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Primoz Roglic: “Pogacar marcará una era”

El maillot amarillo, tan brillante en su cuerpo desde la novena hasta la vigésima etapa, es ahora un suéter negro, más apropiado para el ambiente de funeral que quiere crear la prensa y al que, en una conferencia presencial, se resiste Primoz Roglic, tan equilibrado, exteriormente, en la victoria –y nadie olvida la calma con la que sumió su victoria en la Vuelta última, justamente por delante de Valverde y Pogacar, tercero a los 20 años—como en la derrota. “No fue el mejor de mis días, claro”, dice, con el mismo ritmo de voz con el que celebraba su maillot amarillo en los Pirineos y dijo, simplemente, “ya tocaba cogerlo”. “Doy la enhorabuena a Tadej, él merece la victoria. Yo di todo lo que pude y él fue mejor. Estoy desilusionado, claro, pero también orgulloso por haber terminado segundo del Tour. Y Tadej, si sigue así marcará una larga era al mando del ciclismo”.

Del miedo que se le supone a que su peso en la historia del ciclismo lo marque más este fracaso que sus éxitos, el exsaltador de esquís no emitió ningún síntoma. “Me gustaría que esto hubiera sido diferente, claro”, dice Roglic, de 30 años. “Pero no lo puedo cambiar”. Antes más parece que tiene más miedo a sus compañeros de equipo, a los que pidió varias veces disculpas por no haber rematado un Tour tan extraordinariamente trabajado por todos ellos. “Sorry”, dijo. “No lo hice a propósito, siempre he dependido de ellos todos los días, y estoy orgulloso de ellos y de todos los shows que hemos organizado durante las tres semanas del Tour”. También confesó Roglic que la intensidad de las últimas semanas –concentración en la estación de Tignes durante un mes, Dauphiné, caída, regreso a Tignes hasta el Tour—ha sido quizás excesiva.

De su contrarreloj, en la que estrenó un casco aerodinámico con el que le prometieron que ganaría unos cuantos vatios, o eso decía el viento en el túnel, Roglic no está especialmente avergonzado, pese a lo que supuso. “En ningún momento pensé que fuera a perder, por eso di siempre el 100 por cien. Iba todo el tiempo con referencias y siempre animado por la esperanza de que Tadej pasara también un momento duro y yo pudiera recuperarlo. Di más allá de mi límite y pese a eso me quedé muy lejos”.

Sobre la táctica calculadora de su Tour, del control de su banana mecánica Jumbo y del objetivo puesto, justamente, en llegar a la contrarreloj con una mínima ventaja, y basta, Roglic, de 30 años, ganador de una etapa en su primer Tour, a los 27 años, cuarto en su segundo, tercero en el Giro del 19 y ganador de la Vuelta, no quiso elucubrar. “Ahora no tengo la suficiente claridad de ideas. He llorado y lloraré más, y ahora necesito tiempo para verlo todo más claro”, dice. “Pero mi motivación seguirá siendo la de mejorar y ser más fuerte y veloz cada día. Estoy desilusionado por el resultado, no por mi rendimiento. He ido siempre a tope y no pude ir más rápido, pero peleé cada metro”.

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