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Shengelia y la ‘guerra de los cinco días’

Después de seis temporadas en el Baskonia, Tornike Shengelia, pívot georgiano de 28 años y 2,06m, se desvinculó la semana pasada del conjunto vitoriano, tras alzar el título de Liga, y fichó por el CSKA de Moscú por los tres próximos cursos. A las pocas horas de anunciarse la noticia, lo que parecía un movimiento relevante en el mercado de fichajes de la Euroliga alcanzó más repercusión diplomática que baloncestística. “Lamento profundamente este hecho desafortunado. Para mí, como presidenta de Georgia, es decepcionante e inaceptable la decisión del capitán de nuestra selección de fichar por el CSKA”, proclamó Salomé Zurabishvil, casi a modo de mensaje institucional. La mandataria georgiana resucitaba así una de las guerras olvidadas de Europa, el conflicto diplomático con Rusia enquistado desde la guerra de los cinco días en 2008, cuando Moscú reconoció tras una intervención militar la independencia de las regiones separatistas de Osetia del Sur y Abjasia.

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La crisis abierta por la llegada de Shengelia al equipo del ejército rojo, obligó al jugador primero a justificarse y después a posicionarse expresamente a favor de su país. “Yo solo voy a jugar baloncesto. Esto no cambiará mi relación con Georgia y espero que tampoco cambie la actitud del pueblo georgiano hacia mí”, explicó Toko en la televisión local. La declaración no evitó, sin embargo, el aluvión de mensajes en las redes en contra del fichaje. “Rusia utiliza a Shengelia en la propaganda contra Georgia. Mientras juegue en la Selección hay que boicotear los partidos. No puede ser capitán de la Selección”, repetían los seguidores. Situación que obligó a la Federación de Baloncesto de Georgia a emitir una declaración en la que subrayaba la integridad de uno de sus estandartes: “independientemente del club en el que juegue, Shengelia defenderá el honor y los intereses de nuestra patria y de la selección nacional”, rezaba el texto.

Tampoco bastó ese movimiento para sofocar el conflicto. El CSKA salió este lunes en defensa de Shengelia desvelando o improvisando ex profeso una cláusula inédita en el contrato del jugador. “Quiero destacar que, desde el primer día de las negociaciones, para Toko era crucial tener el permiso del club para jugar con la selección nacional y se lo hemos concedido”, señaló Andrey Vatutin, presidente del conjunto moscovita. La cláusula supone que Shengelia podrá disputar los partidos de las ventanas FIBA con su selección aunque estos coincidan con encuentros de la Euroliga. Algo que no sucede con ninguna de las estrellas de la competición y que tampoco hacía el propio Shengelia en su etapa en el Baskonia. En la clasificación para el próximo Eurobasket (ahora en 2022, por el aplazamiento de los Juegos), Georgia (36ª en el ránking FIBA) debe disputar dos jornadas dobles en las ventanas, en noviembre de 2020 (ante Finlandia y Suiza) y en febrero de 2021 (frente a Serbia y Finlandia).

El CSKA, que pagó 1,1 millones de euros al Baskonia por el fichaje de Shengelia y paga al jugador 6 millones de sueldo por las tres temporadas de contrato, perderá esas semanas a una de las piedras angulares de su proyecto para que este cumpla con su patria. “Creo que hemos hecho una gran operación, por lo que me gustaría felicitar al club y también a Toko, por mostrar un gran deseo por venir al CSKA. Ha estado en nuestro radar desde hace varios años y, finalmente, está aquí. Es un jugador versátil, muy competitivo, y está en la mejor edad. Espero que su deseo y capacidad estén a la altura de nuestras expectativas”, le dio la bienvenida Dimitris Itoudis, el técnico del campeón de Europa (sin relevo este año por la pandemia). Shengelia, que el curso pasado promedió 15,9 puntos, 5,6 rebotes y 18,5 de valoración en la Euroliga, comienza su andadura en Moscú con la política y la historia como primeros enemigos. La guerra de los cinco días continúa 12 años después.

12 años de crisis por Osetia del Sur y Abjasia

La guerra de los cinco días con Rusia costó la vida a más de medio millar de georgianos y consumó la separación de las regiones de Osetia del Sur y Abjasia, reconocidas desde entonces por Moscú como estados independientes. Situación que para Georgia supone, en la práctica, que el 20% de su territorio está ocupado por Rusia. La noche del 7 al 8 de agosto de 2008, las tropas georgianas entraron en Osetia del Sur para intentar restablecer el control sobre la población de unos 30.000 habitantes. Rusia respondió con ataques aéreos sobre objetivos militares georgianos y desplegó sus tropas en Osetia en una operación de “imposición de la paz” como la denominó el Kremlim. Tras la guerra Rusia reconoció la independencia de las regiones separatistas y Georgia respondió con la ruptura de relaciones diplomáticas con Moscú y el abandono de la postsoviética Comunidad de Estados independientes. Hace justo un siglo, a principios de la década de 1920, a Osetia del Sur se le acusó de ponerse del lado del Kremlin después de que el ejército rojo invadiera Georgia. Como resultado de ello, acabó convirtiéndose en una región autónoma dentro de la Georgia soviética, con Osetia del Norte, al otro lado del Cáucaso, como parte de Rusia.

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