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Una acusación de abuso sexual contra Biden empaña su campaña

El candidato demócrata, Joe Biden, en un evento el pasado 12 de marzo.El candidato demócrata, Joe Biden, en un evento el pasado 12 de marzo.Matt Rourke / AP

Uno de los primeros problemas con los que se encontró la posible candidatura del exvicepresidente Joe Biden para la nominación demócrata fue su comportamiento con las mujeres. Cuando todavía había duda sobre si daría el salto para ser uno de los muchos demócratas que se postulaban para derrotar a Donald Trump este noviembre, dos acusaciones de trato inapropiado a mujeres complicaron sus aspiraciones presidenciales. De aquello hace más de un año. Ahora, cuando ya es el candidato consolidado en la carrera demócrata por la Casa Blanca, una nueva incriminación irrumpe en la campaña.

Ha pasado más de un mes desde que Tara Reade, antigua empleada de Biden cuando él estaba en el Senado, hiciese pública una alegación de asalto sexual contra el que fuera número dos de Barack Obama. Antes de esta nueva acusación, Reade ya había dicho en 2019 que Biden le había tocado “el cuello y los hombros” cuando trabajó para él entre 1992 y 1993. La acusación de Reade va ahora más lejos. Según su relato, un día que tuvo que llevar una bolsa con ropa de gimnasia al entonces senador, este la empujo contra la pared cuando se la entregaba y tras meter su mano debajo de su falda le introdujo sus dedos en la vagina.

“Me susurraba a la vez que intentaba besarme y me preguntaba si no prefería ir a otro lugar”, declaró Reade en su relato a Associated Press. “Recuerdo querer decirle que parara pero no sé si llegué a decirlo en alto o solo lo pensé. Me quedé paralizada”, explica la mujer, que según informa el diario The New York Times cambió su nombre tras un matrimonio abusivo a finales de los noventa y es madre soltera de una hija. Cuando finalmente Biden la dejó ir, Reade recuerda que en la cara del senador había sorpresa. “Me dijo: ¡Venga, había oído que te gustaba”.

A mediados de este mes, el diario The Washington Post y The New York Times divulgaron extensas investigaciones sobre el supuesto asalto sexual de Biden, algo que ya había hecho antes la publicación digital The Intercept, con la campaña de Biden negando los hechos. En esta ocasión, el candidato demócrata todavía no se ha pronunciado, como sí hizo el año pasado. El escenario es totalmente distinto. Biden es hoy el candidato.

El exvicepresidente manejó la crisis del año pasado con un vídeo de poco más de dos minutos en el que el veterano político declaró con tono de contrición que había recibido el mensaje. “Lo entiendo, lo he entendido”, aseguraba. “Las normas sociales están cambiando. Lo entiendo, y he escuchado lo que esas mujeres están diciendo”, explicaba Biden respecto a las acusaciones de Lucy Flores y Amy Lappos. Flores aseguró que los acercamientos del entonces senador le habían hecho sentirse “incómoda, asqueada y confundida”. “No fue nada sexual”, explicó por su parte Lappos, “pero me agarró por la cabeza y frotó su nariz con la mía”.

Ahora no se trata de si el exvicepresidente es un hombre que no es consciente de la frontera entre lo cortés y el acoso. Reade asegura que en su momento declaró a su supervisor haber sufrido acoso, pero no asalto, y que como consecuencia de su queja fue relegada a un segundo lugar en su trabajo hasta que acabó por dejarlo. Según entrevistas mantenidas tanto con la agencia Associated Press como con The New York Times, Reade no fue clara a la hora de aportar el nombre del responsable al que se quejó y que le aconsejó que pasara página. Antiguos colaboradores de Biden no recuerdan haber manejado en ningún momento tal acusación contra el exsenador.

La campaña de Biden niega las acusaciones

“Nunca vi nada, oí nada o recibí ninguna queja de conducta inapropiada, ni de la señora Reade ni de nadie”, aseguró a AP Marianne Baker, ex asistente ejecutiva de Biden. Reade no recuerda si alguien presenció lo sucedido dentro del Capitolio pero varias personas sí rememoran que les contó lo acontecido en 1993. Un amigo que ha querido mantenerse en el anonimato y el hermano de Reade han declarado este mes a diferentes medios de comunicación que ella les contó lo sucedido en su momento.

Esta semana, dos nuevas personas han declarado haber mantenido conversaciones con Reade sobre el asalto. Se trata de Lynda LaCasse, vecina de Reade a mediados de los noventa, y de Lorraine Sanchez, que trabajó con Reade entre 1994 y 1996. Según Sanchez, Reade le dijo que había sufrido abuso sexual por parte de “su antiguo jefe mientras estaba en Washington” y que como consecuencia de haberlo contado había sido “despedida”. Sanchez no recuerda si Reade mencionó específicamente el nombre de Biden.

La queja que Reade asegura que presentó cuando sucedieron los hechos no ha podido ser localizada por los medios de comunicación investigando la historia. Reade cree que puede estar guardada con los archivos del senador en la Universidad de Delaware, y estos no serán públicos hasta dos años después de que Biden se retire de la vida pública y política. A principios de este mes, Reade presentó una denuncia en la policía del Distrito de Columbia en la que asegura que fue atacada en 1993, sin nombrar a Biden, como una manera de protegerse de las amenazas que está recibiendo.

La propia Reade ha querido salir al paso antes que nadie y explicar por qué ahora hace público algo que, según ella, pasó hace más de un cuarto de siglo. Primero, Reade asegura que su motivación no es política, a pesar de que ella apoyó a Elizabeth Warren y Bernie Sanders. Segundo, Reade declara que durante el periodo en el que Biden fue vicepresidente mantuvo silencio porque entonces su hija era una adolescente y porque le gustaba Obama. Y tercero: el mundo era muy distinto antes de la época del #MeToo.

Reade quiere que Biden se pronuncie. Y quiere que a ella se la escuche de manera “justa y objetiva”, según declaraciones al medio online Insider. Esto último no ha sucedido, según la implicada. Y Biden mantiene silencio. Solo se ha pronunciado su equipo de campaña.

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