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Plomo en las alas

Pasajeros del vuelo de Iberia Express entre Madrid y Gran Canaria, el pasado 10 de mayo.Pasajeros del vuelo de Iberia Express entre Madrid y Gran Canaria, el pasado 10 de mayo.EFRÉN HERNÁNDEZ

Las líneas aéreas han sufrido, junto al turismo y el comercio, el impacto económico más destructivo de la crisis causada por la covid-19. No se extrañará nadie de que el transporte aéreo en un mercado globalizado, uno de cuyos pilares económicos básicos es el turismo, sea considerado como estratégico. Las aerolíneas forman parte, además, de lo que se entiende como estandartes económicos de cada país, aunque ya no sean de propiedad estatal. Por estas razones la transición de este mercado y de las empresas que lo configuran desde el confinamiento y el cierre de fronteras a una recuperación gradual de los viajes no puede hacerse de la noche a la mañana, sin la planificación oportuna, sin una coordinación entre cautelas sanitarias y rentabilidad y sin la aceptación de reglas de comportamiento vigiladas. Aquí no ha lugar a la autorregulación.

Las compañías aseguran que irán a la quiebra si tienen que dejar plazas libres para cumplir las garantías sanitarias frente a la pandemia. Argumento de peso, pero que debe ser explicado con exhaustividad ante los Gobiernos y las autoridades europeas. No se trata de desconfiar, sino de eliminar confusiones, establecer protocolos claros y criterios de intervención que no ofrezcan dudas. Las cuarentenas a los viajeros, protestadas por algunas empresas turísticas, son convenientes y eficaces, pero hay que saber si se pueden sustituir por otros sistemas de protección; o si las medidas de seguridad que han adoptado las aerolíneas, incluida la ventilación vertical cada tres minutos, garantizan la seguridad médica de los viajeros, y si tales medidas pueden sustituir sin más las exigencias generales de distanciamiento físico.

Nadia Calviño, ministra de Economía, apunta que las aerolíneas son europeas y por lo tanto la solución a la crisis debe ser europea. No le falta razón: Bruselas, por ejemplo, permite la participación temporal de capital público en las empresas pensando en la negociación de Berlín con Lufthansa. Sería bueno que Europa dispusiera de un marco general de negociación con el sector aéreo. El acuerdo debería partir de la supervivencia garantizada de las empresas, como se pretende con las medidas de ayudas y préstamos, puesto que no estamos ante un colapso producido por la mala gestión. El segundo principio debería ser el de pactar un protocolo de intervención económica coordinada en Europa y un protocolo de garantías médicas que evalúe el riesgo de contagio en los viajes aéreos o el grado de eficacia que han adoptado las compañías en comparación con las normas generales de distancia. Las imágenes de viajeros embarcados como sardinas en lata no son precisamente tranquilizadoras.

El criterio imperativo es que la garantía de salud está por encima de cualquier otra consideración. Sin esa garantía, las personas no viajarán.

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