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Sylvain Broyer, economista jefe de S&P: “El reto en el futuro será reequilibrar los modelos de crecimiento”

Sylain Broyer, economista jefe de S&P para Europa, Oriente Medio y África.
Sylain Broyer, economista jefe de S&P para Europa, Oriente Medio y África.mario-andreya

Cuando el fatalismo se impone, escuchar puntos de vista optimistas —por moderados que sean— es un pequeño soplo de aire fresco. El economista jefe para Europa, Oriente Medio y África de la agencia de calificación S&P, Sylvain Broyer (Lyon, 49 años), es una de esas voces: no se muestra muy preocupado por el aumento de la deuda mientras los tipos de interés continúen bajo mínimos y los bancos centrales sigan en modo activista. Eso, viniendo de una agencia de rating, es importante. En conversación con EL PAÍS desde su casa de Fráncfort, Broyer prevé que toda la UE —incluidos los países más golpeados, como España— regresará al nivel precrisis a lo largo de 2022.

Pregunta. Escribía hace poco que la recuperación europea estaba siendo más rápida de lo que se temió en un principio. Pero eso fue antes de los rebrotes. ¿Dónde estamos ahora?

Respuesta. Estamos entrando en algo que podríamos llamar “fase tres” de la recuperación. Tras la recesión hemos tenido un rebote muy fuerte, más de lo previsto, en el tercer trimestre. El problema es que fue solo con la reapertura de la economía y ahora estamos en un momento crítico, una suerte de periodo de transición en el que los Gobiernos van a ir reduciendo progresivamente los programas de ayuda. Aunque más bajo, el crecimiento seguirá en los próximos trimestres y volverá a acelerar a mediados del año que viene, con los desembolsos europeos.

P. Eso, en un escenario en el que no hay más confinamientos estrictos como los de primavera.

R. Sí, en ese caso nos iríamos más bien a una recuperación en W.

P. Los ERTE, en sus diferentes modalidades por países, han contenido el zarpazo de la crisis sobre los mercados de trabajo. ¿Es pronto para hablar de éxito?

R. La mejor medida de éxito es que hasta el Reino Unido ha copiado este esquema de Alemania (risas). En el caso alemán, durante la crisis financiera de 2008 y 2009 [el kurzabeit] ya evitó pérdidas de empleo a medio plazo y la destrucción de capital humano. Pero para que estos planes sean exitosos, la recesión tiene que ser corta. Y la duda es si en algunos ámbitos del sector servicios, los más golpeados, la demanda se recuperará pronto: transporte, hoteles, venta minorista… En esos casos sí podemos ver una tasa permanente de desempleo desde la pasada crisis por los cambios estructurales en la demanda. Pero sí, desde un punto de vista macroeconómico es mejor subsidiar el mercado de trabajo que no hacerlo: habría aumentado la probabilidad de una depresión económica y habría puesto en peligro la recuperación. Que la gente mantenga el empleo, incluso si es trabajando menos que antes, preserva el capital humano. E, individualmente, sus opciones de encontrar trabajo en otras empresas o sectores, también son mucho mayores que si se hubieran quedado en paro.

P. ¿Y desde el punto de vista de las arcas públicas?

R. El coste de estos programas de mantenimiento del empleo a corto plazo es mucho menor que el que supone tener a una gran cantidad de personas en paro durante un plazo largo.

P. ¿Cómo ve a España?

R. La recuperación está siendo más lenta. No estamos viendo un desacoplamiento de la producción industrial respecto a Alemania, y eso es positivo porque la mayor parte de lo producido es para exportación. Pero la construcción no está recuperándose tan rápido como en Italia y Francia, y ese es uno de los puntos más negativos en nuestras perspectivas a corto plazo. Parte de esto tiene que ver con que la tasa de desempleo es más alta [que pesa sobre la demanda] y con que las restricciones han sido mayores. La movilidad en Barcelona, por ejemplo, sigue siendo un 40% menor a antes del covid, mientras en Londres, Fráncfort, París o Milán la caída es de solo un 5%.

P. El hecho de que los países industriales hayan aguantado mejor el golpe trae de nuevo la cuestión de si la desindustrialización fue una mala idea.

R. En el caso de Europa, lo que hemos visto ha sido una especialización natural de sus economías en las áreas en las que gozan de ventaja competitiva. Por decirlo claro: es mejor veranear en una playa griega conduciendo un coche alemán que hacerlo en una playa alemana conduciendo un coche griego. Es algo normal. Dicho esto, es cierto que a finales de los noventa en países como Francia o el Reino Unido se tomó la decisión política de dejar que la industria se marchase a China y otros emergentes. Ahora estamos descubriendo la importancia de tener una economía bien equilibrada entre los diferentes sectores para poder resistir a los shocks. Uno de los grandes retos de los próximos años será ese: reequilibrar los modelos de crecimiento.

P. ¿Qué se puede esperar del fondo europeo de recuperación?

R. Es algo que, sin duda, cambia las reglas del juego. Los países más beneficiados serán los que más han sufrido los efectos de la covid-19 y los que tienen unas economías más frágiles. Y eso es un enorme cambio de planteamiento: por primera vez la UE da primero la zanahoria [y no el palo] para cumplir la agenda económica y política. Es muy positivo.

P. ¿Cuánto nos debe preocupar la deuda?

R. Vamos a salir de la crisis con una deuda alta, eso es seguro. Pero los tipos de interés seguirán siendo bajos. Los temores sobre la solvencia de la deuda no tienen nada que ver hoy con la crisis financiera 2008 y 2009. Entonces, el BCE tardó ocho años más que la Reserva Federal en embarcarse en un QE [un programa de compra de deuda a gran escala]; ahora, en cambio, la reacción ha sido rápida y contundente, conteniendo la presión de los mercados. Y mientras la deuda siga en el balance del banco central, su coste seguirá siendo cercano a cero.

P. ¿Cuándo volverá la UE al nivel precrisis?

R. En el escenario base tendrá que esperar hasta 2022. Algunos países, como Alemania, probablemente lo harán antes. Y otros, como España, quizá unos meses más pero en todo caso antes de 2023. Eso, sin tener en cuenta la totalidad de los fondos europeos.

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