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Quinta semana de cuarentena infantil o cómo hacer de tu hija una gran respostera

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Cinco semanas lleva ya la niña encerrada en casa con nosotros en este Gran Hermano junior. Y es verdad que todo se magnifica. Los buenos momentos ahora los disfrutamos con la candidez de una sitcom familiar, todo abrazos, y la letanía incansable del “papi-papi-papi-mami-mami-mami” también resuena más taladrante.

Según lo que se ha ido agotando en los supermercados con la pandemia, está claro que el confinamiento ha provocado mucha diarrea, muchas borracheras y ahora… mucha repostería. La harina está muy buscada porque mucha gente quiere escapar de la realidad cocinando.

Nosotros también nos hemos apuntado a la moda: es una buena distracción para la niña… y más útil que hacer manualidades, porque las cartulinas si me las como me sientan mal.

Hemos cocinado mucho y podríamos participar tranquilamente en Top Chef, Masterchef Junior y en Pesadilla en la cocina, porque algunos primeros intentos han salido un poquito mutantes.

Para ser sinceros, la parte de cocinar la han llevado más mi mujer y mi hija y yo he arrimado el hombro comiendo. He sido el probador oficial, y lo añadiré al LinkedIn por si algún faraón desea contratarme.

Probamos recetas, aceptamos retos culinarios de familia y amigos y queremos emular los stories de Instagram. (Por cierto, ¿por qué todo el mundo cocina tanto y nadie cuelga videos leyendo). Lo que sea para tener la cabeza distraída.

Nuestra hija ayuda cortando, pelando, batiendo, removiendo, aliñando y limpiando. Desde una perspectiva lúdica, disfrutamos juntos pero además ella va aprendiendo por ósmosis cosas básicas que le servirán toda la vida.

Se nos pasan los días muy lentos y muy rápido a la vez, y cuando nos aburrimos desayunamos por segunda o tercera vez o preparamos la comida o la cena o pasteles para ir teniendo.

Me imagino dentro de unas décadas, recordando esta época en una cena de Navidad.

-Abuelo, ¿tú qué hiciste para acabar con la pandemia?

-Mucho arroz con leche.

Como autónomo con 20 años trabajando principalmente desde casa sé que el aburrimiento y el estrés se alivian comiendo. Para ir a la nevera no necesitamos ni guantes ni mascarillas ni desinfectar la ropa. La nevera nunca falla. Pero nos estamos aburriendo de comer.

Porque ir al supermercado es jugarse la vida (y más con la gente lerda que no guarda la distancia de seguridad), así que estamos yendo lo imprescindible a comprar lo necesario. Comida fresca y saludable, pocos caprichos y (casi) nada de bollería industrial. Así que los ingredientes son los que son y, por muchos platos nuevos que probemos, al final estamos atrapados en un bucle de comer siempre lo mismo.

Y además, vamos a lavavajillas y medio por día, que a eso también hay que dedicarle un rato. Aunque de tanto agacharnos y doblarnos para llenarlo y vaciarlo nos vamos poniendo en forma sin hacer sentadillas.

Cocinar en familia es bucólico, pero cuando podamos salir con la niña iremos de restaurante hasta que hayamos revitalizado todo el pequeño comercio del barrio.

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