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¿Qué es mejor: ir a clase todos los días pocas horas o en semanas alternas?

Alumnos en un instituto de Valencia.Alumnos en un instituto de Valencia.MÒNICA TORRES

Las condiciones de distancia física que el Gobierno prevé establecer el curso que viene, con un máximo de unos 15 alumnos por aula —ahora hay hasta 28 en primaria y 40 en Bachillerato—, unido a la imposibilidad manifestada por las autonomías de duplicar los espacios escolares y las plantillas docentes en un contexto presupuestario muy adverso, parecen conducir a que el curso 2020-2021 transcurra en gran parte de colegios e institutos con una docencia mixta, presencial y online. En ese contexto, qué es mejor. ¿Que el alumnado vaya a clase pocas horas todos los días en dos turnos (por ejemplo, de 9 a 12.30 y de 13.30 a 17.00)? ¿O que lo hagan en jornadas o semanas alternas?

La fórmula concreta se adoptará centro a centro atendiendo a sus características. Los de zonas rurales con pocos alumnos no necesitarán recurrir a la enseñanza online para cumplir las normas de distancia, a menos que la pandemia fuerce un nuevo periodo de confinamiento. Pero en general pedagogos, directores de centros y profesores coinciden en que desde el punto de vista educativo es mejor que vayan todos los días. Mantener una exposición continua a la escuela es crucial para los alumnos más vulnerables y es beneficioso para prácticamente todos, aseguran.

Los epidemiólogos y también los directores y los profesores advierten, en cambio, de que el hecho de que todos los alumnos (y quienes con frecuencia les acompañan) vayan a diario al centro eleva el riesgo sanitario y entraña un desafío logístico superior al que implicaría un sistema de días alternos. Las familias señalan, por su parte, que ni una ni otra opción soluciona por sí misma el grave problema de conciliación que se les viene encima si la escuela mantiene tiempos excepcionales mientras la mayoría de padres tiene que volver a trabajar.

No perder de vista al alumno

“La asistencia diaria permite no perder de vista al alumnado, seguir mejor su evolución académica y, todavía más importante, la afectivoemocional. Pero implica más problemas de gestión del espacio y de seguridad”, resume Iñigo Salaberria, presidente de la asociación Heize, que agrupa a directores de los centros públicos vascos desde infantil a secundaria. “Y también hay alumnos que necesitarán más la docencia presencial que otros, que son más autónomos, lo cual abre un abanico de posibilidades que el propio caminar nos va a ir enseñando, porque nunca nos hemos visto en estas”.

Mariano Fernández Enguita, catedrático de Sociología de la Universidad Complutense especializado en Educación, cree que con una buena organización y un aumento moderado de fondos los centros podrían integrar la docencia a distancia en sus propias instalaciones, al menos para aquellos alumnos que no tienen en casa las condiciones necesarias de conectividad o apoyo educativo familiar, o cuyos padres no pueden cuidarlos porque necesitan ir a trabajar.

Aprovechar todos los espacios del centro

“Imaginemos un centro de primaria con dos líneas por seis cursos, en total, 12 aulas. En esas aulas caben, como mucho, 15 alumnos, quizá menos, con las nuevas normas de seguridad. Pero el centro tiene un comedor, y puede que un gimnasio, o una biblioteca, un salón de actos, una sala de informática, un patio con porche o al que se le pueden poner toldos mientras haga buen tiempo, y seguro que tiene pasillos, que suelen ser anchos y casi siempre están vacíos en los colegios. El centro puede tener allí a los alumnos en pupitres, cumpliendo la distancia correspondiente, en un lugar donde trabajar saludablemente, con una wifi que funcione, con una supervisión mínima para que no formen una melé y puedan hacer alguna pregunta, sin necesidad de que signifique que estén propiamente en clase o hagan falta muchos docentes. Se trata de internalizar la docencia mixta para quienes tengan que hacerlo. El que pueda irse a casa porque su madre es ingeniera y su padre es biólogo y teletrabajan, perfecto. Pero hay otros que no tienen nada parecido a donde ir”, afirma Fernández Enguita.

Del control de los alumnos escolares que permanecerían más horas en el centro podrían encargarse monitores, voluntarios, profesores en prácticas y también, añade el sociólogo, estudiantes de los últimos cursos de magisterio y otras carreras del área de Educación, igual que se permitió incorporar estudiantes de Medicina y Enfermería en los hospitales durante el pico de la pandemia. “Hay que dar autonomía a los centros, que son los que mejor saben con qué cuentan. Pero también hay que exigirles que sean responsables y busquen soluciones, no que se limiten a organizar a los alumnos por turnos o días”, dice Enguita.

Logística muy compleja

“La logística de las escuelas es enormemente compleja, implica un gran movimiento de personas y a muchos colegios, además, se va en autobús”, responde Salvador Peiró, especialista en Medicina Preventiva y Salud Pública en la fundación de investigación sanitaria de la Generalitat valenciana Fisabio, a la posibilidad de que todos los alumnos acudan diariamente al centro. “Todo sería más fácil si fueran en días o semanas alternos”, agrega el pediatra y epidemiólogo Quique Bassat. “Pero si la escuela es capaz de mantener las medidas de seguridad básicas y tener más turnos de limpieza podrían ir a diario. Duplicar el personal de limpieza para que roten en las aulas es más sencillo que duplicar el profesorado”, añade el médico, que forma parte del grupo de expertos de la Asociación Española de Pediatría que ha elaborado un informe sobre cómo debería ser la vuelta a las aulas.

El documento contempla el uso de mascarillas, guardar una distancia de dos metros en las aulas, el lavado de manos con gel hidroalcohólico al entrar y al salir de clase, la ventilación y limpieza regular de las instalaciones, llegadas y salidas del centro escalonadas, y más separación y turnos de los habituales en el comedor.

Escuelas de campaña

Nicolás Fernández, presidente del sindicato de profesores Anpe, considera “mucho mejor” que los alumnos pudieran ir a diario al centro, aunque fueran pocas horas. Francisco García, responsable de Enseñanza de CC OO, coincide en que ello sería muy útil sobre todo para el alumnado más desfavorecido, pero agrega que implicaría “problemas de intendencia”; “no tenemos una posición todavía”.

Camilo Jené, presidente de la federación de Ampas Fernando Giner de los Ríos de Madrid, y Sergio de La Fe, de la federación Galdós de Gran Canaria, reclaman un acuerdo entre Administraciones para resolver el problema de la conciliación, que no solucionan ni la asistencia por turnos de mañana y tarde ni en días alternos. Además de aprovechar todo el espacio dentro de los centros, Jené reclama “ir más allá” y crear cuando sea necesario el equivalente educativo a los hospitales de campaña: “Ayuntamientos, comunidades y Gobierno se tienen que implicar y buscar centros culturales, bibliotecas y polideportivos y otros lugares que se pueden habilitar y contratar profesores, monitores y estudiantes del grado de Educación Primaria o Infantil”, propone.

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