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Sergio Rodríguez: “El virus nos comió el día a día sin darnos cuenta”

Sergio Rodríguez, en el partido ante el Madrid a puerta cerradaSergio Rodríguez, en el partido ante el Madrid a puerta cerradaEuroleague (nombre del dueño)

“El mayor problema de esta crisis es la incertidumbre. Pero ahora somos todos un equipo y tenemos que remar juntos para salir de esto”, cuenta Sergio Rodríguez, confinado en Alicante junto a su mujer Ana y sus hijas, Carmela y Greta, de cuatro y un año respectivamente. A finales de la semana pasada, con el espacio aéreo ya cerrado entre países, El Chacho recorrió en coche desde Milán los 1.500 kilómetros y las más de 14 horas que le separaban de su familia y ahora atiende la llamada de EL PAÍS para reflexionar, desde su vivencia, sobre la evolución de una pandemia que lo ha condicionado todo. “Los primeros días teníamos noticias de 90 contagiados, después 150… pero es que en Lombardía hay 16 millones de personas. Como mecanismo de defensa, la mente intenta poner las cosas en perspectiva, pensar que se puede controlar. Luego entiendes de golpe todo el problema, el colapso del sistema sanitario y el caos que eso genera…”, relata el base canario del Armani en una cronología que impresiona al comprobar el avance rápido e incontenible del virus. “Nadie se imaginó en enero que, a estas alturas, iba a haber 1.700 millones de personas confinadas en el mundo, en más de 50 países. Ponerse ahora a valorar lo que hicimos o no, no merece la pena. No había referencias históricas en los últimos 100 años de las que poder aprender. Lo principal es estar tranquilos en casa, hacer caso a todo lo que nos digan las autoridades y confiar en que todo va a mejorar”, aconseja.

Hace justo un mes todo comenzó a trastocarse definitivamente en Italia. “Las fichas de dominó comenzaron a caer muy rápido, sin posibilidad de pronosticar lo que iba sucediendo. Tratabas de imaginar lo que venía, pero la realidad lo cambiaba todo. El virus nos comió el día a día sin darnos cuenta”, desarrolla el jugador del Armani, de 33 años. Tras disputar la Copa italiana y jugar el 20 de febrero ante el Khimki en la Euroliga, el club italiano dio cuatro días libres a su plantilla, coincidiendo con el parón de las ventanas de selecciones. Sergio los aprovechó para viajar con la familia a España y comenzaron a recibir preocupantes noticias desde Italia. El 23 de febrero, las autoridades decretaron el cierre de todas las escuelas, colegios y universidades en Lombardía y la suspensión de eventos públicos. Ante la situación, El Chacho regresó solo a Milán y dejó a la familia en Alicante, ciudad natal de su mujer. “Se fue perdiendo la normalidad. La ciudad se fue ralentizando y enrareciendo”, explica antes de repasar aquellos días.

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“El 28 de febrero teníamos partido en Kaunas ante el Zalgiris. El gobierno lituano ya era reticente a que se disputara el partido por la posibilidad de que se desplazaran aficionados. Todo se desarrolló normalmente. Después llegó el partido ante el Madrid a puerta cerrada, el 3 de marzo. Lombardía ya era zona roja y en Italia había 2.500 contagiados y 80 muertos, pero también jugamos con cierta normalidad, igual que ante el Valencia dos días después, también sin público”, recuerda. “Queríamos pensar que era más por una cuestión de limitar las grandes concentraciones. Todos estábamos sanos y aún no teníamos la sensación de estar en peligro”, repasa. Al regreso de Valencia, el calendario les marcaba un partido ante el Varese, el domingo 8 de marzo. Pero ese fin de semana Italia decretó definitivamente el estado de alerta y suspendió todas las competiciones nacionales. “Ahí tomamos conciencia de la magnitud de la situación. Igualmente teníamos que mantener la actividad porque teníamos partido de la Euroliga ante Olympiacos la semana siguiente”. Intentando mantener la resistencia competitiva, la Euroliga reprogramó el encuentro para el viernes en Berlín, también sin público. Pero pronto el coronavirus dejó de ser un problema italiano.

El positivo de Gobert en la madrugada del 11 al 12 fue el punto de inflexión porque motivó la cancelación de la NBA y, acto seguido, la de la Euroliga, después de conocer el contagio de Thompkins en el Real Madrid. “Ese positivo nos llevó a una cuarentena obligatoria de casi una semana porque habíamos jugado contra ellos. Todos nos tuvimos que meter ya en casa, sin poder salir ni a los supermercados ni a las farmacias. Cada día ibas intentando asimilar la situación, pero la realidad te iba desbordando”, narra El Chacho. Superada esa cuarentena obligatoria en Milán y con todas las competiciones suspendidas, el club dio permiso a los jugadores para reunirse con sus familias y Sergio viajó a Alicante.. “En España se han tomado las medidas más rápido que en Italia. Pero también hay que valorar que Italia fue el primer país de Europa en enfrentarse a esto y no había referencias. Ya habrá tiempo de ver lo que hemos hecho bien o mal. Ahora dar todo nuestro apoyo y empuje a toda la gente que, de verdad, está solucionando el problema… los sanitarios, las fuerzas de seguridad, los transportistas. No podemos estar haciendo pronósticos, no marcar fechas y escenarios que luego generen desilusión. Ojalá pronto el problema sea ver como se reanuda todo porque significará que las cosas han mejorado rápido”, afirma Sergio, , que ha pasado de buscar pases en mitad de defensas cerradas a exprimir la inventiva para entretener a sus dos hijas. “Esto nos hará mejores y más fuertes, cambiaremos la manera de ver las cosas, valoraremos más lo que antes dábamos por hecho…”, cierra El Chacho. Hace solo cuatro semanas todo era relativamente normal.

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