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Traumas y estrés en un ambiente extraño: la gestión emocional se convierte en uno de los grandes desafíos de la vuelta a clase

Laura tiene casi cuatro años y, aunque ya está acostumbrada a que todos lleven la mascarilla, no le gusta nada esta nueva escuela. Dice que no entiende bien “si su profesora está contenta o está enfadada”. La psicóloga Elena Domínguez explica que los niños más pequeños, para comprender lo que ocurre a su alrededor y reaccionar, necesitan normalmente leer el rostro de los adultos. “Entienden el mundo con la gestualidad, son expertos en leer las emociones en la cara. Pero ahora llegan a un contexto nuevo y sus referentes, eso que les da seguridad, está a medias”, explica esta experta que cree que las clases de educación emocional en las escuelas para los alumnos (y también para los docentes) son más necesarias que nunca en las actuales circunstancias de pandemia. “Porque los docentes preocupados no enseñan y los niños preocupados no aprenden”.

La falta de referencias visuales, como en el caso de Laura, es el menor de los problemas que las escuelas están recibiendo estos días. Las profesoras hablan de estudiantes que han perdido a sus padres, abuelos, o tíos, de pequeños aterrados y con culpa por la posibilidad de contagiar a los suyos y de niveles de estrés desmesurados. “Tengo alumnos traumatizados que vivieron el confinamiento hacinados; seis personas en una habitación. Otros están angustiados porque sus padres no tienen trabajo. Algunos han pasado hambre e, incluso, hay niñas y niños que son víctimas de abusos o maltrato y que perdieron su vía de escape con el cierre de las aulas”, explica una maestra madrileña que prefiere no dar su nombre para proteger a sus estudiantes. Uno de cada cuatro niños padeció ansiedad por el confinamiento, según un informe publicado el pasado mayo por la ONG Save the Children a partir de encuestas a 6.000 menores de países como España, Alemania o Reino Unido.

Desde las Administraciones y los centros educativos, desbordados por la gestión de esta excepcionalidad, no siempre han previsto los recursos necesarios para brindarles la bienvenida emocional y los espacios de escucha que requieren los alumnos, los docentes y las familias. Sonia Gil es una madre “aterrada” por la vuelta al colegio. Su hijo padece fibrosis quística y teme que se contagie de covid. “El cole lo ha puesto todo de su parte, pero quien debe garantizar la seguridad es la consejería de educación, y no lo está haciendo, se gastan dinerales en publicidad y se lo ahorran en contratar profesores. Yo trato de calmarme y calmar a mi hijo, pero vamos con miedo”, explica esta madre madrileña.

En algunas escuelas, los responsables lo ponen todo de su parte para compensarlo. La especialista en educación emocional y antropóloga Pax Dettoni trabaja con varios centros educativos en Madrid con el programa En sus Zapatos de la Asociación Teatro de Conciencia. “Formamos a docentes y a familias para que se acostumbren a vivir en la incertidumbre y confiar en que, pase lo que pase, encontrarán el camino ellos y los alumnos. Y es fundamental trabajar con los adultos, porque lo que vean y escuchen los estudiantes les condicionará”, apunta. Y señala como debería ser, siempre, la bienvenida en la escuela: “Con alegría, una gran sonrisa con los ojos y cargados de paciencia: hay que acompañarles, ser más tolerantes y menos exigentes y valorar sus logros en esta situación tan amorfa”, propone la antropóloga.

El colegio público La Alhóndiga de Getafe ha formado al 90% de sus docentes con el programa de Dettoni: “Trabajamos la empatía y la alfabetización emocional con el teatro. Hemos dedicado la primera semana a la bienvenida emocional y mantendremos la iniciativa todo el curso en las tutorías”, explica el director del colegio, Rafael Almazán. “Los niños están más serenos, más seguros, se tranquilizan, verbalizan lo que les agobia… Y yo también estoy más serena y paciente”, explica Carmen Fernández, madre de dos alumnos del centro.

En el colegio público Ponent de Terrasa (Barcelona), los docentes llevan más de 10 años gestionando sus aulas emocionalmente. Tienen un plan de acción similar con las familias y alumnos. “Hemos tenido la reunión con los padres antes del regreso a clase para que los niños volvieran con confianza. Era importante escucharles y explicarles que haremos todo para que salga bien”, explica la profesora del centro Sonia López. Además, los docentes hacen cada curso un traspaso emocional de sus alumnos. “Nos ponemos al día de las situaciones socioeconómicas o familiares que puedan afectar a su desarrollo escolar, de los bloqueos y de sus puntos fuertes para potenciarlos”, explica. Y, desde el día 14, una vez incorporados los estudiantes, se dedica un espacio en las clases para el abordaje emocional. “Un día son 10 minutos, otro una hora; lo que sea necesario para seguir avanzando”, añade la docente catalana.

“Este curso se van a encontrar con una nueva escuela, en la que solo se van a relacionar con su grupo, donde no van a poder interactuar con otros en el recreo, y donde no van a poder llevar ni compartir juguetes. A eso se suma el uso de las mascarillas y hay que asegurarse de que todo eso no suponga una dificultad en su desarrollo”, explica, por su parte, Eva Solaz, profesora de primaria del colegio Doctor Barcia Gollanes, en Valencia. Solaz es creadora e impulsora del proyecto RETO (Responsabilidad, Empatía y Tolerancia), al que ya se han sumado más más de una treintena de escuelas e institutos de diferentes autonomías. El objetivo del programa, al que se puede destinar una hora a la semana, es que los alumnos trabajen la resolución de conflictos, la relajación y que se entrenen en las habilidades sociales. El kit creado por esta docente contiene materiales digitales y recursos en papel para colocar por las paredes de los centros con ilustraciones sobre las nuevas formas de saludar en tiempo de covid, recomendaciones para mantener un estado emocional positivo o instrucciones para hacer meditaciones y juegos. “La idea es que esta filosofía impregne el centro, y cada mañana al entrar hagan respiraciones”, cuenta Solaz, que puso en marcha el proyecto hace tres años y ha recibido más de 40 peticiones de información de centros públicos en los meses de verano.

Asignaturas

Algunos colegios, además, han incorporado los contenidos emocionales como asignatura propia. En el centro concertado Calasanz de Madrid, parte también de la red de Dettoni, crearon el año pasado una materia optativa en tercero y cuarto de secundaria llamada Respeto y Tolerancia. “Dotamos de un espacio lectivo a la educación emocional, aunque la tengamos de forma transversal también, garantizamos así que esté y será clave en este retorno tan complejo a las aulas”, explica María Elecsia Ruiz, profesora de Lengua de secundaria y responsable de convivencia en el centro. Además, los alumnos pueden recurrir a la orientadora durante los recreos.

También en los colegios privados SEK llevan desde marzo fomentando el bienestar emocional de su comunidad. Sus más de 5.500 alumnos en nueve colegios en España, Irlanda, Francia y Doha cuentan con un equipo de cinco orientadores en cada centro. Durante la cuarentena, acompañaron a su comunidad escolar con un plan de acción emocional y crearon en junio un protocolo de bienvenida afectiva. La primera semana de septiembre encuestaron a todas las familias y alumnos para evaluar su estado emocional, después celebraron reuniones con los padres antes de la vuelta al cole y luego crearon espacios de expresión en las aulas para los alumnos donde priorizar la acogida. “Tenemos que aportar la máxima claridad. Y conocer los planes establecidos en los distintos supuestos calmó a los padres”, apunta Sofía Gigliani, una de las orientadoras.

La Fundación Botín ha implantado en casi medio millar de colegios de España, Uruguay, Chile y México el programa de Educación Responsable. Javier García Cañete, director del proyecto, aclara que, además del seguimiento que realizaron durante el confinamiento para una mejor expresión emocional, han reforzado los programas para garantizar la acogida emocional de los 120.000 estudiantes que participan en el programa. “Les formamos para que la escuela sea el lugar donde recuperar la normalidad, expresarse y jugar”, añade.

En Uruguay y Chile, donde se abrieron las escuelas hace ya tiempo, la Fundación Botín pudo testar las carencias emocionales con las que llegaban los estudiantes y eso ha permitido anticiparse en las escuelas españolas: “Hemos reforzado las habilidades de interacción y sociales. Los alumnos se habían olvidado de convivir, bajar la voz, pedir el turno, respetar a los demás. Estar en casa tanto tiempo les ha pasado factura en sus habilidades sociales y hay que recuperarlas”, concluye García Cañete.

El cuidado de los maestros

La psicóloga Elena Domínguez cree que los docentes también deben cuidarse. “Tienen que dedicarse esos cinco minutos que antes destinaban al aplauso de los sanitarios para respirar con calma”, dice. Pero el nivel de estrés y el bloqueo es inaudito. “No es raro que una compañera rompa a llorar en el claustro. Por eso, este curso será el de los cuidados para todos. Y a lo académico ya llegaremos cuando podamos, si es que podemos”, defiende la profesora Sonia López.

En su centro, el Ponent de Terrassa, para garantizar los grupos burbuja y la reducción de ratios han convertido en tutores a todos los especialistas y desdoblado todos los cursos: de ser un centro con dos clases por curso de 26 alumnos en sexto, han pasado a tener tres clases de 18. Cada grupo tendrá solo un profesor de referencia que dará todas las especialidades. “Es un esfuerzo extra, pero era lo más seguro para aguantar con la escuela abierta y nos estamos apoyando, compartiendo materiales, manteniendo el equilibrio en nuestro ecosistema escolar. Lo haremos lo mejor que podamos con lo que tenemos”, explica Sonia.

Con información de Ana Torres Menárguez

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