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Shengelia: “Jugar con Georgia es mi mayor satisfacción”

Se marchó a Rusia con la paz de haber dejado una Liga en las vitrinas del Baskonia tras años de pelea infructuosa. Convertido en el fichaje estrella del CSKA, campeón vigente desde 2019 por la pandemia, Tornike Shengelia (Georgia, 28 años) inicia este jueves la pelea por la Euroliga ante el lujoso Barça de Jasikevicius. Toko firmó por tres temporadas con el ejército rojo y como gesto de bienvenida Hackett le cedió el icónico 23. A la espera de que su familia pueda entrar en el país cuando se levanten las restricciones, entretiene el tiempo libre viendo la penúltima temporada de Sherlock y atiende a la vídeollamada de EL PAÍS. Itoudis le quiere tanto por su carácter como por su talento y ya se ha puesto a ello. “La responsabilidad va por delante de la presión”, afirma.

Pregunta. ¿Qué se ha encontrado en Moscú?

Respuesta. Enseguida te das cuenta de que estás en un club de altísimo nivel, como organización es similar a la NBA. Estoy en el proceso de acostumbrarme a todas las novedades, a mis compañeros, a lo que quiere el entrenador. Pero tengo excompañeros del Baskonia [James, Hilliard y Voigtmann] que me ayudan en la adaptación. Somos un gran grupo humano, pero tenemos que trabajar mucho para poner en valor todo nuestro potencial.

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P. ¿Se ha calmado la polémica política que hubo tras su fichaje, por la tensión diplomática entre Rusia y Georgia?

R. La situación está más tranquila. Me sentí muy raro por ello. Es difícil tomar decisiones que gusten a todo el mundo. Entiendo a mis compatriotas, pero espero que ellos también me entiendan a mí. Yo soy quien soy dentro y fuera de mi país. Siempre represento a mi familia cuando salgo fuera de casa, y a mi país cuando juego fuera de él. Eso no lo va a cambiar nadie. Da igual que esté en España, en EE UU o en Rusia.

P. En lo personal, ¿cómo se pasa de ser la referencia absoluta y el líder, como era en el Baskonia, a ser el nuevo del equipo?

R. No es fácil. Es un cambio brusco. Tengo que trabajar mucho en eso, pero cuando tu mentalidad es igual de ganadora que la del resto del grupo ese proceso se lleva mejor.

P. ¿Cómo se construye la figura de líder?

R. Yo siempre he intentado liderar con el ejemplo. No puedo pedir a alguien que haga algo si no lo hago yo primero. Yo seguiré siempre a todo aquel que tenga ideas y espíritu, pero sobre todo el que aporte y cumpla con lo que predica. El trabajo y el sacrificio es lo que te convierte en un líder. Lo más grande para un deportista es saber que lo ha dado todo. Lo que te mata es pensar que podrías haber dado más. El compromiso lo es todo.

P. Además de liderar con el ejemplo, ¿hace falta en ocasiones alzar la voz dentro del vestuario?

R. Esas cosas se hacen cuando te importa tu equipo y tus compañeros, cuando quieres mucho el sitio en el que estás y quieres ganar partidos y títulos. Si veo que hace falta y no lo hago es que no me importan nada. Los momentos feos son los que nos hacen mejorar los unos a los otros.

P. ¿Qué recuerdo le queda de ese final soñado con el Baskonia, levantando la Liga hace apenas tres meses?

R. Soy incapaz de ponerle palabras a lo que significó este título para mí y para mi familia. No solo fueron mis seis años de pelea. El Baskonia llevaba más años sin ganar, demasiados. La ciudad, el club y yo necesitábamos ese trofeo. Acabar mi etapa en Vitoria como un campeón me dejó tranquilo. No podía haberlo soñado mejor.

P. ¿Qué papel jugó Dusko Ivanovic en esa conquista?

R. Fue la clave. Cuando llegó estábamos hundidos, física y mentalmente. No había luz. Todo el mundo había oído las historias de lo duro que era Dusko, pero lo que no esperaba de él fue su energía positiva. Hubo un momento clave. Perdimos el cuarto partido desde su llegada y todos pensábamos que llegaría al vestuario hecho una furia. Pero apareció muy calmado y nos dijo dos cosas: que llegaríamos al top 8 de la Euroliga y que ganaríamos la ACB. En ese momento íbamos decimoterceros en la ACB y decimocuartos en la Euroliga, pero esas palabras motivaron el cambio. Ahí empezamos a seguirle a muerte. Ahí se produjo el clic. Dusko es muy grande.

P. ¿Qué tiene de especial?

R. Su idea, su filosofía. Te hace ver que funcionan incluso las cosas con las que no estás de acuerdo. Te das cuenta de que sabe mucho de baloncesto y de la vida. Si le sigues, disfrutas. Es duro pero razonable. Al ganar la Liga dijo unas palabras que los jóvenes deberían recordar siempre: ‘cuando das sentido al sufrimiento, deja de ser sufrimiento’. Es verdad. Esa es la clave del progreso. Lo fácil es rendirse, pero yo soy un luchador. No me he rendido nunca.

P. ¿Cómo es la sensación de ganar?

R. Impresionante. Desde el día siguiente de ganar la Liga quería sentir eso otra vez. Si eres un ganador no tienes límite. No pierdes el hambre por ganar dos o tres trofeos. Cuanto más ganas, más hambre tienes. Es adictivo. Cuando sonó la bocina final en Valencia, todo lo vivido durante los seis años en Vitoria se me pasó por la mente en un segundo. Ese título dio sentido a todo el sufrimiento.

P. ¿Si no hubiera ganado la Liga se hubiera pensado continuar en el Baskonia?

R. Honestamente, me hubiera ido igual. Era el momento de marchar. Pero me hubiera ido con las ganas de volver algún día a intentar darles ese título.

P. El carácter Baskonia va mucho con su carácter y la solidez y constancia competitiva del CSKA se asemejan a su ideario ¿Elige sus equipos en función de su personalidad?

R. Miro muchas cosas antes de elegir. El CSKA es uno de los mejores de Europa y llevaban muchos años interesados en mí. Eso pesó mucho. Primero quería darle un título a Baskonia y después ir de un equipo campeón a otro equipo campeón.

P. ¿Qué le ha pedido Itoudis?

R. Hablamos mucho durante el verano y me dijo que, por supuesto, estaba interesado en mi talento como jugador de baloncesto, pero que le gustaba mucho mi carácter. El club y él querían que impregnara ese espíritu al equipo. Es un honor, un orgullo y una motivación que reconozcan mi instinto luchador, que me quieran tanto por mi carácter como por mi talento.

P. ¿De qué entrenador ha aprendido más?

R. Todos te hacen crecer. Jugar con mi país es muy importante para mí y por eso los seleccionadores que he tenido, Igor Kokoskov e Illias Zouros, han sido clave. Pero también he aprendido mucho de Spahija, Pedro Martínez, Perasovic, Ibon Navarro, Dusko… Si quieres aprender, aprendes de todos.

P. ¿Qué es el patriotismo?

R. Compromiso, pertenencia. Mi sueño de niño, antes que ir a la NBA, era defender a mi país. El cosquilleo al escuchar el himno sigue siendo el mismo que cuando era un chaval y veía los partidos. Ahora, estar ahí abajo en la cancha, es lo mejor. Jugar con mi selección es mi mayor satisfacción. Es algo que no se puede explicar. Nadie mira su estadística, todos luchamos por la bandera.

P. ¿La NBA sigue siendo un reto?

R. Si llega una oferta de una franquicia donde pueda jugar y ser importante la consideraré siempre, da igual los años que tenga. Pero no quiero ir a jugar solo cinco minutos solo por decir que estoy allí, eso ya pasó. Ya estuve allí dos años [2012-2014] y no estoy en esa edad. Ahora mismo mi objetivo es más ganar una Euroliga que ir a la NBA.

P. ¿Qué ídolos ha tenido?

R. Magic y Jordan les gustaban a todos. Pero yo me fijaba mucho en Hakeem Olajuwon y en Manu Ginóbili. Manu es la definición perfecta de superación, da igual ser delgadito o pequeño, si no le respetas te come. Y Hakeem era un jugador grande que podía hacer de todo y era un tipo duro. Saquille dijo de él que fue el único jugador al que no pudo romper. Actualmente, me gusta mucho Kevin Durant y LeBron. Con LeBron he tenido momentos de mayor y menor idolatría pero, desde que remontó el 1-3 en la final de 2016, se ganó mi respeto absoluto.

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