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Todos aman a Camilo, la estrella del reggaeton que nunca canta sobre sexo: “Sería ridículo que me disfrazase de irreverente”

Si alguien a estas alturas aún no conoce a Camilo y desea hacerse una idea rápida de su filiación, que piense en Maluma: es la antítesis. Risueño, cero polémico, felizmente casado, vestido con ropa hippy en lugar de camisas de Gucci y luciendo un bigote daliniano en lugar de los reglamentarios abdominales y tatuajes. La nueva estrella de la música urbana latina despierta unánime aprobación entre jóvenes, niños y mayores. Parece difícil despuntar entre la actual marabunta de reguetoneros, pero él lo ha conseguido con una música amable que celebra la felicidad de las pequeñas cosas. “Yo no tengo pa’ abrirte champaña, pero sí cervecita en la playa; aunque es poco lo que yo te ofrezco, con orgullo, todo lo que tengo es tuyo”, descerraja en el single que inunda las radios, Vida de rico; uno de los cinco que figuran actualmente entre los 50 más vendidos en España.

“Creo que mi oficio consiste en señalar pequeños detalles que están ahí”, explica a ICON con modestia. “Por eso la gente ha conectado con mi música: porque señalo cosas que forman parte de la vida cotidiana. Esa simplicidad hace que la gente se identifique. La vida cotidiana tiene más carne cinematográfica que cualquier película de Tarantino”.

El éxito de Camilo ha discurrido paralelamente a la pandemia: en medio del desasosiego, personas de todas las edades encontraron en sus canciones un reducto de alegría; descubrían en ellas a un tipo que, en ese clima adverso, era feliz. La gente deseaba contagiarse de felicidad. Esa dicha proviene de un hecho más singular incluso que su escultórico mostacho: sus temas narran su historia de amor con Evaluna Montaner, actriz y cantante venezolana, con quien contrajo matrimonio en febrero de 2020. El vídeo de Por primera vez(la canción que da título a su primer álbum) es, tal cual, el vídeo de la boda (acumula 340 millones de reproducciones en YouTube). Evaluna es protagonista de otros de sus clips, lo que la convierte, a ojos y oídos de la audiencia, en destinataria de sus amorosos versos.

Asegura que nunca sintió pudor por mostrarse tan abierto. “Cuando empecé, todo el mundo me aconsejaba: ‘Separa, levanta un muro gigante entre tu vida personal y tu vida artística”, nos dice desde Bogotá, donde ha viajado a acompañar a su esposa, enfrascada en el rodaje de una serie. “Pero había algo en ese consejo que no hacía clic con mi corazón. No digo que esté mal, pero en mi ejercicio creativo hay como una tuerca floja que me impide esconder. Me parece más interesante lo que estoy viviendo que lo que pueda imaginar. Me pasa también que hay un capricho personal de querer inmortalizar ciertos momentos… Cuando veo el vídeo de Por primera vez, pienso: ‘¡Qué privilegio que ese día tan especial forme parte de mi carrera artística! Me parece el álbum de fotos más precioso que he podido hacer en mi vida. Es una inversión en la memoria, por egoísmo, y porque la creatividad me lleva a ese lado por inercia”.

“No podría fingir ser una cosa que no soy”, prosigue. “Soy la misma persona desayunando una taza de café que sacando una canción. Sería tan ridículo tratando de ser irreverente como un artista naturalmente irreverente tratando de disfrazarse de una cosa más limpia”. Aun así, no desaprueba propuestas más atrevidas de otros correligionarios: “Me encantan muchos artistas que tienen canciones superdiferentes a las mías: las celebro, las bailo con mi esposa. Pero a la hora de escribir debo ser yo, no quien yo creo que debo ser”.

“Es de esa gente que tiene un aura especial”, lo define José María Barbat, presidente de Sony Music, la discográfica de Camilo en España. “Es un chico profundamente cristiano, con unos valores familiares y personales muy hondos. Muy trabajador y muy amante de la música. Le canta al amor de una manera que hoy en día no es habitual. Está todo muy sexualizado, y él por sus convicciones sería incapaz de decir ‘culo’ en una canción. Eso es crucial. Hace música latina limpia”.

El pasado diciembre recibió el premio al Mejor Artista Revelación en la categoría de música latina de LOS40 Music Awards. En su discurso dijo: “Me siento muy orgulloso de formar parte de esta generación que está llevando alegría, esperanza y colores en un momento en que más se necesita”. “Faltaba un artista como Camilo”, afirma Toni Sánchez, director de LOS40. En la emblemática lista de 40 éxitos que publica semanalmente su emisora, Camilo ha sido número uno con Favorito y ha llegado a figurar en el ranking con tres canciones simultáneamente. “Había una saturación tal de artistas urbanos —añade Sánchez—, que cuando aparece uno que no es como el resto, que hace una música más comedida y agradable, en medio de un panorama en el que abundan letras malsonantes, donde todo se lleva al extremo, acaba convenciendo a público de todas las generaciones”.

La segunda clave, para Toni Sánchez, es lo que proyecta su persona, que en el caso de Camilo no puede desligarse de su música. “Tiene ese aire de chico normal —añade—, de músico al que podrías encontrarte tocando en el metro de cualquier ciudad; su forma de vestir no es la de los artistas urbanos latinos, que hacen ostentación de ropa y joyas caras, sino que va con una indumentaria como muy autóctona, y todo eso a la gente le llega. Les gusta su música, que es distinta, y le ven como un tipo amable y sencillo”.

Camilo Echeverry nació en Medellín en 1994. En su memoria hay ecos tanto de la agitación terrorista que sacudió su ciudad en los noventa (“una vez explotó una bomba al fondo de mi calle y la onda expansiva reventó los vidrios”) como de la afición melómana de sus padres: “Tenían grandes cajas de vinilos y casetes grabadas de la radio. Por alguna razón el dial no funcionaba, y solo podía escuchar las cintas que ellos habían grabado”. Los Beatles eran uno de sus grupos de cabecera. A los cinco años se mudó a Montería, en el Caribe colombiano. A los doce, se presentó a un programa de nuevos talentos de la colombiana RCN, lo que le valió para grabar sus primeras mixtapes y ejercer de presentador en un espacio infantil del mismo canal.

Su entrada en España no se produjo por la puerta grande, sino por la de atrás: antes que como cantante, se dio a conocer como compositor. Su primer trabajo fue con Dani Martín, a quien había conocido en casa de Juanes. Camilo y Dani conectaron (“Nos pusimos a escribir y a tomar vino dos horas, y otras seis se nos fueron conversando; nos dimos cuenta de que teníamos muchas cosas en común. Nos hicimos amigos muy rápido”, explica). Seis meses después, Dani le invitó a pasar unos días en su casa de Zahara de los Atunes para componer juntos algunas de las canciones que luego formarían parte de Lo que me dé la gana (2020), el último disco del madrileño.

“Mi primera pisada en España fue en Zahara”, evoca Camilo. “Aún no había salido nada mío en España. Le preguntaba a Dani: ‘¿Crees que aquí la gente va a escuchar mi música?’ Dani respondía: ‘¡La gente va a amar tus canciones!’. Fue uno de los viajes más bonitos de mi vida. Nos levantábamos por la mañana y Dani me hacía pantumaca; nos sentábamos a escribir a las once, mirando la playa, y cuando caía la noche bajábamos a tomar una cerveza a los restaurantes. Yo estaba impresionado del cariño que le mostraba la gente. Obviamente, nadie tenía ni idea de quién era yo”. Poco más de un año después, el panorama había cambiado: “En mi última visita a España estuvimos juntos y cuando salimos a cenar nos pedían fotos a los dos. Nos mirábamos y decíamos: ‘Guau, ¡pasó!”.

El público español le escuchó cantar por primera vez en Tutu, single a dúo con el puertorriqueño Pedro Capó publicado en julio de 2019. Su impacto aquel verano fue tal que Shakira se ofreció para participar en una remezcla del tema (Tutu remix). A lo largo de 2020, una andanada de certeros singles (Favorito, El mismo aire —con Pablo Alborán— , Tattoo —con Rauw Alejandro— o su éxito más reciente, Vida de rico) dejaron claro que Camilo no es un reguetonero más (de hecho, la etiqueta no le sienta bien, pues Vida de rico es una cumbia).

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Por si algo faltaba para completar esa imagen de tierna familiaridad que rodea a Camilo, Evaluna es hija de Ricardo Montaner, legendario cantante y compositor venezolano. Los hermanos de Evaluna, Mauricio y Ricardo, también se dedican a la canción (firman como Mau & Ricky). Como puede imaginarse, las reuniones del clan, del que ahora forma parte Camilo, giran en bucle en torno a la música. “El otro día llamé a Ricky, y no habían pasado quince segundos cuando ya estábamos hablando de canciones, de industria, de la guitarra…”, cuenta el parcero. “Cuando llego a casa de la familia de mi esposa, al primer café ya estamos todos hablando de lo mismo. Si ponemos Netflix… pasa como la última vez, que acabamos viendo un documental de los Bee Gees”.

El hecho de que Camilo haya saboreado las primeras mieles del éxito anclado en tan estable parentesco le ha privado de poder sumergirse en los protocolos de excesos propios de otros cantantes cuando tocan la gloria. Puede decirse que ha tenido buenos maestros para evitar descarrilar. “La historia que se repite es: el éxito, el exceso, la distracción y el abandono”, dice. “Mi suegro tiene una carrera de 40 años y sigue llenando estadios, sacando álbumes que lo petan, y veo que la clave de esa longevidad ha sido siempre el foco, la armonía, la conexión [pronuncia esta palabra señalando el cielo], el silencio. Quiero aprender más de eso que de lo otro. Aparte, fui muy fan desde pequeño de grandes personajes que tuvieron vida de rock star. Mi primer ídolo fue Charly Garcia: conozco todas sus canciones, me leí sus biografías, me vi sus documentales y conozco todos sus procesos. He aprendido tanto de los muros con los que chocan los artistas que admiro, que no sé si quiero repetir eso”.

No puede entenderse la calurosa acogida que han recibido sus canciones sin hablar de TikTok. Camilo es el músico latino con más seguidores en esta red social (21,2 millones), superando a estrellas internacionales como Justin Bieber (16,9 millones) o Miley Cyrus (8,6 millones). En medio de esa panoplia de culos oscilantes, sus vídeos reflejan la candidez hogareña de la que hace gala con Evaluna. Esta app se ha convertido en inesperada plataforma promocional para su música, y de nuevo hay que relacionar su éxito con el funesto desarrollo de la pandemia.

“Tardé como ocho años en llegar a tener 20 millones de seguidores en Instagram —dice—, y me demoré solo seis meses en pasar de tener un millón a 20 millones en TikTok. Creo que fue por la pandemia. Cuando salió mi álbum, la gente estaba en sus casas buscando excusas para sonreír. Mi álbum fue banda sonora de muchas personas tratando de buscar alegría. Mi esposa y yo nos inventábamos una coreografía sobre alguna de mis canciones y decía: ‘Ahora quiero ver cómo lo hacen ustedes’. Y subían millones de vídeos. TikTok es una red donde las cosas se toman menos en serio; de menos opinión, de menos señalar, de gozar. Creo que ese fue el quid”.

De todo lo expuesto anteriormente cabe concluir que una parte considerable del triunfo de Camilo se debe a situaciones transitorias. ¿Se mantendrá en lo alto una vez que su febril romance fondee en mares en calma? ¿Gustarán igual sus optimistas canciones después del coronavirus? ¿Perdurará el presente furor por la música latina? Sobre este último particular, el músico vaticina: “El mestizaje va a seguir desdibujando las líneas que nos dividen, hasta que seamos una sola escala de grises”. Toni Sánchez, director de LOS40 cree que habrá Camilo para rato. “Tiene mucho talento. No solo lo decimos los profesionales de los medios; también sus compañeros de profesión. Ha venido para quedarse. Es de esas veces que dices: ‘Aquí hay algo’. No es un éxito pasajero. Da otra sensación”.

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