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Un consuelo (y varios consejos) para quien nunca consigue tener éxito y siempre es por su culpa

Imagina que llevas meses esperando cambiar tu contrato de sustitución por uno más estable cuando un compañero anuncia que se marcha. Reúnes fuerzas y te diriges al despacho del jefe, te dice que pases y, presa de la ansiedad, golpeas con los nudillos en la puerta mientras insistes con un torpe ‘¿se puede?’. Él, con cara de extrañeza, repite que sí. Entras, te sientas y no sueltas más que balbuceos inconexos… casi que ni tu contrato de sustitución está garantizado cuando sales del despacho. Y no es la primera vez que te sucede algo así. ¿Por qué siempre tropiezas cuando el objetivo está al alca…

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