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Reacción europeísta

Entrada al Tribunal de Justicia de la UE en Luxemburgo.Entrada al Tribunal de Justicia de la UE en Luxemburgo.Bloomberg

La tradicional celebración, aunque en modo confinado, del Día de Europa, quedó ayer realzada tras una contundente y fulminante serie de reacciones de la Unión Europea (UE) en defensa de la independencia de sus instituciones. En apenas 72 horas, la sentencia del Tribunal Constitucional (TC) alemán en la que los magistrados de Karlsruhe se rebelaban contra una anterior —y preeminente— resolución del Tribunal de Justicia de la UE (TJUE), con sede en Luxemburgo, recibió la desautorización que correspondía. Y el apoyo consiguiente a la autorización por este de la compra de bonos públicos de los 27 por el Banco Central Europeo, dentro de sus programas de expansión cuantitativa.

La Comisión, guardiana de los tratados, y pues, de la superior jerarquía del tribunal de Luxemburgo para interpretar la legalidad común, reaccionó de inmediato al grave traspié de Karlsruhe, inédito en la historia por su carácter frontal. Ayer comunicó que explora expedientar a Alemania. La presidenta del BCE, Christine Lagarde, recordó su vinculación a la jurisprudencia de Luxemburgo. Y en un comunicado novedoso, el propio TJUE subrayó que son los tribunales nacionales quienes le acatan, y no a la inversa, en cuestiones de derecho comunitario, pues lo contrario arruinaría la aplicación uniforme, en los países socios, de la normativa por todos ellos votada.

La reacción institucional europeísta devuelve las cosas a su sitio. En lo inmediato, recupera la confianza en que el BCE seguirá desplegando todo su potencial monetario contra la recesión del coronavirus: aunque ponga en un brete al Bundesbank, al que su TC sugirió romper la disciplina de la eurozona. Y corta las alas a los intentos de Gobiernos populistas, en Hungría y Polonia, de desarbolar la autoridad del tribunal comunitario que ha puesto coto, incluso con medidas cautelarísimas, a sus abusos contra sus propios sistemas judiciales nacionales.

Así, supone un espaldarazo a la comunidad de derecho en que se basa la UE: esta es mucho más que un mercado interior, una unión monetaria o un proyecto de convivencia, es el conjunto de reglas y modos que posibilita todas esas realizaciones. Cuando entre la ciudadanía cunde a veces el desánimo por la lentitud de sus decisiones, la complejidad de sus procedimientos o la timidez de sus planes, conviene recordar que, siendo todo ello cierto, es mucho mejor este gran invento pacificador, multilateralista y normativo que, por ejemplo, el capricho unilateralista de los actuales populismos anglosajones. Eso sí, veloces y descarados en sus pretensiones iliberales antiinstitucionales, sean nacionales o contra entes internacionales como la OMS, la OMC, o la ONU, que los cobija.

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