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Puedes besar a la novia en pijama: así pasan las parejas el día de su boda cancelada

Vero y Juanfran llevan más de diez años juntos y el pasado enero, después de que él fuera hospitalizado tras detectarle un problema grave de salud, decidieron que se casarían en cuanto fuera posible. “Cuando salió del hospital decidimos ir a la iglesia, le dijimos al sacerdote que nos queríamos casar cuanto antes y nos pusieron fecha, el 21 de marzo”, cuenta Vero Párraga por teléfono a Verne. La boda, como otras cientos en toda España, no ha podido celebrarse debido al estado de alarma. En su lugar, ese día, el de su “no-boda”, han tenido que pasarlo en casa, en Murcia. Pero ni totalmente solos, ni aburridos: “Fue todo el día una minicelebración”, cuenta. Amigos, familiares y compañeros de trabajo los han acompañado por videollamadas, han brindado por ellos y les han dado ánimos.

Como Vero y Juanfran, muchas parejas han celebrado sus “no-bodas” cambiando, por el momento, el salón de banquetes por videollamadas, celebraciones sin salir de casa e incluso sorpresas de amigos. Ha sido el caso de Antonio y Mari Carmen. El plan original de estos dos jóvenes, de 32 y 29 años, era casarse por lo civil el 20 de marzo y celebrar la boda el 21, pero cancelaron “por responsabilidad, antes de que se decretara el estado de alarma”, según cuenta Antonio Méndez a Verne. En vez de eso, planearon “organizar algo el sábado en casa: arreglarnos, hacer una pequeña cena, poner música, bailar…”. Pero sus amigos se les adelantaron. El viernes, mientras cenaban, recibieron una videollamada. Sus amigos les habían organizado una boda virtual.

“Ese día terminamos de cenar y nuestro plan era que se durmiera la peque [tienen una niña] y ver alguna serie”, cuenta Méndez. “Miré el WhatsApp y tenía un mensaje de un amigo diciendo que me conectara [a la videollamada], y me extrañó porque ya había hablado con él ese día. Cuando nos conectamos, vimos a todos nuestros amigos arreglados, con camisa, con pajarita… E incluso una amiga se había puesto pamela”, cuenta. Ellos estaban en pijama. Ha facilitado a Verne un vídeo de su no-boda digital:

Méndez contó la historia de la sorpresa de sus amigos en Twitter, donde ha tenido una gran acogida: en cinco días, el primer tuit del hilo ha superado los 6.500 retuits. “La verdad es que entre la sorpresa, la buena acogida que ha tenido la historia en Twitter y algunos vídeos que nos han ido mandando amigos y familiares, han conseguido hacer que la situación sea agradable”, cuenta.

De la cancelación a la resignación

Vero y Juanfran han tenido una “no-boda” llena de planes: ella se puso un velo de broma, recibieron brindis de familiares por WhatsApp, a la hora que hubiera sido la boda real –las 12 del mediodía– sus compañeras de trabajo le hicieron una “videollamada con aperitivo” y, por la noche, realizó una videollamada con todas sus amigas. “Estuvimos hablando y riéndonos, ¡es que era mi noche de bodas!”, bromea. Sin embargo, reconoce que no es lo que le hubiera gustado de verdad: casarse. “Conseguimos desconectar y pasar un buen rato, pero no puedo decir que fuera ‘mi día especial’. Lo intentas, pero no deja de ser un día en tu casa”, cuenta.

Marina Tejerina se siente igual. Esta joven almeriense, que se habría casado el 21 de marzo en María (Almería) con su pareja, José Cotes, pasó el día entre videollamadas de amigos –”algunos incluso desde el extranjero, desde Brasil, Portugal…”, cuenta– y vídeos de brindis y ánimo de sus familiares. “Fue un día muy raro. Por un lado, era genial ver a tanta gente acordándose de nosotros, animándonos… pero por otro pensábamos: es que no deberíamos estar haciendo una videollamada, deberíamos estar todos juntos”.

A pesar de todo, las tres parejas –Antonio y Maricarmen, Vero y Juanfran y Marina y José– intentan ver la parte positiva. Las tres cuentan que no han tenido ningún problema en aplazar la boda y que todo han sido facilidades por parte de músicos, floristas, salones de boda, modistas… y que, en unos meses, seguro que recordarán su “no boda” como una anécdota.

Vero recuerda con alivio cómo consiguió, casi por casualidad, evitar otro problema: el de la fecha de la boda grabada en sus alianzas. “En principio, queríamos hacer la boda el 14 de marzo, pero el sacerdote nos dijo que ese día sería imposible, que tenía un retiro”, cuenta. “Después de eso, pensé que mejor no grabar la fecha en las alianzas hasta que no fuera la boda, por si nos movían de nuevo la fecha. La gente me decía: ‘Pero cómo te van a mover la fecha otra vez, eso no va a pasar’. Y mira si al final ha pasado”, explica.

Tanto Antonio y Maricarmen como Marina y José ya tienen una nueva fecha de boda, ambos en octubre. “Total, dentro de unos meses nos vamos a querer lo mismo, o más”, cuenta Antonio. Vero y Juanfran no tienen fecha, pero sí saben cuándo se quieren casar: en cuanto puedan. “Esto nos ha hecho darnos cuenta de que muchas veces aplazamos las cosas importantes sin darnos cuenta de que en la vida puede pasar cualquier cosa”, cuenta Vero. “La celebraremos cuanto antes. Yo ya tengo el vestido en casa, así que como si me dicen que vayamos mañana a la iglesia”.

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