Las noticias

Ronan Farrow: “La conspiración para acallar la historia sobre Weinstein fue real”

Ronan Farrow en Nueva York en octubre de 2019.Ronan Farrow en Nueva York en octubre de 2019.The Washington Post / EL PAÍS

A los 15 años se licenció en Filosofía y poco después de cumplir 21 entró en el Departamento de Estado durante la administración Obama, con un título de abogado, y, en línea con su precocidad de niño prodigio, con un doctorado empezado en Oxford y una larga experiencia como embajador de UNICEF. La carrera de Ronan Farrow (Nueva York, 32 años) no se detuvo en Washington: trabajó como presentador de noticias y reportero televisivo, hasta que en 2017 publicó en primicia el reportaje que destapó los abusos del productor cinematográfico Harvey Weinstein en The New Yorker y se alzó con un Pulitzer —ex aequo con Jody Kantor y Megan Twohey que sacaron con apenas unos días de diferencia la misma historia en The New York Times—. Desde entonces Farrow ha seguido publicando exclusivas, relacionadas con denuncias de abusos que han implicado desde a Eric Schneiderman, el fiscal general de Nueva York, que tuvo que dimitir, hasta al aspirante a juez del Tribunal Supremo Brett Kavanaugh, cuyo nombramiento fue ratificado a pesar de todo.

El pasado otoño, en vísperas de la celebración del juicio contra Weinstein, Farrow publicó el libro en el que narra, a ritmo de trepidante thriller, la intrahistoria de su reportaje sobre el productor: los entresijos, persecuciones, presiones y debates que rodearon su investigación periodística, y se remonta, también, a la rocambolesca y compleja historia familiar de los abusos a su hermana Dylan a los siete años y supuestamente perpetrados por su padre, el director de cine Woody Allen, acusación desestimada por dos investigaciones judiciales independientes. Allen abandonó a su madre, Mia Farrow, por Soon-Yi, una hermanastra de Ronan, con quien el cineasta se casó. Añádase a la mezcla que Farrow soltó hace unos años que Ronan podía ser hijo de su primer marido, Frank Sinatra, para tener el cuadro completo.

Acaba de publicarse en español Depredadores (Roca), con ilustraciones de Dylan e incluso con la petición de matrimonio que el periodista coló entre las páginas a su novio, Jonathan Lovett —parte del triunvirato que ayudaba a Obama con sus discursos, y que ha montado la exitosa plataforma Crooked Media—. Farrow responde a una entrevista al teléfono atento y cortés, adelantándose a dar las gracias a la menor ocasión. Está confinado con su pareja en Los Ángeles.

¿Con Depredadores quiso mostrar cuánto de personal tuvo la investigación de los abusos de Weinstein? ““Ocurrieron cosas que eran más extrañas que la ficción, la conspiración para acallar la historia fue real, la compañía de espías israelíes Black Cube era verdad. Weinstein se metió en asuntos de mi familia y trató de atacarme; mi pareja fue seguida también por el National Enquirer. Para contar eso tenía que aportar un contexto autobiográfico, y no es una decisión que tomara a la ligera. Espero haberme mostrado vulnerable y honesto más que haber engrandecido mi figura”, sopesa. “No quería restar importancia a las fuentes, las mujeres que hablaron y que son la parte más importante de esta historia”.

En el libro detalla sus avances con las actrices y asistentes que poco a poco decidieron colaborar, mientras los jefes de la cadena NBC trataban de frenarle. ¿Cómo presionaba a esas mujeres que habían sufrido abusos? “Insistí hasta ser molesto, pero también les dije que era algo que yo no podía decidir en su lugar y que si se echaban atrás lo respetaría”, explica, antes de subrayar que en el libro no hace mención alguna al Metoo. “Realmente no soy parte de ese movimiento. Yo me he montado sobre los hombros del activismo en ese tema y entré en un momento particular en el que había un pico de frustración y las mujeres empezaron a decir basta”, explica. “Tengo muchísima admiración por Tarana Burke, que es una amiga y una heroína que ha estado en las trincheras y lanzó el hashtag #Metoo, y así creó un espacio seguro para supervivientes. Pero mi trabajo es muy distinto del suyo, aunque esto no quiere decir que el telón de fondo no fuera importante para el reportaje”.

No deja de resultar paradójico que después de una infancia expuesto al lado más nocivo de los medios, Farrow haya acabado en periodismo. “El hilo común que une las distintas cosas que he hecho profesionalmente es el espíritu de servicio público y la fe en que destapar la verdad es importante y puede cambiar las cosas”, señala. Habla del activismo de su madre como una influencia decisiva, que le llevó a conocer de primera mano campos de refugiados y realidades duras: sus hermanos adoptivos arrastraban historias traumáticas. “Significaba que no éramos una familia nuclear y convencional”, apunta.

Luego está el componente de estrella: “Puede que sea la herencia de Hollywood de mi familia o el crecer en una casa de lectores, pero creo firmemente en el poder de las historias, y de la verdad, sea esta emocional o creada para la ficción, o la verdad que se expone en el periodismo que hago”. Aunque no toda la prensa va de eso y Farrow lo sabe: “Hay partes que tienen mucho de circo y estuve expuesto a eso muy temprano. Los paparazzi estaban plantados en la puerta de casa cuando iba al colegio y vi helicópteros sobrevolando nuestras cabezas tratando de sacar fotos”.

Depredadores, afirma, es una “carta de amor” a la libertad de prensa, un libro que pretende acercar la historia de Weinstein a un público que no necesariamente lee The New Yorker. “Es una historia conducida por personajes, un true crime. Lo han comparado con Todos los hombres del presidente, pero en términos de estilo desciende quizá más de A sangre fría, e incluso con las novelas de detectives de Agatha Christie, Raymond Chandler o Dashiell Hammet”. Farrow no tiene rubor en situarse junto a los clásicos.

Al hablar de uno de sus mentores, el diplomático Richard Holbrooke, dice que estar a su vera le permitió aprender una importante lección porque muchos sentían que era imposible trabajar con él, pero también logró terminar una guerra. Y de sí mismo, ¿qué idea errónea tiene la gente de él con más frecuencia? “Cualquier respuesta sería autocompasiva. No fue fácil vivir algunas cosas; sin embargo, he tenido muchas oportunidades”.

En EL PAÍS, decenas de periodistas trabajan para llevarte la información más rigurosa y cumplir con su misión de servicio público. Si quieres apoyar nuestro periodismo y disfrutar de acceso ilimitado, puedes hacerlo aquí por 1€ el primer mes y 10€ a partir del mes siguiente, sin compromiso de permanencia.

Suscríbete

Leave a Reply