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Sant Jordi se pone en cuarentena

El sector del libro en Cataluña, como gato panza arriba, se resiste a lo que parecería una evidencia: la suspensión de la diada de Sant Jordi por las medidas del coronavirus. Una prueba de ella lo acaba de dar la Cambra del Llibre de Catalunya que ha acordado, de momento, poner la festividad sólo en cuarentena, partiéndola en dos, como avanzó este diario: por un lado, todo el ritual callejero de firmas de libros y tenderetes se aplaza y se traslada a una jornada “antes de las vacaciones de verano”, mientras que deja entreabierta la posibilidad de que el mismo 23 de abril se realiza “redimensionado”sin esas firmas y con las librerías “si las autoridades sanitarias hubiesen levantado la prohibición del cierre” de esas tiendas. Algo, hoy por hoy, complicado.

La gran virtud del día de libro y de la rosa, declarado patrimonio de la humanidad por la Unesco, está siendo, paradójicamente, su talón de Aquiles: los cerca de entre 1,2 y 1,5 millones de personas que colapsan literalmente el centro de la ciudad a la caza de la flor y del libro firmado por su autor hace inviable su convocatoria por razones sanitarias en plenas ordenes gubernamentales de confinación.

Consciente de la magia y de lo irrepetible de la jornada, pero por ello también de lo delicado que resulta su traslado en el calendario cuando alguna festividad le ha obligado ello, el sector se aferra a la opción de un Sant Jordi light, a realizar sin las tradicionales paradas en las calles ni la presencia de los escritores firmando ejemplares en ellas. Esa jornada por determinar sería “antes de las vacaciones de verano”, según la nota. La discusión ahora, en esa linea, estaría en si aprovechar jornadas próximas a la verbena de Sant Joan, si bien hay dos obstáculos para ello: la idoneidad de una fiesta que suele comportar una liturgia propia y una tradición de desplazamiento notable y si aún estaría demasiado próxima o no a una suspensión de la cuarentena masiva.

Para el resto de la diada, el mismo 23 de abril, se confía en que las autoridades permitan que las librerías se mantengan abiertas, si bien con medidas higiénicas y controles de acceso que redujeran las aglomeraciones. Esa opción se amparaba parcialmente en la petición que la Federación de Cámaras del Libro (FEDECALI) hizo llegar el pasado lunes al Ministerio de Cultura su petición de medidas excepcionales para el sector, entre ellas que se mantenga y se permita “la apertura de las librerías”.

Editores y distribuidores defendían esa posibilidad de aperturas de librerías el 23 de abril, pero especialmente los libreros, quizá los más afectados de toda la cadena del libro, si cabe porque su trascendencia económica les es vital: en unas 14 horas se venden 1,64 millones de libros, con un valor de 22,16 millones de euros. Unas cifras que, según la ubicación y la tipología de la tienda, pueden llegar a suponer del 7% al 30% de la facturación anual de una librería… en un solo día. La propia Cambra del Llibre calcula que el impacto de la crisis del coronavirus para el conjunto del sector en Cataluña podría afectar a”un tercio de la facturación del año”, eso si las circunstancias de la restricción de movimientos de personas no se alargan más allá de Semana Santa. Si se le añade el efecto de la crisis en América Latina, las pérdidas pueden llegar a alcanzar los 200 millones de euros.

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