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Pilar Mateo: “Para quien vive en la selva, sin nevera ni supermercados, el drama del hambre puede superar al del coronavirus”

Si la historia de Pilar te ha hecho pensar y tú también quieres ayudar a esta causa para cambiar el mundo

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Pilar Mateo (Valencia, 1959) está convencida de que “es posible cambiar el mundo poniendo el conocimiento en acción” y ni siquiera una pandemia ha sido capaz de mermar la positividad con la que afronta las tragedias. Confiesa que estos días está durmiendo poco pero, más allá de la preocupación, es el trabajo el que sigue robándole horas de sueño. Desde su confinamiento, sin olvidar priorizar los cuidados que dedica a su madre, pasa las noches en conexión con América Latina. Nos recuerda que muchos países del hemisferio sur se enfrentan a la amenaza del coronavirus con fragilidades propias que vuelven a la pandemia mucho más corrosiva, y a las desigualdades económicas que dificultan la protección se le suman otros males vinculados a la pobreza que pueden resultar aún más mortales que la covid-19.

“La gente no se daba cuenta de que millones de personas en el mundo se estaban muriendo de enfermedades que podemos tener aquí”, afirma Pilar

Esta aclamada doctora en Químicas, reconocida internacionalmente por sus investigaciones científicas, por haber inventado una pintura insecticida de alta tecnología que está salvando vidas y por su incansable labor filantrópica, lleva 23 años dedicando sus esfuerzos a erradicar enfermedades endémicas. Habla del hambre, de insectos que matan, de comunidades silenciadas en lucha por su supervivencia y de las mujeres que reclaman derechos negados. Relata los dramas humanos de los que ha sido testigo en las zonas más empobrecidas del planeta y piensa en cómo afectará a sus habitantes la actual crisis. Su discurso está lleno de alertas pero, de alguna forma inexplicable, quienes la escuchan siempre acaban sonriendo porque esta científica pone voz a las desgracias y, por encima de todo, busca soluciones mediante la razón y el conocimiento. Es el efecto de “la ciencia que abraza”. Para ella, todo es posible: “Cuando veo un problema tengo que buscar una solución, no puedo evitarlo”, confiesa Pilar.

Pilar Mateo.Pilar Mateo. Somos5

Prevención, ahora y siempre

Su trabajo es tan relevante ahora como cuando la entrevistamos por primera vez en 2018, pero no cabe duda de que algo ha cambiado desde entonces. Oíamos hablar del ébola, del mal de Chagas, del dengue, de la malaria, de la leishmaniasis… pero hasta hace unos meses, las enfermedades zoonóticas no formaban parte de las principales preocupaciones sociales en los países económicamente privilegiados. Para la mayor parte de la población europea este tipo de males eran una amenaza ajena: “La gente no se daba cuenta de que millones de personas en el mundo se estaban muriendo de enfermedades que podemos tener aquí, como se ha demostrado ahora. Las tenemos muy cerca y espero que algo así sirva para que esto mejore”, opina Pilar.

Un documental que grabó hace cuatro años con su propia productora (Filmantropo) en Liberia, en plena crisis por la epidemia del ébola, está sirviendo ahora para explicar el minucioso proceso de desinfección de los EPI (Equipos de Protección Individual) a los sanitarios. Demuestra que el mejor escudo para protegernos es el mismo ahora que entonces, el mismo aquí que allí: “Llevo años sufriendo al decir estas cosas, porque se da mucho más valor a un medicamento, porque parece que es lo que nos va a curar, cuando para mí tiene tanta o más importancia prevenir la enfermedad. La mejor vacuna para una enfermedad que te transmite un mosquito es que no te pique el mosquito. Pues con esto es lo mismo y habrá que hablar de prevención”.

Se refiere al coronavirus, pero también al mosquito tigre, transmisor de virus como el Chikungunya o el zika y que ya está presente en el Mediterráneo cada verano; o a la leishmaniasis, “que no es un problema presente solo en Bangladés, donde se da una alta tasa de mortalidad, sino que también la tenemos aquí”. Desde el punto de vista de Pilar, “la ciencia tiene que estar escuchando, y no solo desde la parte química, sino también desde la humana. Una no puede estar pensando en qué fallé ayer sino en qué vas a hacer mañana”.

Miedo, rabia, acción

Es una frase del filósofo y político italiano Antonio Gramsci la que le sirve como antídoto contra la apatía: “Ante el pesimismo de la inteligencia, el optimismo de la voluntad”. A finales de los 90, cuando acababa de inventar su famosa pintura, un médico se puso en contacto con ella para decirle: “Doctora, mi pueblo se muere. El 85% de la población está enferma de Chagas”. Antepuso la voluntad al pesimismo y viajó hasta el Chaco boliviano, una de las zonas más empobrecidas de América Latina. “Tenemos esperanza de que nos salves de lo que nos está pasando” fue la frase con la Pilar fue recibida por un grupo de mujeres guaraníes y la que le hizo entender que era allí donde debía poner en acción su conocimiento.

PIlar Mateo en el Chaco boliviano.PIlar Mateo en el Chaco boliviano. Archivo personal

Recuerda que la primera noche que pasó en la selva, en una de las chozas del poblado indígena, experimentó el giro que daría un vuelco a su vida: “Encendí la luz y vi bajar a cientos de vinchucas, de chinches, que venían a por mí. A partir de ese momento el miedo se convirtió en rabia y la rabia, en acción”.

Rememorar aquel punto de inflexión le hace pensar que esa misma concatenación de emociones (miedo, rabia, acción) puede sacarnos ahora del que parece un agujero negro: “Es muy importante pasar del miedo a la rabia. Hay que sacarla y reaccionar para no caer en la tristeza; que tu cuerpo te pida empezar a buscar soluciones. Que el miedo no se apodere de ti, porque hay que tenerle respeto, pero también tenemos que luchar contra él con nuestra capacidad intelectual, nuestra capacidad de hacer cosas y salir adelante. El sistema se ha colapsado, hay mucha gente que va a estar muy mal y ahora los que tenemos capacidad para crear y para pensar tenemos que ayudar más que nunca. Necesitamos tener ideas nuevas, hacer cosas y generar iniciativas que nadie pensaba posibles y que ayuden a reformar el mundo”.

“Para una persona indígena que vive en la selva, sin nevera ni supermercados, el drama del hambre puede superar al del coronavirus”, asegura la doctora

El retrato de un mundo desigual

Pilar considera que “lo que ha hecho este coronavirus es aflorar la realidad de un mundo desigual”. “En Occidente estamos preocupados, pero no estamos viendo qué va a pasar con comunidades silenciadas que también van a sufrir la covid-19. Esta enfermedad también les toca, pero más aún por culpa del hambre, por falta de medios, porque debido al confinamiento no van a poder salir para sobrevivir… Para una persona indígena que vive en la selva, sin nevera ni supermercados, el drama del hambre puede superar al del coronavirus”. Hace apenas cuatro meses volvió de una de sus muchas temporadas conviviendo en comunidad con las que ya considera su familia, las guaranís, compañeras del Movimiento de Mujeres Indígenas del Mundo (MoMIM) que sigue impulsando.

Pilar Mateo durante una de sus estancias con la comunidad guaraní.Pilar Mateo durante una de sus estancias con la comunidad guaraní. Archivo personal

Nos recuerda que “el mosquito que transmite el dengue es muy doméstico y vive en las casas”, por lo que en muchos países está encontrando el contexto idóneo para expandir la enfermedad entre las personas confinadas. Poniendo como siempre su conocimiento en acción, acaba de inventar “unas trampas para engañar a las hembras de los mosquitos, sin insecticidas ni nada, para que pongan los huevos en otro sitio”, evitando así la escalada del brote. “La tierra no deja de ser un barco que va por el universo. Está la popa y la proa, y si uno de los dos lados no está equilibrado, el barco se acabará hundiendo. Evidentemente hay un desequilibrio mundial tremendo y tenemos que hacer lo posible por seguir trabajando para compensarlo”.

“Puede ser precisamente la pandemia de la unidad, de la igualdad, de la equidad”, reflexiona Pilar

Es justamente en el potencial del presente para cambiar el futuro donde esta científica sigue poniendo la mirada: “Los jóvenes son estupendos, están muy formados, pero viven en una sociedad que nos ha dirigido hacia la economía de consumo. Ahora, de repente estamos viendo que hay enfermedades que paran el mundo, y hay que pensar de forma más global. Hay que ayudar a todos por igual”. Asegura que cada vez hay más personas “pensando en hacer cosas para ayudar a la humanidad y eso es maravilloso”. Los cientos de iniciativas recogidas en Pienso, Luego Actúo son un buen ejemplo de ello.

A diferencia del dengue, el coronavirus no es la enfermedad de los silenciados, sino que es la pandemia de todos. Cuando le preguntamos por un nombre con el que adjetivar el mal que recorre el mundo responde: “Puede ser precisamente la pandemia de la unidad, de la igualdad, de la equidad”: la que por fin nos enseñe a ver el mundo tal cual es, la que nos empuje a reflexionar sobre el valor de unas vidas y otras… la que quizá nos permita pasar del miedo a la rabia, y luego, a la acción.

 

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Contenido adaptado del vídeo de Pilar

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216 millones de personas padecen malaria en el mundo, una enfermedad que se erradicó en España en 1964. 6,5 millones sufren el mal de Chagas. Ambas enfermedades son transmitidas por insectos. Pilar Mateo es una de las mejores científicas de España y ha desarrollado una pintura que libera insecticida lentamente, ayudando a combatir estas enfermedades y reducir los contagios. También es la fundadora del Movimiento de Mujeres Indígenas del Mundo.

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Yo soy inventora desde niña. Mi padre montó una fábrica pequeña de barnices. Tal vez estudié la carrera de Químicas con esa influencia y con la ilusión de poder trabajar en cosas que pudieran ayudar a mi padre y que no hiciera él, pero siempre vigilando el tema del medioambiente.

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Me especialicé en corrosión metálica y electroquímica. Desarrollé una tecnología de microencapsulación polimérica que aparentemente era una pintura para combatir insectos, que lo que hace es liberar lentamente el producto. Lo más importante es que los mosquitos que tengamos no transmitan enfermedades, no eliminar los mosquitos de la faz de la tierra y así se hace una reducción de poblaciones de los insectos y por lo tanto poder llegar a controlar una enfermedad.

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Yo no conocía ni lo que era la malaria, ni el dengue ni el Chagas, pero vinieron a buscarme de Bolivia, el doctor Cleto Cáceres, y cuando me dijo: “Doctora, mi pueblo se muere, el 85% de la población está enferma de Chagas” me impresionó mucho. Fui a Bolivia con una tecnología que parecía importante para ser utilizada para el control del chinche que transmite el mal de Chagas, en unas microcápsulas que son capaces de liberarse poco a poco a través de un cuerpo como es la pintura y me encontré con una realidad: que las viviendas no tenían paredes. Empecé a organizar para hacer casas. Al final, evidentemente, sino tenían paredes tendría que hacerlas. Y ahí mi vida cambió.

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Había una falta de alegría por vivir, donde mujeres que tienen todo el tiempo que estar en la selva, lo tenían todo descuidado porque no tenían ni conocimiento ni ganas y porque sus hijos se morían, y no tuve tiempo de empezar a ponerme a pensar “tengo que cambiar, ni tengo que hacerme indígena”, es que me hice.

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Yo me di cuenta de que tenía una conexión muy fuerte con las mujeres, porque la pobreza es muy femenina y cuando hay una situación de pobreza extrema, la mujer todavía más pobre porque sufre muchas otras situaciones que todos ya conocemos.

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No han tenido la oportunidad de saber, de aprender, chicas con 16 años que son madres a lo mejor de dos o tres hijos, niñas que han sido violadas por sus padrastros, por sus padres, y no tienen ningún tipo de oficio, con unas casas horrorosas, que son maltrechas, y así creamos el Movimiento de Mujeres Indígenas del Mundo, el MoMIM. Creemos que podemos salir adelante si somos capaces de que el movimiento de mujeres sea eso, moverse. Hay que empezar a hablar del conocimiento, de enseñar, de formar y a salir hacia delante.

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La ciencia tiene que escuchar, tiene que saber los problemas, tiene que solventarlos y tiene que abrazar. Es lo que tenemos que hacer los científicos. Y para eso es importante el conocimiento y la acción.

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Hemos hecho proyectos muy importantes en Bangladés y en Nepal de leishmaniasis, estamos con dengue en México y en otros países, estamos con malaria… Lo más importante es que esta tecnología va a estar disponible para aquellos sitios donde hay una enfermedad transmitida por un insecto. Y esa es mi gran ilusión.

04:01

¿Podemos decirle ahora a una persona en África que no hay solución?

Este contenido ha sido elaborado por Yoigo.

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