblico) mañana. Esto es especialmente evidente en la UE.

En el frente sanitario, el objetivo es proteger la vida de los ciudadanos y el refuerzo de las estructuras hospitalarias es un asunto obvio y no problemático en términos morales (por supuesto lo es en términos logísticos). Lo que sí puede ser problemático son los sistemas de vigilancia telemática de los movimientos ciudadanos y los poderes excepcionales en mano de los Ejecutivos y dirigidos a frenar la expansión del contagio. En las democracias más maduras, esto no inquieta demasiado. En las menos consolidadas, los riesgos son evidentes. La perspectiva de Ejecutivos y fuerzas de seguridad con poderes exorbitados o fuera de control no debe subestimarse.

En el frente económico, el objetivo es evitar una depresión brutal. Para ello, es necesario inyectar dinero en la economía para, en primer lugar, preservar empleos y capacidad productiva y, cuando esto no es posible, respaldar a los desamparados. Ello requerirá una brutal acumulación de deuda pública que compense el colapso de la facturación privada. Esta insoslayable dinámica generará Estados leviatanes con enormes niveles de deuda e inextricablemente vinculados con los destinos de innumerables compañías privadas. La maniobra requerirá, necesariamente, la participación activa de todo el sistema financiero, el riego sanguíneo mejor posicionado para bombear vida, lo que complica aún más la ecuación.

El hallazgo de los equilibrios ideales en este escenario es uno de los mayores retos intelectuales que ha afrontado la humanidad. Máxime así en la UE, donde a los problemas comunes se suma la conjugación de los intereses nacionales dentro de un aparato supranacional que cada miembro necesita, como hemos comprobado en la cumbre del jueves. El habitual conflicto entre el bloque suroccidental y el nororiental adquiere ahora tintes existenciales.

Como advirtió Mario Draghi en un texto publicado por Financial Times el miércoles, “el precio del titubeo puede ser irreversible”. Va pensiero, veloz, con alas doradas.

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