Internacional

Turquía condena a 125 años de prisión a los responsables de la muerte del niño Alan Kurdi

Abdulá Kurdi muestra una fotografía de sus hijos, Alan y Ghalib, muertos en el hundimiento de la barca en que viajaban el 2 de septiembre de 2015, durante una entrevista con Reuters en Erbil (Irak) el pasado febrero.Abdulá Kurdi muestra una fotografía de sus hijos, Alan y Ghalib, muertos en el hundimiento de la barca en que viajaban el 2 de septiembre de 2015, durante una entrevista con Reuters en Erbil (Irak) el pasado febrero.AZAD LASHKARI (Reuters)

Cuatro años y medio después de que la fotografía del niño sirio Alan Kurdi yaciendo sin vida sobre una playa turca diese la vuelta al mundo, los considerados responsables de su muerte han sido detenidos y condenados. Tres hombres turcos ―solo identificados públicamente como Cebrail E., Ecevit Bülent G. y Ali Can S.― fueron capturados la pasada semana por agentes de policía en el municipio de Karatas, en la provincia de Adana (sur de Turquía), tras años fugados de las autoridades, y se les impusieron penas de 125 años de cárcel a cada uno.

El 2 de septiembre de 2015, en plena crisis de los refugiados, un bote hinchable en el que viajaban 16 personas de varias familias sirias e iraquíes se hundió cuando trataba de llegar de la península turca de Bodrum a la isla griega de Kos. Murieron cinco de los ocupantes: Alan Kurdi, de dos años, su hermano Ghalib, de cinco años, la madre de ambos, Rihanna, y otros dos niños, Haidar y Zainab Hadi, de nueve y 11 años. La investigación sobre los hechos se inició de inmediato y dos individuos de nacionalidad siria, Muwafaka Alabash y Asem Alfrhad fueron detenidos. Medio año después, un tribunal de Bodrum los condenó a cuatro años y dos meses de cárcel a cada uno por “tráfico ilegal de personas”, aunque los absolvió de la responsabilidad de las muertes ya que se trataba de meros intermediarios. Quedaba encontrar a los responsables de la organización mafiosa encargada de preparar el cruce ilegal a Europa.

Los nombres de los tres turcos recientemente capturados ya habían aparecido en los procedimientos del tribunal que investigó el naufragio, pero se les tuvo que juzgar en rebeldía (ausencia) ya que se hallaban huidos de la justicia. Hasta que cayeron en manos de los agentes la pasada semana en una localidad de Adana a 900 kilómetros de donde ocurrieron los hechos. Los acusados fueron inmediatamente puestos a disposición judicial a través de un sistema telemático mediante el que el propio tribunal de Bodrum les impuso las penas ya decididas anteriormente en el proceso principal.

Abdulá Kurdi, el padre de Alan y Ghalib, explicó que antes del 2 de septiembre había intentado en dos ocasiones cruzar a Grecia sin éxito y que el día del fatídico viaje el motor falló y, al intentar arreglarlo, el bote se desestabilizó y volcó debido a las fuertes olas. “Todo estaba oscuro y todo el mundo gritaba, no podía escuchar las voces de mis hijos ni de mi esposa”, relató al día siguiente, tras haber nadado de vuelta hasta la orilla del lado turco a la que también llegó el cuerpo de su hijo Alan.

Otros de los ocupantes de la barca ―de nacionalidad iraquí― lo acusaron de ser el “capitán”, si bien es cierto que habitualmente los traficantes encargan a los propios migrantes el manejo de la embarcación para evitar ser arrestados en caso de caer en manos de las autoridades. En Turquía, las redes de tráfico de personas normalmente funcionan a varios niveles, encargándose los más bajos del contacto con los refugiados y migrantes ―los captadores suelen ser de la misma nacionalidad o hablar la misma lengua que sus eventuales clientes―, mientras que los niveles más altos los suelen ocupar personas de nacionalidad turca que gestionan la organización a distancia y se encargan de mantener a las autoridades lejos de sus negocios mediante sobornos.

La foto del cadáver de Alan Kurdi provocó una reacción mundial y, por ejemplo, el Gobierno de canadiense garantizó unas 25.000 solicitudes de asilo a quienes huían de Siria. Antes de la tragedia, la tía de Alan Kurdi, Tima, residente en Vancouver, había intentado llevar a sus hermanos a Canadá, pero todos los trámites fueron en vano. “Todos hemos vuelto a revivir aquel día trágico después de esta noticia. De hecho, mi hermano reconoció en las fotos de los arrestados a uno de los traficantes con los que había tratado”, explica Tima Kurdi por teléfono: “Estas condenas no nos van a devolver a mis sobrinos ni a mi cuñada, pero espero que sirvan de llamada de atención para que los refugiados no sigan poniendo sus vidas en manos de estos traficantes. La solución no es jugarse la vida en el mar, sino terminar con la guerra en Siria, y que todo el mundo se ponga en nuestra piel, la de los refugiados, que sepa que somos personas como cualquier otra”.

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