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Siete años de cárcel para el último yihadista de la célula europea que financiaba al ISIS

La noche del 18 de diciembre de 2015, Ataul Haque, odontólogo bangladeshí de 37 años, y su mujer Ana María González, ingeniera química extremeña de 33 años, convertida al Islam en Inglaterra (donde se conocieron y casaron), fueron interrogados en la estación de autobuses de Badajoz por varios agentes de la brigada de Información de la Policía Nacional. Estaban esperando, con su hijo de pocos meses, la salida de un interurbano para regresar a Mérida a reunirse con la familia de la mujer. Fue lo que callaron en aquella breve entrevista, mñas que lo que dijeron, lo que les puso en el punto de mira de los investigadores de la Comisaría General de Información (CGI). Ahora él ocupa una celda en la prisión de Soto del Real (Madrid) por financiar al Estado Islámico (ISIS en sus siglas en inglés). Ella fue absuelta. Esta es la historia de cómo cayó en España el último hombre de una célula yihadista que financiaba al ISIS, nacida en Reino Unido y con ramificaciones en India, Estados Unidos, Turquía y España.

Pese a que “hacían una vida muy ermitaña, sin apenas salir de casa”, según relatan los investigadores, siguieron sus pasos y les detuvieron el 22 de septiembre de 2017. Les acusaron de pertenecer a organización terrorista y de financiación. Pero ahora, tras celebrarse el juicio los pasados 2, 3 y 4 de marzo en la Audiencia Nacional, Ataul Haque fue condenado el 27 de abril a siete años de prisión solo por el segundo de los delitos que se le imputaban. El tribunal no considera demostrado la pertenencia a organización terrorista.

Aquella noche prenavideña, tras contarle a los agentes de Badajoz que “no sabían por qué les habían devuelto de Turquía a Lisboa”, desde donde habían tomado el avión a Estambul para supuestamente llegar a Bangladesh, los policías les dejaron seguir su camino. Pero ya sabían que el hermano de Ataul Haque era Siful Sujan Haque, un ingeniero informático fundador en 2006 de la empresa de tecnología informática Ibacs Limited en Cardiff (País de Gales, Inglaterra), que había muerto solos unos días antes, el 10 de diciembre de 2015, en un ataque americano con drones en Raqqa (Siria). Estados Unidos le tenía fichado como el “jefe del del comando informático del ISIS y responsable incipiente de su estructura militar dedicada a la formación y perfeccionamiento de los ataques con artefactos voladores no tripulados”, según consta en la sentencia de la Audiencia Nacional.

Ibacs Limited Reino Unido era una filial de la compañía que los dos hermanos habían creado en Bangladesh un año antes. Ambos, con un buen posicionamiento social, se casaron en India con dos hermanas gemelas (Shayla y Shayma Akter). Pero la esposa de Ataul falleció en el parto de su primogénito y él, odontólogo, decidió irse con su hermano emigrado a Cardiff. Allí conoció a Ana María, su segunda esposa, que se había ido de España para cuidar niños y regresó a su país convertida al islam, casada y con un hijo. “Todos frecuentaban la mezquita más radical”, según les informaron a los investigadores españoles sus homólogos británicos.

En agosto de 2015, Ataul y Ana María viajaron a Mérida para presentar a su hijo a los abuelos. Y allí se quedaron tras el intento fallido de viajar a Turquía tras la muerte de Siful.

“Tras la desaparición de Siful en Siria, parte de la familia Haque y de los empleados de Ibacs Limited Bangladesh fueron detenidos por la policía bangladeshí, y el matrimonio Haque-González decidió volver a Bangladesh para hacerse cargo de la situación. Pero no pudieron llegar a su destino, porque en la escala de Turquía fueron retenidos por la policía turca y devueltos a Lisboa”, dice la sentencia. “Las autoridades turcas debían de tener alguna advertencia de otras agencias internacionales y no les dejaron seguir por suelo turco”, señalan los investigadores españoles.

En Mérida, en febrero de 2016, crearon la nueva filial de la empresa tecnológica a nombre de Ana María, dedicada supuestamente a la “venta al por mayor de ordenadores y elementos electrónicos”, recoge la sentencia. Los investigadores españoles descubrieron que formaba parte de un entramado internacional de empresas “para financiar al Estado Islámico y contribuir al desarrollo de drones”.

“En la vida mercantil cotidiana, dicha empresa era continuadora de la actividad de las empresas británicas del grupo Ibacs (Ibacstel Corporation LTD, Ibacs Technologies LTD, Ibacstel Electronics LTD e Ibacs It Solutions LTD). La nueva empresa española ejercía la actividad de compra de datáfonos o TPV dirigidos a la hostelería y la restauración”, consta en la sentencia. “Tales empresas británicas transfirieorn en 2015 y 2016 26.000 euros a cuentas de Ana María”, concreta, basándose en las pruebas aportadas por los policías.

En el registro de su casa, el 22 de septiembre de 2017, en la llamada operación Draco, los agentes hallaron en sus dispositivos facturas, envios de dinero, archivos sobre atentados yihadistas, fotografías terroristas del ISIS detenidos en Reino Unido, cánticos salafistas, y numerosas tablas de excel con ítems de tecnología dron. En el juicio ambos acusados atribyeron muchos de esos contenidos al hecho de que todo el que entraba en su casa usaba sus dispositivos.

“Han quedado acreditados cinco abonos de un total de 7.841 euros dirigidos al ciudadano norteamericano de ascendencia egipcia Mohamed Elshinawy, asentado en Baltimore (Estados Unidos) con la finalidad de ser utilizados para la perpetración de un atentado en ese país en nombre del Estado Islámico”, reza la sentencia. Tanto Haque como González negaron haber realizado esos pagos en el juicio, pero los envíos se hacían bajo la apariencia de la compra de impresoras. Elshinawy fue detenido el 11 de diciembre de 2015 por el FBI acusado de financiar una organización terrorista y se declaró culpable en el juicio.

Sin embargo, “no existe constancia en autos de que los envíos que realizó Ataul Haque en 2014 y 2015, aprovechando la estructura empresarial del grupo Ibacs, a la frontera turco-siria, de 16 bultos (12 cajas y 4 bolsas, con un peso de entre 90 y 100 kilogramos, con pertenencias de Siful Haque, y de material tecnológico, como cables, baterías, antenas scanner, detectores de frecuencia y productos de radio control, cuyo destinatario fue un tal Ahmet Bayaltun, tuvieran como objetivo hacerlos llegar al Estado Islámico”, recoge la sentencia. El hecho de que los investigadores no lograran evidenciar la trazabilidad de todo ese material enviado a Siria lleva al tribunal a concluir: “No ha quedado acreditado que los acusados se pusieran al servicio del Estado Islámico para procurar a sus militantes medios tecnológicos relacionados con aeronaves no tripuladas controladas por acción remota como eficaz herramienta en la detección y neutralización de posiciones enemigas”.

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