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Ron y racionamiento en Cuba en tiempos de epidemia

“Si el ron es efectivo contra el coronavirus, estamos salvados”, comenta un habanero en una de las muchas colas que todavía se ven en la capital cubana, de más de dos millones de habitantes. El joven bromea, pero admite que es sólo un mecanismo de defensa: “Todo el mundo sabe que la situación está fea”. En las últimas 48 horas, los casos confirmados en la isla se incrementaron notablemente: el jueves había 80 enfermos y el sábado 139 (han muerto ya tres personas). En la isla se han realizado hasta ahora solo 1.600 pruebas diagnósticas, y los primeros contagios por transmisión autóctona ya han sido confirmados en Matanzas. “Cuba oficialmente se encuentra en fase pre epidémica”, indicó el domingo el ministro de Salud Pública, José Ángel Portal. Pero añadió: el país entra “en la fase más compleja”.

Lo del ron en la cola no es simple choteo caribeño. Además de que en Cuba se toma bastante, en las tiendas prácticamente lo único que sobra es la bebida pues muchos alimentos, productos de higiene y artículos de primera necesidad desde hace tiempo escasean. De ahí las largas colas. Y más si desde el Gobierno se llama a incrementar las medidas de “distanciamiento social” y la gente necesita abastecerse para atrincherarse en casa, al menos unos días.

“Las tiendas están peladas y eso es fatal: si haces cola te puedes contagiar, y si no sales a buscar jama, también cascas”, dice el joven choteador del ron. Lo de las aglomeraciones y el desabastecimiento —además del frente sanitario— es el tablero donde se jugará una de las partidas principales contra la epidemia en Cuba, y las autoridades son conscientes. El viernes varios ministros admitieron en televisión que hay muchos productos deficitarios y que para distribuirlos lo más equitativamente posible —y reducir las colas—, se reforzará el papel de la libreta de racionamiento, en vigor desde hace casi 60 años.

Las más de 3.400 tiendas que ofrecen mercancías de forma “liberada” en pesos convertibles (equivalentes a dólares) van a seguir abiertas, pero la venta de los productos más demandados se “controlará y regulará”, repartiéndose algunos de ellos a través de las 12.700 bodegas estatales que expenden los artículos subvencionados de la libreta de abastecimiento a los 11 millones de cubanos. Evitar colas, o al menos reducirlas y ordenarlas, es clave, más cuando en el país no se ha impuesto aún una cuarentena obligatoria y sigue apelándose a la autoconciencia de la gente para que evite salir a la calle. Aunque el país se ha cerrado al turismo y se prohíbe el transporte entre provincias, además de suspenderse las clases y las actividades recreativas —conciertos de música, cines, teatros y encuentros deportivos—, los restaurantes siguen abiertos y funciona el transporte público, por lo que el aislamiento es relativo.

En sus intervenciones en televisión, el presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, aconseja que, si la gente ha de salir, lo haga con mascarilla, extremando las medidas higiénicas, que se exponga una sola persona por núcleo familiar y se respeten los dos metros de separación en las colas. El mensaje parece que empieza a calar; desde hace dos o tres días hay mucha menos gente en las calles.

Otra peculiaridad cubana es que la debacle del coronavirus ocurre en medio de una situación económica crítica, agravada por las medidas de la Administración Trump de los últimos tres años para asfixiar a La Habana. Sufre ahora un golpe mortal el turismo, ya de por si renqueante debido a las sanciones de Washington, que en 2019 prohibió cruceros, vuelos y viajes de los ciudadanos norteamericanos.

La Covid-19 no ha relajado la particular Guerra Fría entre Washington y La Habana y las medidas coercitivas ahora tienen un mayor impacto. El último episodio de enfrentamiento ha sido precisamente a cuenta de la pandemia. Cuba ha enviado brigadas médicas a más de una docena de países, incluidos dos europeos (Italia y Andorra). Estados Unidos pide rechazar esta colaboración porque Cuba supuestamente explota a su personal sanitario. “Cuba ofrece sus misiones médicas internacionales a los afligidos con Covid-19 sólo para recuperar el dinero que perdió cuando los países dejaron de participar en el programa abusivo”, asegura EE UU. Cuba respondió inmediatamente: “La campaña de descrédito internacional del Gobierno de Estados Unidos es inmoral”.

“Ay Mamita, siento un bombo, me está llamando”, decía este fin de semana un habanero en una de las colas de la capital cubana, apertrechado con una botella de ron en la mano, por si acaso. Venía a decir el chico con la expresión que lo que se le viene encima a sus compatriotas es “mucho con demasiado”. “A partir de ahora no sólo hay que estar atentos a los partes del Ministerio de Salud Pública y a los reportes de contagios; habrá que adivinar también qué alimentos y productos sacan en las tiendas, dónde y cuándo”. Adelantándose a acontecimientos que ojala no ocurran, una internauta cubana escribía este domingo: “Si algún día me contagio voy a decir que lo cogí en Europa, ni muerta digo que lo cogí en la cola del pollo…”. Lo último, perder el glamour.

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