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Rescate imposible entre aludes en el puerto de San Isidro

Nieva sin parar en Asturias. El suelo se cubre de blanco, las temperaturas se desploman, se cierran los puertos de montaña y las pequeñas carreteras comarcales desaparecen bajo un grueso manto blanco. Nada nuevo en la cordillera Cantábrica si no fuese porque este escenario es el que ha provocado la muerte de un operario de una quitanieves, César Fernández, a la que un alud arrasó el viernes por la noche en el concejo de Aller, muy cerca de León. La climatología también está frustrando la búsqueda de su compañero, Virgilio García, y hace imposible que ni la ayuda de la Unidad Militar de Emergencias (UME) sirva para localizarlo bajo la densa cubierta de metro y medio de espesor que se extiende en varias partes de este concejo.

La avalancha que sorprendió a los dos trabajadores fue tan violenta que las labores de rastreo han localizado al vehículo a 200 metros del punto de la carretera desde donde recibió el impacto. Los constantes aludes que siguen cayendo desde esa zona escarpada del puerto de San Isidro, a unos 1.500 metros sobre el nivel del mar, ha paralizado el dispositivo que conforman los bomberos del servicio de emergencias asturiano, acompañados de especialistas del grupo de rescate y unidades conocedoras de estos operativos en la montaña. Ni siquiera los efectivos de la UME, que llegaron desde León, han tenido éxito en el rescate y se han retirado a la espera de que las condiciones mejoren y puedan colaborar con un equipo humano que ha contado con hasta 80 personas, varios perros y maquinaria que ha llegado desde el Principado, la diputación de León y la estación Fuente de Invierno. La nieve y el viento también han impedido el uso de un dron, que permitiría disponer de imágenes aéreas de la zona.

La frustración impera entre los responsables de coordinar los esfuerzos. El mal tiempo supone una barrera insalvable para intentar hallar al desaparecido. Óscar Rodríguez, gerente del Servicio de Emergencias del Principado de Asturias (SEPA), se lamenta de que la evolución del temporal está complicando el panorama en lugar de abrir la posibilidad para intervenir con garantías. “Las condiciones son malísimas y está muy difícil hasta el acceso al puesto de mando en Felechosa”, recalca, especialmente por la amenaza de aludes en esos tramos de mucha pendiente cubiertos ahora por grandes masas de nieve. La montaña ya les ha mandado un aviso: uno de los grupos que trataba de avanzar por esa carretera se topó con un nuevo deslizamiento. La máquina, detalla, fue levantada por la potencia de la corriente de nieve y ni siquiera rozó los quitamiedos al salir despedida.

La nieve sigue tiñendo de blanco el hotel La Braña, muy cercano al lugar del accidente. Fernando Cordero, responsable del alojamiento, socorrió junto a su hermano a un hombre de 46 años que “de milagro” no falleció tras ser aplastado por la furgoneta de la que se apeó tras ver a los dos operarios de la quitanieves que se habían detenido unos metros por delante de él. Cordero, que insiste que ese punto de la carretera es muy sensible a aludes y que carece de las infraestructuras necesarias para paliar sucesos de este tipo, recuerda que gracias a su intervención pudieron salvar al hombre, que tenía rotas las dos piernas y rondaba la hipotermia al haber quedado inmóvil entre la nieve. Según el relato que este les hizo, los técnicos se habían detenido para desatascar la chimenea de la fresadora, llena de nieve, antes de continuar su trabajo. Fue entonces cuando la avalancha se los llevó por delante. El herido aseguraba que él se bajó de su furgoneta porque la pareja de operarios le hizo gestos de que se aproximara, pero Cordero cree que previeron la caída inminente de la avalancha y en realidad le hacían señales para que se alejara.

Las previsiones de que este martes indican que comenzarán a remitir los efectos del temporal y ofrecen algo de esperanza en los días inmediatos. Para este mièrcoles esperan contar de nuevo con el apoyo de la UME, con la que hay una “colaboración intachable”, agradece Rodríguez. El gerente del servicio asturiano de emergencias también critica que, incluso en circunstancias así, con las autoridades lanzando avisos del riesgo que existe en determinadas zonas por causas meteorológicas, siga habiendo gente que transita por puertos cerrados o sale al mar aun bajo la advertencia del peligro: “Los equipos de emergencia, incluidos los empleados de infraestructuras, se arriesgan por negligencias de personas que van donde no deben”.

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