Internacional

São Paulo endurece su cuarentena y otras tres capitales brasileñas decretan cierre total

Varios trabajadores desembarcan ataudes llegados este viernes en barco a Manaos desde Santa Catarina.Varios trabajadores desembarcan ataudes llegados este viernes en barco a Manaos desde Santa Catarina.BRUNO KELLY / Reuters

Fortaleza es desde este viernes la tercera capital del nordeste de Brasil que endurece la cuarentena de modo que la ciudadanía solo puede salir de casa para acudir a servicios esenciales. São Luis y Belem adoptaron medias similares esta semana mientras Río de Janeiro estudia si seguir su ejemplo pese a que el presidente Jair Bolsonaro mantiene la presión para que los negocios reabran cuando antes. La ciudad de São Paulo, la mayor de la región, prohibirá circular a la mitad de los coches cada día a partir del lunes en un intento de que más gente se quede en casa. La curva de contagios sigue en ascenso, con lo que la situación se agrava en las unidades de cuidados intensivos con cuatro de los 27 Estados al borde del colapso.

Brasil suma ya más de 9.000 fallecidos por coronavirus y más de 135.000 contagios, pero su distribución en este territorio continental es muy desigual. Y esos son los casos confirmados en un país que está a la cola de los test y donde hasta las autoridades admiten que las cifras están subestimadas.

Sí se sabe que más del 80% de los fallecimientos han ocurrido en cinco Estados: São Paulo, Río de Janeiro, Pernambuco, Ceará y Amazonas, según recalca el último balance, de este viernes, del equipo del Imperial College de Londres que analiza la evolución de la covid-19 en el mundo. Es por tanto en las dos principales urbes, por donde entró en el país, y tres de los Estados más pobres donde más se siente el impacto de la pandemia. Es también en estos lugares sobre todo donde la ocupación de las unidades de cuidados intensivos (UCI) es más alta. En el caso de Pernambuco o Río de Janeiro ronda el 97%. Los científicos del Imperial College sostienen que, aunque las medidas de aislamiento han reducido la tasa de contagio, los casos siguen aumentando exponencialmente.

Medir la expansión es difícil en Brasil porque es uno de los países latinoamericanos que menos test ha realizado. Los resultados de 10.000 análisis están pendientes de ser contabilizados, según admite el Ministerio de Salud. Pero algunos datos permiten intuir que la pandemia es mucho más letal de lo que el balance oficial indica. La ciudad de Manaos, desde donde llegan dramáticos relatos e imágenes de entierros colectivos, registró en abril 2.607 muertes, lo que supone más del doble de las ocurridas en abril de 2019, según datos recopilados por este diario en el portal de Transparencia de los registros civiles de Brasil. Los fallecimientos también aumentaron ese mes, aunque de manera más moderada, en torno al 26%, en São Paulo y en Fortaleza, según la misma fuente. Aunque en Manaos no se ha endurecido la cuarentena, las UCIs y los cementerios afrontan aún graves problemas. Este viernes han llegado hasta la capital amazónica decenas de ataudes comprados por empresas funerarias locales en el estado sureño de Santa Catarina.

Las autoridades brasileñas no han logrado en ningún momento consensuar un plan conjunto o siquiera unas medidas mínimas. El presidente va por un lado; y los gobernadores por otro, aunque con matices. La mayor amenaza para la gestión del coronavirus en Brasil es su presidente, según la revista científica The Lancet, que le dedica un durísimo editorial. “Semejante desorden en el corazón de la Administración es una distracción mortal en medio de una emergencia sanitaria y es una fuerte indicio de que el liderazgo brasileño ha perdido su brújula moral”, afirma. Cuando Brasil superó a China en número de muertes y la prensa preguntó a Bolsonaro, respondió con un desdén absoluto: “¿Y qué? Lo lamento. ¿Qué quieres que haga? (…) Soy Mesías, pero no hago milagros”, dijo, refiriéndose a su segundo nombre: Messias.

Algunos Estados, como el rico Santa Catarina, relajaron las cuarentenas la semana pasada incluso con fiestas de apertura en algunos centros comerciales. Aquella alegría se transformó en decepción amarga cuando los contagios se dispararon. Otros no han querido correr ese riesgo y han desechado sus planes iniciales de reapertura como el gobernador del Estado más poblado, São Paulo. Es más, João Doria ha prorrogado la cuarentena hasta el 31 de mayo porque “el escenario es desolador”, ha confesado este viernes, con una ciudadanía que desoye las recomendaciones y un presidente que las combate constantemente. Doria ha revelado que los contagios en el interior del estado han aumentado un 3.300% en los últimos 30 días. El gobernador de São Paulo, que fue aliado de Bolsonaro aunque hoy están fuertemente enfrentados, ha recalcado: “Es el peor momento de la pandemia. Simplemente no reconoce quién está cegado por el odio o la ambición personal”.

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