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Qué supone para Putin la reforma de la Constitución. Las claves de una votación en medio de la pandemia

Una paciente deposita su voto sobre la reforma constitucional en un hospital en Voronezh, en Rusia, este martes.Una paciente deposita su voto sobre la reforma constitucional en un hospital en Voronezh, en Rusia, este martes.Alexey Sazonov / AP

Los rusos terminan de votar este miércoles un gran paquete de enmiendas a la Constitución de Rusia. La mayor reforma a la ley fundamental desde el derrumbe de la URSS diseñan un país más conservador, nacionalista y allanan el camino al presidente, Vladímir Putin, para poder permanecer en el poder, lo que no solo consolidaría su control total del poder sino que calmaría las especulaciones sobre quién podría ser su sucesor. La reforma es clave para el Kremlin, que está tratando de impulsar la participación. Todo en medio de una pandemia y con más de 6.000 nuevos infectado de coronavirus detectados cada día.

Cambios estructurales. La reforma no es simplemente cosmética. Supone cambios estructurales que impulsan el papel del Parlamento y dan al presidente más poder sobre el trabajo de los tribunales y los fiscales. También impulsan el papel del Consejo de Estado, un cuerpo asesor que Putin ya dirige, consagrándolo en la constitución como una herramienta del poder ejecutivo de Rusia. Esto, de hecho, podría darle otra salida para permanecer en el control incluso si descarta repetir en el Kremlin. La modificación también da prevalencia a la ley rusa sobre cualquier otra, lo que podría dificultar los recursos ante organismos como el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo.

La patria, la familia y la fe en Dios. La Constitución enmendada dibuja un país más conservador y nacionalista. Consagra la “fe en dios” de los rusos, blinda a Rusia al matrimonio igualitario, al introducir en la Constitución que matrimonio es la “unión entre un hombre y una mujer”. Remarca que los niños deben ser la máxima prioridad del gobierno y que los jóvenes del país reciben una educación “patriótica”. El idioma ruso también estará permanentemente anclado en la constitución como el “idioma del pueblo constitutivo del Estado”, lo que en un país diverso y multiétnico como Rusia puede conllevar tensiones con otras comunidades.

Hacia un ‘reinado’ eterno. Según la ley actual, Putin, de 67 años, tendría que renunciar en 2024, después de completar su segundo mandato de seis años. Sin embargo, una enmienda de la Constitución ‘borra’ su contador presidencial y lo pone a cero, con lo que le permitiría volver a presentarse otras dos veces. Podría permanecer en el poder hasta 2036.

Edulcorante constitucional. Las enmiendas incluyen ganchos jugosos e importantes para un país que ha recibido el impacto de la crisis, como la mención a que las pensiones deben subir conforme a la inflación y que el salario mínimo debe establecerse por encima de la línea de pobreza. Además se ha establecido un paquete social que puede animar al voto, porque la reforma se vota completa. Si se vota sí a la indexación de las pensiones se votará que sí, por ejemplo, a la enmienda que dicta que la ley rusa prevalece ante la internacional.

Consulta no vinculante pero decisiva. La votación no es un referéndum, Putin se ha cuidado muy mucho de enunciar esa palabra. Es una consulta popular no vinculante y en la que por tanto no hace falta un mínimo de participación. Además, el Parlamento ruso y el Tribunal Constitucional ya respaldaron los cambios constitucionales propuestos. Sin embargo, el líder ruso ha insistido en que las enmiendas solo se aprobarán si la ciudadanía las apoya. De hecho, la votación que finaliza este miércoles es más sobre la participación que sobre el resultado, que ya se espera abrumadoramente positivo. El Kremlin necesita una alta participación para dar legitimidad a la reforma, que se ha convertido fundamentalmente en un plebiscito sobre Putin.

Premios e incentivos para votar. La votación estaba originalmente prevista para el 22 de abril, pero fue aplazada debido al coronavirus. Ahora, que los rusos voten es tan importante para el Kremlin que la comisión electoral diseñó una votación extendida. Los colegios abrieron oficialmente el pasado jueves, pero el gran día es este miércoles, que ha sido designado festivo para alentar una mayor participación. Los ciudadanos pueden votar por Internet e incluso a domicilio con un servicio especial para gente que no puede salir de casa. Mientras tanto, los gobernadores locales se están empleando a fondo para atraer a la ciudadanía a las urnas. Y lo hacen regalando a quienes voten vales con jugosos descuentos para usar en supermercados y restaurantes, y hasta papeletas para participar en el sorteo de coches o apartamentos; el premio gordo. La oposición ha denunciado, además, que muchos funcionarios –como profesores o trabajadores de empresas estatales— están recibiendo presiones para votar.

Oposición maniatada. Con los actos multitudinarios prohibidos debido a la pandemia de coronavirus, la oposición ha tenido pocas cartas que jugar. Las campañas sobre la reforma constitucional se han hecho sobre todo online. Ni en este tema, la fragmentada y dividida oposición rusa se pone de acuerdo. El bloguero anticorrupción Alexéi Navalni, una de las voces más conocidas en Occidente, ha llamado a no votar. Igual que Yábloko o Parnas, que ven esta consulta y la propia reforma como un fraude total contrario a la ley. Varios políticos de otras fuerzas independientes y el movimiento Rusia Unida han pedido votar en contra. También el Partido Comunista, en la oposición pero que suele apoyar al partido del Gobierno, ha pedido votar en contra, pero solo a sus afiliados, insisten.

Votar en medio de una pandemia. Con unos 6.000 casos de nuevos infectados de coronavirus diarios, el Kremlin se ha resistido a volver a posponer la consulta. A principios de junio, casi 200 miembros de los comités electorales de distintas regiones firmaron una carta que pedía a la comisión electoral que no organizase la votación, aludiendo un gran riesgo para la salud pública. Su petición quedó en un cajón. Las regiones se han ido abriendo poco a poco de las medidas de confinamiento para el colofón de este miércoles. Con la popularidad de Vladímir Putin en mínimos desde que llegó al poder hace dos décadas y el miedo a una segunda ola de infecciones, las autoridades hacen como si la batalla a la covid-19 se hubiese ganado. La semana pasada, pese a las críticas constantes de los médicos por la falta de material y el caos en algunas regiones, Putin afirmó que el sistema de salud se ha manejado bien, gracias al trabajo del Gobierno para mejorar y equipar mejor a los hospitales. El líder ruso aseguró que los rusos han “forzado a la epidemia a retroceder”, aunque dijo que el peligro no ha desaparecido y pidió tomar precauciones.

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