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Pochettino: “Ya no hay Menotti-Bilardo, hoy manda el juego asociativo”

“¡Ven Jesús!”, le dice con insistencia. “Ven y muestra esa alianza”, bromea al tiempo que el otro se revuelve cortado aunque con la sonrisa puesta. “La foto la hacemos juntos”, sentencia. Es Mauricio Pochettino (Murphy, Argentina; 48 años), el técnico que ha rechazado algunas ofertas de la Premier, Bundesliga, Francia y España. Ahora lleva un tiempo parado, después de que se desgastara el camino que edificó con el Tottenham, resuelto con una final de Champions perdida ante el Liverpool. “Llegará la oferta que queremos todos”, expone, siempre en primera persona del plural porque así lo siente y porque al almuerzo con EL PAÍS vino con su segundo, Jesús Pérez. A Pochettino solo le falta un club. Y se ha ganado el derecho a poder elegir.

Pregunta. ¿Nota que su caché se ha multiplicado?

Respuesta. Después de casi 11 años de entrenar hay una trayectoria y un legado en los tres clubes que hemos estado [Espanyol, Southampton y Tottenham]. Nuestra premisa siempre fue disfrutar, ayudar a los jugadores a mejorar y tratar de estar en sintonía con los proyectos de club, además de atender a los objetivos con las herramientas que nos daban. Mi sentimiento es que hemos logrado objetivos y superado las expectativas.

P. ¿Y cómo cumple con esa premisa de disfrutar?

R. Lo mínimo que se necesita es estar bien con uno mismo. Luego, tener claro tu camino y rodearte de gente que tenga la capacidad de hacerte mejor cada día, que te ponga desafíos camino de esa excelencia que nunca va a llegar pero que buscan todos los cuerpos técnicos. Así se disfruta.

P. ¿De qué está orgulloso?

R. De trabajar en un cuerpo técnico en el que sentimos respeto y admiración mutua; el liderazgo se ejerce en grupo. Pero estoy más motivado y excitado por lo que viene.

P. ¿Tiene ganas?

R. Nunca se perdieron. Al día siguiente que dejas de trabajar ya tienes ganas de estar delante de un futbolista. Es el motor que te mueve. Y cada día estamos más cerca de estar en un proyecto.

P. ¿Exige la oportunidad de ganar títulos?

R. Los entrenadores aplicamos mal eso de que nos encuentre el proyecto. Parece que demandemos un proyecto. Y no. Es encontrar un club, presidente o personas que vayan de la mano con las ideas que tenemos y que consideramos que te pueden acercar al éxito. Cuando llegue esa oferta, todos diremos que sí.

P. ¿La Premier o LaLiga?

R. La Premier ha sacado ventaja en lo comercial, lo mercadotécnico. Pero LaLiga, la Serie A, la Ligue 1 y la Bundesliga también son muy potentes, parecidas. Nosotros nos adaptamos bien a la Premier, pero estamos abiertos a nuevos desafíos y abrir otro horizonte sería enriquecedor.

P. ¿Y por qué piensa que cayó de pie en la Premier?

R. Porque la propuesta, el conocimiento, el método y la filosofía ya no son tan importantes como hace un par de décadas. Con Internet, la capacidad de análisis y de obtener información todo se ha emparejado muchísimo. Más que hablar de conocimiento, porque todos saben mucho, yo hablaría de cómo transmites ese mensaje y cómo desprendes tu personalidad; eso hace que los grupos de trabajo y los equipos funcionen. Partimos de la base, en cualquier caso, de que el futbolista es el epicentro de un club, donde todos debemos edificar a su alrededor para que exprese su talento en el terreno del juego porque sin ellos es imposible ganar. Y que ese talento esté al servicio del equipo.

P. ¿Eso no es más fácil en la Premier porque hay dinero?

R. Inglaterra tiene una cultura diferente que abre los brazos a cualquier inversión mundial. Se vio con el City hasta que llegó un país y lo compró, el Chelsea también… Esto ha tenido mucho que ver, las inversiones extranjeras, que lo han hecho crecer de una manera exponencial. España era reacia y ahora un poco menos.

P. Aunque usted llevó la contraria a esa globalización al apostar por jugadores ingleses ya desde el Southampton

R. No fue sencillo porque una de las primeras cosas que me dijo el presi era que me fichaba porque quería que el equipo jugara como el Dream Team. Nos mostró un vídeo de ese Barça. “Esta es mi filosofía… ¡Aplícala!”, me dijo…

P. ¿Qué pensó?

R. Que había que traer a Messi, a Xavi, a Iniesta… Pero lo más bonito y lo que queda es que con esos jugadores jóvenes e ingleses —Clyne, Lambert, Jay Rodríguez, Prowse, Cork, Lallana, Shaw, Chamberts—, empezamos a proponer un fútbol diferente. En la segunda temporada, en noviembre, teníamos la posibilidad de ponernos primeros jugando ante el Arsenal. Eso llamó la atención. No era la forma de presionar sino cómo jugábamos desde atrás, con ataque posicional, recuperar el balón alto y atacar rápido. Fue un cambio de mentalidad y se vio que los ingleses podían hacerlo. Creo que junto con Brendan Rodgers cambiamos un poco la mentalidad del fútbol inglés. Y la llegada de Pep después cimentó y asentó todo porque hoy en día, en cualquier cantera del mundo, lo que predomina es la capacidad de ese juego asociativo y posicional que ha invadido el fútbol mundial. Ya no hay más el debate MenottiBilardo como en su tiempo.

P. ¿Es más fácil trabajar con un joven?

R. No, es igual. Sí que llegamos a Dele Alli, a Kane… Pero también a Lloris, que tras ganar con Francia, me dejó la copa del mundo en mi despacho mientras estuve en el Tottenham. Disfrutaba entrenando y esa es la tecla que tienes que tocar. No es incompatible tener grandes jugadores con llevar un trato humano.

P. ¿Así se gana uno el respeto?

R. Te lo ganas con las acciones, no con lo que dices.

P. Aunque perdérselo es fácil. A usted le echaron del Tottenham después de cinco grandes años…

R. Vivimos en un medio resultadista donde parece que todas las cosas que tienen buen resultado son las que sirven. Pero… ¿cómo se mide lo que sirve o no? ¿Solo el que gana o el que supera las expectativas? Tras la final de Champions, cuatro años en top-4, dos años sin fichar…, se necesitaba una estrategia diferente de gestión. A veces la visión de un cuerpo técnico no es aceptada por la dirección del club. Nosotros anticipamos lo que podía pasar. Se necesita caer, estar abajo para después ir para arriba. Pero el Tottenham tomó la decisión de separarnos tras cinco años y medio. Entiendo que es mucho tiempo.

P. ¿Se arrepiente de no haber roto el contrato por el Madrid?

R. Estaba feliz en el Tottenham y yo firmé un contrato. Y hemos acabado muy bien, la relación es impecable. Siempre digo, sin falsa humildad, que nosotros también hemos cometido errores que han desembocado en lo que pasó. Aunque sí esperábamos un poco más de apoyo o tranquilidad para revertir la situación. Pero la línea del club iba por otro camino y existía desgaste; se necesitaba un respiro por ambas partes.

P. ¿Por qué dijo en 2018 que antes de entrenar al Barça se iría a su granja de Argentina?

R. Hay que explicarlo bien. Estuve en Barcelona ese año y me encontré con Bartomeu en un bar. Nos saludamos porque llevábamos los hijos al mismo colegio y estuvimos cinco minutos de cháchara. Eso generó un rumor que hizo saltar alarmas porque había más equipos que nos querían, y cuando me preguntaron quise zanjarlo de forma drástica; no quise faltar al respeto al Barcelona. Se pueden decir las cosas de forma diferente. El Espanyol me ha hecho un nombre. Pero no soy arrogante y no me gustó hacer una declaración como esa. Quizá ahora no lo haría porque en la vida nunca se sabe qué pasará.

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