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Tormenta total sobre el PSG

Neymar marca de penalti al Olumpique de Lyón.Neymar marca de penalti al Olumpique de Lyón.Benoit Tessier / Reuters

Los deslumbrantes cimientos financieros que han permitido al Paris Saint Germain asomarse a la mesa de la vieja nobleza europea del fútbol en la última década registraron el martes una notable sacudida procedente de dos frentes casi simultáneos. Al comenzar la tarde, el primer ministro francés, Édouard Philippe, mientras desgranaba en la Asamblea Nacional el plan de su desescalada, dio por terminada la liga francesa. Poco después trascendió que la justicia suiza había fijado para el 14 de septiembre el juicio a su presidente, Nasser Al Khelaifi, también presidente de beIN, en un caso de adjudicación de derechos televisivos. Lo primero supone un agujero de unos 200 millones de euros, alrededor de un tercio del presupuesto del club. Lo segundo señala judicialmente al hombre de confianza del emir de Qatar al frente de una de las principales operaciones deportivas del país, cuyos fondos impulsaron al club desde 2011. La tormenta total.

Las embestidas provocaron la confusión del personal administrativo del PSG, diseminado en el confinamiento de sus domicilios, algunos en excedencia inducida por el club, el equivalente a un ERTE. Mientras se trataba de descifrar el alcance del anuncio del primer ministro, se trabajaba en un comunicado sobre el destino procesal de Al Khelaifi. No veían claro que Philippe tuviera potestad para dar por acabado el curso, pese a que lo mencionó de manera explícita; pensaban que sus explicaciones no excluían competir a puerta cerrada; y luego la ministra de Deportes añadió dudas cuando intentó aclararlo.

Entonces salieron dos mensajes desde el círculo del presidente. Por un lado, un texto sobre el procedimiento judicial suizo, que anunciaba el contraataque: una demanda por revelación de secretos y la recusación del fiscal. Por otro, unas declaraciones del presidente en las que aseguraba que el PSG se proponía seguir disputando la Champions con independencia de lo que sucediera con la Ligue 1. Aunque tuvieran que jugar fuera de Francia, aunque debieran entrenar cuatro semanas también en otro país, aunque llegaran a los cuartos, que la UEFA prevé para agosto, tras más de cuatro meses sin competir.

El día en el que le señalaban el banquillo de los acusados, sus únicas palabras públicas apuntaban a su vieja obsesión europea, fuente de tantas frustraciones. También en ese ámbito la aparición del coronavirus tuvo una puntería desdichada. Después de tres dolorosas eliminaciones consecutivas en octavos, el PSG remontó el 11 de marzo la eliminatoria contra el Borussia Dortmund en un Parque de los Príncipes vaciado por la pandemia. Al acabar, cientos de aficionados festejaban fuera del estadio mientras los jugadores se asomaban a las cornisas sobre ellos. La distancia social de la última alegría. Cinco días después el presidente francés, Emmanuel Macron, decretó el confinamiento y todo quedó en suspenso.

El brusco frenazo a ese chute emocional dejó también en el aire los planes para retomar el programa con el que el club quería celebrar el 50 aniversario de su fundación en 1970. La incertidumbre de la pandemia señaló también la gran tensión en la que vive el club con los jugadores mejor pagados de Francia. Mientras la Juventus, el Barcelona y el Real Madrid anunciaban acuerdos para rebajar el salario de sus futbolistas, ese pacto se le resistía a Al Khelaifi que, ante el bloqueo y con la estabilidad comprometida, la semana pasada les reclamó públicamente “un gesto” en una entrevista en RMC. Aún nada.

La tormenta del martes ha zarandeado incluso a Neymar, que supo del final de la liga en el refugio de su mansión de Río, donde observa desde una mullida distancia el desarrollo de la pandemia. “Es una pena, confiábamos en volver a jugar. El gobierno francés se ha precipitado”, se quejó su padre. Neymar vive ajeno al contexto, pero el contexto ha arrasado sus planes en las últimas horas. En N&N, la empresa de los Neymar, tenían dividida la carrera del futbolista en dos etapas: la primera, hasta los 30 años y la segunda, hasta los 40. Tiene 28, contrato en París hasta 2022, y tras su intento de salida frustrado el último verano, según fuentes de su entorno, se disponía a buscar el último gran contrato de su carrera, que mejorara los ingresos de 96 millones anuales que le atribuye Forbes.

El verano pasado Marquinhos se encaró a su amigo en el gimnasio de la ciudad deportiva: “Tenemos una apuesta de que te quedas”, le dijo. Manejaba entonces el cortejo de Messi y Suárez en el histórico grupo de WhatsApp que comparten, Los tres sudacas, la escenificación de la directiva culé y creía contar con el plan B del Madrid. Pese a todo, y sin la tormenta total que zarandea al PSG ahora que esperaba encarar el tramo dorado de su 50 cumpleaños, Marquinhos ganó la apuesta.

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