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Polémica sobre la cuarentena en Nueva York mientras el coronavirus se expande

Bill de Blasio, alcalde de Nueva York, en una conferencia de prensa.Bill de Blasio, alcalde de Nueva York, en una conferencia de prensa.KENA BETANCUR (AFP)

Ni cuarentena, ni resguardo en casa (shelter-in-place, en inglés), al menos por ahora. El alcalde de Nueva York, Bill de Blasio, y el gobernador del Estado, Andrew Cuomo, siguen sin ponerse de acuerdo sobre la orden de forzar a los neoyorquinos a quedarse en casa, aunque la recomendación ya está vigente. Mientras, los casos positivos en la ciudad se acercan este viernes a los 4.000 (3.615 hasta este jueves, 1.600 más que el día anterior por el aumento de test, según las autoridades) y 22 fallecidos. El Estado de Nueva York (con 5.298 casos en total) supone alrededor del 40% de los contagios de todo el país, según los cálculos de The New York Times, y cuadruplica a los siguientes afectados: Washington, con 1.083, y California, con 933, y donde la medida se ha tomado para los 40 millones de personas que viven en el Estado.

En su primera comparecencia en modo remoto, el alcalde se centró este jueves en reclamar mayor ayuda federal, solicitando al presidente Donald Trump el despliegue del Ejército, y alertó del cercano desabastecimiento de productos sanitarios, como respiradores, mascarillas y ventiladores. De Blasio abogó por incrementar la capacidad hospitalaria en las próximas dos semanas y advirtió de que los profesionales sanitarios afrontarán “condiciones de campo de batalla”. “Hace una semana, yo intentaba mantener el empleo y que la gente continuara su vida, pero ahora estoy más preocupado por las vidas en riesgo”.

Aunque se ha cumplido el plazo de 48 horas que el pasado martes dio para prepararse ante la posible orden de quedarse en casa, el alcalde neoyorquino ha mantenido abierta, sin citarla, esta posibilidad, que debe ser decretada por el gobernador, con el que ha asegurado insistentemente tener muy buena coordinación. Cuomo, sin embargo, había vuelto a recalcar por la mañana que no está en sus planes: “Yo tendría que autorizar esas acciones legalmente. No va a pasar”. A su juicio, se libran dos batallas, una contra el virus y otra, “contra el miedo”. En los últimos días, se ha mostrado partidario por bloquear o contener solo zonas concretas, de ser necesario, como ya ha ocurrido en Westchester, al norte del Estado, una de las primeras zonas más afectadas.

“Tiene que ser una medida entre Estados”, admitió de Blasio, apuntando a la conexión de los transportes. La ciudad de Nueva York, de 8,4 millones de habitantes, es el epicentro de la denominada “Tri-state” área, que abarca los Estados de Nueva Jersey y Connecticut, aparte del de Nueva York, y supera en total los 23 millones de habitantes.

El debate sobre este tema parece estar más concentrado en los ciudadanos que proceden de otros países, más que entre la sociedad estadounidense. Pamela Paredero Fernández, asturiana de 47 años actualmente residente en Manhattan, se muestra sorprendida por el ambiente en su barrio, el Upper West Side: “Parece que no son conscientes de lo que está pasando. No sé si no se están haciendo suficientes pruebas, o los números aún no les preocupan, porque en la calle, a no ser por los bares cerrados, el ambiente parece normal. Y en Central Park este mismo jueves había mucha gente”.

En su caso, su marido y ella ya intentan restringir las salidas al máximo y solo van al parque, con sus dos hijas, con muchas precauciones y sin interaccionar con nadie. “Creo que si sigue creciendo, tendrán que decretar algo similar a lo de España, y aunque sea duro, lo tendremos que aceptar”. Sin embargo, entre muchos estadounidenses el nivel de preocupación parece ser aún bajo.

De hecho, el gobernador Cuomo ha comparecido este jueves acompañado de su hija, de 22 años, para concienciar a los jóvenes, que en muchos casos no están renunciando a la diversión de sus vacaciones de primavera. El gobernador ha recordado en un tuit que el 38% de los pacientes de coronavirus tienen entre 20 y 54 años, con un vídeo en el que se ve a jóvenes declarando que no van a renunciar a ir de fiesta por esta amenaza.

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