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Una crisis que puede matar hasta 6.000 niños más al día

Una crisis sanitaria como la que vive el mundo es el tsunami perfecto para sumar más muertes a las que ya ha provocado el nuevo coronavirus SARS-CoV-2. De cumplirse los peores pronósticos y en tan solo seis meses, asistiríamos cada día a la muerte de hasta 6.000 niños más por enfermedades que se pueden prevenir. En medio año, alrededor de 1,2 millones muertes más de niños por la reducción de la cobertura de los servicios médicos rutinarios en, al menos, 118 países con sistemas sanitarios frágiles y de ingresos bajos y medios. Estas potenciales muertes infantiles se sumarían a los 2,5 millones de niños que ya mueren cada seis meses en el mundo. Unas cifras escalofriantes que podrían echar por tierra casi una década de avances para poner fin a la mortalidad infantil. 

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Es una de las conclusiones a las que ha llegado un nuevo estudio realizado por un grupo de investigadores de la escuela de salud pública de la Universidad Johns Hopkins, publicado este miércoles en The Lancet Global Health. Para realizar este informe los científicos han tomado como referencia la situación actual por la covid-19 y han hecho una proyección, con distintas variables, de uno, tres y hasta seis meses de 118 países de ingresos bajos y medios.

Hay dos razones principales por las que se podría dar este aumento de muertes entre menores de cinco años en el mundo, según este estudio. “La primera es que los niños que normalmente recibirían atención médica por enfermedades como neumonía, diarrea y malaria, no podrán recibirla si los sistemas de salud se ven afectados; y si los ya enfermos no reciben el tratamiento adecuado, tienen más probabilidades de morir”, contextualiza Timothy Roberton, del Departamento de Salud Global de la Universidad Johns Hopkins, y el investigador que ha liderado este estudio.

La crisis del ébola como referencia

B. Hernández

Desde que la covid-19 se extiendera por todo el mundo, los expertos han vuelto su mirada para sacar conclusiones y enseñazas del que fue unos de los brotes epidemiológicos más mortíferos de la historia: la crisis del ébola en África occidental en 2014. “Las personas que tiene otros problemas que no están relacionados directamente con la epidemia, dificilmente reciben servicio médico”, explicaba la OMS en un comunicado, citado en este estudio de la escuela de salud pública de la Universidad Johns Hopkins.

Un estudio realizado en 2014 muestra cómo el servicio prenatal se redujo en un 22%, un 6% la planificación familiar y la atención tras el parto en un 13%. Otros estudios cualitativos que analizaron esta época sugieren que esta reducción de atención médica también se debía al miedo de la población a ir a tratarse a un centro médico y que pudiera llegar a infectarse, desconfianza en el sistema sanitario, además de rumores sobre la procedencia de la epidemia, una reacción que ya se puede observar en algunos países del continente africano por la covid-19.

La segunda razón que especifica Roberton es la inseguridad alimentaria que viven muchos hogares que tienen menos ingresos y un acceso reducido a los alimentos. “Si no obtienen una ingesta adecuada de macronutrientes y se debilitan, tienen más probabilidades de morir por enfermedades infecciosas”, asegura. Un informe recientemente publicado por el Programa Mundial de Alimentos (PMA) de la ONU advertía que al menos 135 millones de personas experimentaron inseguridad alimentaria extrema en 55 países en 2019 y estimaba que la covid-19 podría casi duplicar la cifra, hasta 265 millones en 2020. 

A esta inseguridad alimentaria, los otros factores clave que perpetúan el aumento de la mortalidad infantil en plena pandemia son la pobreza y los sistemas sanitarios débiles. El África subsahariana es la zona peor posicionada, y de estos 118 países de ingresos medios y bajos están Djibouti, Eswatini, Lesoto, Liberia, Malí, Malawi, Sierra Leona, Somalia, Etiopía, República Democrática del Congo, Tanzania y Uganda. Los otros países con más probabilidades de registrar las mayores tasas de exceso de mortalidad infantil por su volumen de población son Brasil, Nigeria, Indonesia, India y Pakistán. 

Aumento de las muertes maternas

La covid-19 ha provocado que las visitas a los centros médicos estén disminuyendo debido a los confinamientos, los toques de queda y las interrupciones en los transportes, y también por el temor que siguen teniendo las comunidades a infectarse, como ya ocurrió en la epidemia del ébola de 2014, uno de los brotes más mortíferos que se recuerdan. Como consecuencia a la paralización de los programas de planificación familiar y seguimiento del parto, el estudio estima que podrían producirse 56.700 muertes maternas adicionales en tan solo seis meses, sumadas a las 144.000 que ya tienen lugar en los mismos países en un periodo similar.

“No podemos permitir que las madres y los niños sufran los daños colaterales de la lucha contra el virus. Y no podemos permitirnos perder décadas de avances en la reducción de muertes prevenibles de madres y niños”, pide la directora ejecutiva de Unicef, Henrietta Fore, que en un comentario sobre el informe de The Lancet, advierte de que estas interrupciones podrían desencadenar aumentos potencialmente devastadores de las muertes maternas e infantiles. “Podemos prevenirlas si actuamos ahora”.

Recuperar las rutinas médicas, clave para salvar vidas

Los resultados de este estudio, aseguran los investigadores, muestran cómo los efectos colaterales de la pandemia no son meramente económicos. A otra de las conclusiones que llega el informe es que mantener la cobertura de las intervenciones quirúrgicas más básicas que se realizan en un parto mientras dure la pandemia en estos 118 países ahorraría el 60% de las muertes maternas, mientras que la administración de antibióticos para la sepsis neonatal y la neumonía, además de distribuir la solución de rehidratación oral para la diarrea a los menores de cinco años, reduciría en un 41% de las muertes infantiles adicionales.

El mismo informe anima a los países y a sus Gobiernos a restablecer las rutinas médicas cuanto antes, advirtiendo de que cuánto más se tarde, más difícil será volver al punto de partida. “No debemos retrasar la restauración de los servicios de salud si queremos minimizar el impacto duradero de las interrupciones temporales. Cuánto más se tarde, más vidas se pierden en el camino”. Advertencias y consejos para aplanar esa ola de tsunami que se ha convertido esta pandemia. 

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