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Sin aplausos

Los maestros no necesitamos aplausos. De verdad, no los necesitamos. Pero quiero pediros una cosa. Ahora que todos tenemos tiempo, quiero que os paréis un momento y que penséis en todo el tiempo, todo el esfuerzo y la dedicación que los que nos dedicamos a la enseñanza hemos invertido en nuestra formación. Creo que en lugar de ese aplauso deberíais tratar la educación como el bien preciado que es. Preferimos que nos tratéis con respeto cuando os hablamos de vuestros hijos y no pongáis en duda nuestra labor docente. Somos los maestros de vuestros hijos y merecemos el respeto y el lugar que nos hemos ganado con nuestro esfuerzo. Y si después de deciros todo esto queréis salir a aplaudirnos a nosotros también, hacedlo. Que nos miren como nosotros miramos a nuestros alumnos es el mejor aplauso que se nos puede dar.

Sara García Alcaide. Almería

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