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Un test para anticipar el riesgo de muerte aun sin síntomas

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En apenas unos minutos, con decenas de pacientes esperando y sin apenas herramientas. La manera en la que se pasa consulta en los países en desarrollo no tiene nada que ver con el médico de cabecera de uno rico. En un instante el equipo sanitario tiene que decidir si un niño aguanta, tiene que ir al hospital, o mejorará con un tratamiento. El doctor Kevin Kain lleva casi toda una vida convencido de que es posible detectar con un solo test qué enfermos avanzan más rápido que otros hacia la muerte, incluso aunque en ese momento no presenten síntomas.

Y la verdad es que está a un paso de conseguir que llegue a quien más lo necesita. Tiene de su lado al investigador del Instituto de Salud Global de Barcelona Quique Bassat. “Nuestro laboratorio está especializado en infecciones potencialmente letales. Básicamente: si algo te mata, estamos interesados en ello”, se presentó Kain, director del McLaughlin-Rotman Center for Global Health (Universidad de Toronto), en el Foro Mundial de Neumonía celebrado el pasado enero en Barcelona. Bassat apunta que, aunque no sea una herramienta pensada para una crisis como la que se está viviendo ahora con el coronavirus, “teóricamente” podría ser útil incluso en estos casos.

He aquí el problema: no existe una herramienta precisa para diagnosticar la neumonía, la enfermedad que mata a más niños en todo el mundo. Es fácil confundirla con otras patologías, como la bronquitis, incluso en un país desarrollado. “Ni siquiera los rayos X la muestran el 100% de los casos, y además es una prueba que no está disponible en muchos lugares”, señala Katherine O’Brien, directora del departamento de Inmunización de la OMS. Cada 39 segundos muere un niño menor de cinco años de esta enfermedad prevenible con vacuna y curable en la mayoría de los casos. En total, 800.000 decesos que se podrían evitar al año.

Y esta es la solución que proponen, entre otros, Kain y Bassat: medir unas proteínas en la sangre (biomarcadores) para identificar si el paciente reúne en su organismo una serie de condiciones que le harán ponerse grave a corto plazo. Esta prueba se lleva a cabo con una pequeña muestra de sangre. Bassat lo detalla con una clase exprés de medicina. “El endotelio es la capa que recubre todos los vasos sanguíneos del cuerpo. Si esa capa no está íntegra deja pasar cosas entre la sangre y las células. Cuando esto sucede, es cuando se dan los síntomas graves. Que no esté íntegra es un denominador común de muchas enfermedades: ébola, malaria, neumonía… El cuerpo puede reaccionar así ante la entrada de cualquier bicho (microorganismo), aunque todavía no se haya manifestado”.

Estamos en contacto con fabricantes para crear un mecanismo de detección que se pueda utilizar en cualquier circunstancia. Uno que funcione como un test de embarazo

Hay unos 100.000 kilómetros de endotelio en el cuerpo humano y su debilidad es un claro indicador de que un paciente va a estar grave, aunque a simple vista no tenga síntomas. “La máquina que mide esto ya existe, pero es muy cara, necesita agua, electricidad constante… Nosotros estamos en contacto con fabricantes para crear otro mecanismo que se pueda utilizar en cualquier circunstancia. Uno que funcione como un test de embarazo”, resume Bassat. El sistema mide la gravedad como un semáforo: si el resultado sale rojo, hay que derivar al pequeño rápidamente al hospital o a urgencias, si ya está en un centro médico. Kain recordó en su charla en el Foro de Neumonía citado que solo el 60% de los pequeños llega a ver a un especialista.

El equipo del doctor Kain probó esta teoría en Jinja (Uganda). Allí examinó a 827 niños con el sistema que se usa ahora y que incluye, por ejemplo, medir el número de respiraciones por minuto, y el que usa los biomarcadores del endotelio. Y observaron que este segundo camino era más efectivo a la hora de saber cuántas posibilidades tenía el paciente de enfermar de gravedad. Y, por tanto, de darle un tratamiento que evite la muerte. Porque también existe un medicamento que revierte esta debilidad del endotelio.

El trabajo de campo de Bassat confirma la misma línea: es más importante saber lo cerca que está la muerte que identificar si una enfermedad tiene un origen vírico o bacteriano. El investigador estudia en Mozambique de qué muere la gente y una de sus conclusiones, es que no existe solo un motivo. “Cuando miras dentro de un cuerpo encuentras de todo. Los que se mueren tienen coexistencia de muchos microorganismos diferentes, o bien complicaciones secundarias”, apunta. Por eso, completa el pediatra, no se imagina un futuro en el que exista una prueba para cada enfermedad, como ocurre ahora con la malaria, que cuenta con un test rápido propio. “Es más útil saber qué paciente va a evolucionar peor, porque en ese caso específico si podremos concentrar los pocos recursos disponibles”, sentencia.

Las herramientas que se usan hoy

Saber cómo va a evolucionar un paciente es fundamental en un contexto como el de la África rural, por ejemplo. Miriam Alía es enfermera y referente de vacunación en Médicos Sin Fronteras. Es difícil encontrar una crisis humanitaria en la que no haya trabajado esta profesional sanitaria. “Los padres de un niño necesitan saber si merece la pena hacer un viajazo hasta un hospital porque tienen que recorrer kilómetros hasta llegar al más cercano y, dependiendo de la zona, incluso pasar check points, negociar con grupos armados…”, señala. Esto mismo opina O’Brien, de la OMS: “He estado estudiando la atención a niños con neumonía en hospitales suecos y los médicos no se preocupan por medir las respiraciones, porque es más fácil decir a la familia que regrese si el niño se pone peor y entonces tratarlo. Eso no se le puede decir a un padre en África”.

La enfermera Miriam Alía muestra el collar que ayuda a los trabajadores comunitarios a saber si un niño está grave.La enfermera Miriam Alía muestra el collar que ayuda a los trabajadores comunitarios a saber si un niño está grave. Gianluca Batista

Alía describe algunas de las herramientas que ayudan hoy por hoy a trabajadores comunitarios o enfermeros rurales a responder a los padres africanos a la pregunta de si su hijo necesita ir al hospital. “Usamos un algoritmo en dispositivos móviles, que también se puede usar en papel allí donde no hay otra opción. El sistema va haciendo preguntas al trabajador con lo que va descartando dolencias. ¿Tiene fiebre? ¿Cómo es la tos? Dependiendo de las respuestas, el mecanismo acaba indicando qué enfermedad podría ser; a veces da dos respuestas”, explica.

Otra herramienta es un collar de colores, estilo rosario, con el que se cuentan las respiraciones del niño durante un minuto, si llega a la parte que está roja, es un paciente grave. En algunos casos también existen dispositivos electrónicos que realizan esta misma labor. “¿Es un sistema diagnostico? No. Es una ayuda para quien no tiene formación médica”, puntualiza. Hay que recordar que las personas que atienden a la mayoría de los niños en el África rural son miembros de la comunidad sin educación especializada, pero a los que se forma durante un tiempo para prestar atención básica.

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