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Traición, declive y prisión, la última década de Ronaldinho

Desde su última temporada en Europa, Ronaldinho Gaúcho vive el ocaso de su carrera, pero nunca había perdido el aura de ídolo que siempre le ha rodeado, incluso tras su encarcelamiento por sospecha de adulteración de pasaportes en Paraguay, donde fue agasajado por admiradores, autoridades y agentes de policía. Esta detención es el episodio más oscuro en una década de altibajos en la agitada vida social del genio (39 años) que marcó una época en el Barcelona.

Cuando cerró su etapa en el Milan y anunció que volvería a jugar en Brasil, en 2011, una sensación casi unánime señalaba como destino al club que lo dio a conocer. “Me gusta tanto el Gremio que, si fuese siempre así, con el estadio lleno y la afición animando, jugaría gratis. Lo que cuenta es el amor a los colores”, prometió en 1999, nada más proclamarse campeón del Campeonato Gaucho. Sin embargo, las declaraciones de amor eterno se convirtieron en un sentimiento de traición para la hinchada gremista después de que su ídolo firmara por el Flamengo a su regreso al país, a pesar de que ya había negociaciones avanzadas con el club de Porto Alegre. La afición que lo vio nacer futbolísticamente jamás le perdonó. Hasta hoy, el club tricolor trata tanto a él como a su hermano, Roberto de Assis Moreira, también exfutbolista profesional, como a traidores.

Assis, además del lazo familiar, asumió la función de representante de su hermano pequeño cuando colgó las botas, en 2002. Siempre desempeñó un papel paternal durante la trayectoria de Ronaldinho, que tenía ocho años cuando perdió a su padre. Fue él quien prefirió el Flamengo en lugar del Gremio para el regreso del astro a Brasil. Su paso por Río de Janeiro estuvo marcado por un título del Campeonato Carioca y, principalmente, por las continuas fiestas que organizaba en su mansión. Molesto por los retrasos en sus nóminas, Assis rompió el contrato del Flamengo con su hermano, que acabó fichando por el Atlético Mineiro. Allí, el 10 se convirtió en un ídolo al conducir al equipo al subcampeonato brasileño y a la inédita conquista de la Copa Libertadores, en 2013, año en el que disputó su último partido con la selección brasileña.

Ya en decadencia física, Ronaldinho rescindió su contrato con el Atlético y decidió aceptar la propuesta del desconocido Querétaro, de México, pero su periplo azteca duró solo una temporada. En 2015 regresó al fútbol brasileño, esta vez para defender al Fluminense. A esas alturas, suplente y molesto por los silbidos de la afición, ya no disfrutaba jugando. Solo lució la camiseta del tricolor carioca en nueve ocasiones y no marcó ningún gol. Posteriormente estuvo dos años sin disputar ningún encuentro profesional y, en consecuencia, su hermano Roberto anunció la despedida de los terrenos de juego sin alardes. “Novias no le faltan, pero ha decidido dejarlo”, dijo Assis, cuya voluntad era que Ronaldinho continuara jugando e intentó sin éxito que cambiase de idea.

Exhibiciones, música y episodios turbios

Desde entonces, las apariciones públicas del icono, a las que los aficionados brasileños llaman “quedadas random”, se han vuelto tan folclóricas como inusitadas. Empezó a participar en partidos de exhibición, como torneos de fútbol sala en la India, y a protagonizar los más variopintos actos publicitarios, desde un reality show en los Emiratos Árabes a una película con Mike Tyson. También se aventuró en el mundo de la música, su otra gran pasión, como ya demostró durante su etapa en el Barcelona. Entre su extenso repertorio de grabaciones, destacan Professor da malandragem (que vendría a ser profesor de pillería) y Garra, una canción de protesta contra la corrupción.

Los fracasos de los negocios del exjugador, dirigidos por Assis, empezaron a dar dolores de cabeza a la familia. En 2015, su hermano y él fueron condenados a pagar una multa de 8,5 millones de reales (1,57 millones de euros) por unas construcciones irregulares en áreas de preservación ambiental. Sin éxito en su intento de obtener el pago de las infracciones, la Justicia determinó la retirada de los pasaportes de ambos a finales de 2018, lo que complicó la agenda del exjugador de compromisos en el extranjero. En febrero, Ronaldinho se tuvo que enfrentar a otro proceso, esta vez acusado de formar parte de una estafa piramidal relacionada con criptomonedas.

El mismo año que le retiraron su pasaporte, Ronaldinho se afilió a un partido conservador brasileño llamado Republicanos y declaró su apoyo a la candidatura del ahora presidente Jair Bolsonaro. Pero Assis siempre negó su intención de introducir al exfutbolista en la política, aunque en 2019 el Gobierno de Bolsonaro le nombró embajador de Turismo. El próximo día 21, la estrella cumplirá 40 años. Dependiendo de la marcha de las investigaciones en Asunción, puede que tenga que pasar su cumpleaños entre rejas. Mientras tanto, siempre le quedará el fútbol. Los reclusos se lo rifan para que juegue en su equipo y, cómo no, tuvo un estreno triunfador: ganó 11-2 en su primer partido, y marcó cinco goles y repartió seis asistencias. Él y sus compañeros se adjudicaron además un lechón de 15 kilos. Los vídeos dando taconazos y metiendo goles ya circulan en la Red. Entre barrotes, Dinho sigue siendo Ronaldinho.

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