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Quartararo triunfa en un frío Montmeló

Fabio Quartararo celebra la victoria en el gran premio de Cataluña.
Fabio Quartararo celebra la victoria en el gran premio de Cataluña.ALBERT GEA / Reuters

El verano se marchó puntual, pero sin avisar. Y el húmedo calor que acompañaba al mes de septiembre en el Vallés catalán dejó paso, de forma repentina, a las lluvias y el viento. Las temperaturas cayeron en picado. Los catalanes cambiaron la manga corta por el jersey. Y los pilotos recién llegados a Montmeló no tuvieron cómo abrigar sus motos. En el armario no había gomas adecuadas para un asfalto tan frío. Sobrevivir sería ya un éxito.

Ganar, como lo hizo, otra vez, Fabio Quartararo, el hombre que voló en el horno de Jerez a mediados de julio y que se escapó en la nevera en que se convirtió Montmeló este domingo, fue casi una proeza. No tanto por ser capaz de imponerse a dos Yamaha como la suya, las de Rossi y Morbidelli, con sendos adelantamientos a final de recta, sino sobre todo por lograr abrir un hueco que construyó décima a décima, cada vez mayor a cada paso por meta hasta que llegaron esas últimas cinco vueltas en que salvar los muebles empezaba a ser lo más complicado.

Lo sabía el francés, que completó el último giro con la goma trasera destruida y con la congoja de saberse perseguido por dos pilotos, Mir y Rins, que llegaban lanzados a por la primera plaza, gracias al delicado empuje de su Suzuki, tan respetuosa con los neumáticos que apenas acusaron sus tiempos el desgaste un giro tras otro. Miraba atrás, de reojo, el francés, al tiempo que los dos españoles se conformaban con el podio. No les quedaron vueltas para aspirar a más. Se contentó especialmente con la tercera plaza Rins, que se había clasificado 13º el sábado y supo combinar a la perfección las ansias de remontada con su habitual pilotaje elegante.

Las condiciones en que se disputó esta octava prueba de la temporada definieron el podio final: las Yamaha, que habían dominado todo el fin de semana y se exhibieron como las más veloces a una vuelta, tuvieron en Quartararo a su hombre de referencia. Sumó su tercer triunfo –es el único con más de una victoria– y es el nuevo líder del Mundial. En cambio, no resistió Morbidelli (cuarto) el acecho final de las Suzuki; cometió un error Rossi en un cambio de dirección y cuando rodaba segundo: se fue al suelo a nueve vueltas del final y cuando aún podía oler a Fabio, a menos de un segundo de distancia; y se desinfló en las primeras vueltas, como tantas veces antes, Viñales, finalmente noveno tras caer hasta la 16ª posición.

En el podio, otro domingo más (y ya van cuatro), Joan Mir, que aunque sigue lamentándose por no haber ganado ni una carrera con tanto vaivén de pilotos como se ha visto este curso, es, sin duda, uno de los más constantes en este tramo del campeonato. Lo suyo no es la vuelta rápida, ni la pelea por la pole, pero en carrera es todo un espectáculo. Como la Suzuki, probablemente la máquina más equilibrada de la parrilla. Solo ocho puntos separan al mallorquín de Quartararo en la general.

La mala planificación de Michelin

La planificación de una fábrica tan experimentada como Michelin se había ido al traste, como lo hicieron las tardes de playa. Acostumbrados a construir neumáticos para carreras a primeros de junio, los de Clermont-Ferrand replicaron prácticamente los mismos neumáticos que el año anterior pensando que no habría tanta diferencia entre celebrar una prueba antes del inicio del estío o hacerlo cuando este ya se ha acabado. Pero la hubo. Y fue grande. El asfalto se presentó ante los pilotos de MotoGP a 21ºC –en 2019, la pista estaba a 50º–, las nubes se cerraban sobre el Circuit y la elección de gomas parecía cantada: atrás todos, sin excepción, llevaban la goma más blanda.

Tendrían que competir con mucha cabeza y dulces golpes de muñeca. Se imponía aparcar la agresividad y cuidar tan bien como fuera posible los neumáticos. Ninguno acertaba a asegurar cuándo empezaría a caer su rendimiento, pero todos advertían que en cuanto eso ocurriera habría que correr a la desesperada. Sálvese quien pueda.

Y así fue. Porque quienes no sucumbieron a un final de carrera sin apenas neumático trasero, terminaron por los suelos. La que más dolió fue la caída de Dovizioso, hasta este domingo líder de la clasificación. Un mal fin de semana le colocó 17º en parrilla. Y aquello le sentenció. Un mal gesto de Petrucci en la salida obligó a Zarco a forzar la frenada y este, a su vez, terminó llevándose por delante al de Ducati. Ya solo queda un piloto que haya sido capaz de puntuar en todas las carreras de este 2020 de locos: Nakagami, octavo, la Honda de referencia en un Mundial que sigue echando de menos al lesionado Márquez.

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