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Ser inuit: demasiado hermoso, demasiado duro

Salluit, 1.400 almas, es una comunidad ubicada en la zona más septentrional de la provincia canadiense de Quebec. Casi todos sus habitantes son inuit. La novela Nirliit, escrita por Juliana Léveillé-Trudel, se desarrolla en este punto del orbe lleno de contrastes. “Muchas veces me entran ganas de llorar, pero no necesariamente porque esté triste. Es solo que aquí todo es demasiado, demasiado hermoso o demasiado duro”, señala en un momento la voz que lleva las riendas de la narración.

La medalla tiene dos caras sumamente distintas. Están, por supuesto, los crepúsculos multicolores, la fauna que enternece, las sonrisas contagiosas de los pobladores, los férreos lazos comunitarios. Pero también destacan las duras condiciones cotidianas. Si los pueblos indígenas canadienses enfrentan dificultades y carencias de envergadura, los inuit son el caso más radical. Algunos ejemplos: su mortalidad infantil es de 12,3 por cada 1.000 niños (4,4 entre los demás canadienses), el 45% habita en condiciones de hacinamiento (6% en el resto del territorio), su tasa de suicidios es nueve veces más elevada que la media nacional y su nivel de escolaridad es el más bajo de Canadá. El país con la calidad de vida más alta en América posee también un lado muy sombrío.

Juliana Léveillé-Trudel (Montreal, 1985) publicó Nirliit, su primera novela, en 2015 bajo el sello de la quebequesa La Peuplade. El libro recibió críticas muy positivas en los círculos literarios y los medios de comunicación francófonos de Canadá, tanto por su tallada escritura como por la forma de abordar un escenario tan complejo. La obra ya ha sido traducida al inglés, al danés y al islandés. Este mes llega a las librerías españolas gracias a la editorial sevillana Barrett, con traducción de Iballa López Hernández. Léveillé-Trudel cuenta a EL PAÍS los impactos más pronunciados del colonialismo sobre los inuit, en comparación con otros grupos: “Fueron los últimos en entrar en contacto directo con los blancos. Algunos misioneros y comerciantes ya tenían cierta presencia en la zona, pero no el Gobierno. El choque fue brutal. Su modo de vida cambió de forma sumamente acelerada”. Las políticas gubernamentales no fueron superficiales: desplazamientos, sedentarización obligatoria, censura cultural y una serie de subsidios que crearon un círculo vicioso.

En Nirliit, una mujer blanca procedente de Montreal se dirige a Eva, su amiga del pueblo inuit, con quien forjó una estrecha relación durante años antes de ser asesinada por su pareja y lanzada al fondo del fiordo. “Tu cuerpo en el agua y tu espíritu en todas partes, en la superficie del mar, en la tundra, en ese cielo del verano ártico que nunca se oscurece, baila, Eva, baila”. El cadáver de Eva nunca fue hallado. “No han encontrado tu cuerpo, así que sigo esperando tu regreso, te veo caminar por el fiordo como un Jesucristo que llega al Polo Norte”.

Crímenes contra mujeres

Entre 2011 y 2014, Léveillé-Trudel organizó un campamento de verano, tanto en Salluit como en otras comunidades inuit. También trabajó en un proyecto educativo, en esas mismas coordenadas, para luchar contra el abandono escolar. De este modo, hizo el viaje al norte varias veces, como las orcas (Nirliit quiere decir justamente “orcas” en lengua inuktituk). Léveillé-Trudel cuenta que recibió influencias de distintos libros en la redacción de su novela. Por ejemplo, de Kuessipan, obra de la escritora innu Naomi Fontaine. También menciona a autores que han contado sus experiencias conviviendo con estos grupos, como Louis Hamelin. Léveillé-Trudel comenta a propósito del tejido entre realidad y ficción en su libro: “El personaje de Eva está inspirado en una mujer que conocí en el trabajo y que dos años después fue asesinada. Las estadísticas sobre estos crímenes hacia las mujeres indígenas son duras de por sí, pero era la primera vez que yo conocía a la víctima. Jamás encontraron su cuerpo”.

En páginas posteriores, la protagonista cuenta a Eva qué ha ocurrido con Elijah, el hijo de la mujer asesinada que, como es frecuente en el pueblo, ha sido padre a muy temprana edad y busca resistir al cúmulo de problemas cotidianos (alcoholismo, drogadicción, desempleo). Algunos amigos de Elijah deciden instalarse en Montreal, pero la metrópoli de Quebec muestra su lado más despiadado hacia estos jóvenes. Asimismo, Léveillé-Trudel cuenta las relaciones entre los blancos y los inuit, que pueden pasar por las fricciones, la indiferencia, la desconfianza, la amistad y el romance. La autora señala que en esta parte se basó sobre todo en notas que tomó in situ y en historias que circulan en la zona; las fue hilando poco a poco con recursos novelescos.

En Nirliit hay caminatas entre las rocas, orgullo por los platos tradicionales y cacerías; también hip hop, comida basura y cuatrimotos a gran velocidad. Y los niños figuran por doquier. “Ocupan un lugar toral en la comunidad. Los problemas son numerosos, pero muchas familias se esfuerzan para cuidarles de la mejor manera”, afirma. Las letras no están exentas de los debates actuales respecto a la apropiación cultural. “No creo que sea el caso de Nirliit. No pretendo formar parte de los inuit; tampoco pretendo pasar como suyo mi punto de vista. Mi narradora es una mujer que no pertenece a la comunidad y que es consciente de su posición, sus prejuicios, sus contradicciones y sus privilegios. Intenta forjar vínculos con la gente de Salluit, quiere conocerlos más, acercarse. Veo a Nirliit como una puerta de entrada”, comenta Léveillé-Trudel.

Nirliit

Autora: Juliana Léveillé-Trudel. Editorial: Barrett, 2020.
Formato: Tapa blanda (173 páginas, 18,50 euros).

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