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Paz Padilla, humor, ecología y negocios

Paz Padilla y Anna Ferrer, madre e hija, acaban de entrenarse como cada mañana en su pequeño gimnasio doméstico, y piden un poco de tiempo para desayunar: queso de cabra, aguacate, pan de maíz, todo sano y ecológico, incluso huevos de sus propias gallinas. Porque, en su enorme chalé a las afueras de Madrid, tienen gallinero y huerto. “Más bien teníamos”, dice Padilla, “la nevada me estropeó las judías y los guisantes… Un desastre, pero ahora plantaré los tomates y las patatas”. La actriz, presentadora y humorista se ha hecho consciente de la importancia de la alimentación saludable. “Ahora ya está un poco más tranquila, pero antes era una obsesión: ¡se llevaba a los sitios su propia comida!”, bromea Ferrer.

Madre e hija, de 51 y 24 años, parecen pasárselo muy bien, son muy amigas y muy divertidas. “Antes las diferencias entre generaciones eran más acusadas, pero ahora hay más cosas que nos unen. A mí me encanta estar con mi hija, aprender cosas de ella y de sus amigos, estar en el mundo, sentirme viva”, dice Padilla. No solo se juntan para hacer deporte, comer sano o pasarlo bien, también lanzan una marca de moda juntas: Noniná (en andaluz significa algo así como “venga ya”). Hace tres años montaron una tienda en Zahara de los Atunes, lugar de viento y arena donde pasaron los veranos y Ferrer se crio, y comenzaron a hacer prendas que reflejasen ese imaginario de la costa gaditana: el verano, el relax, la alegría. “Hay marcas que nacen y se ofrecen a la gente, pero en este caso era la gente la que nos pedía Noniná”, dice Padilla.

Esta semana lanzan su nuevo producto, unos bolsos de cuero napa artesanos que fueron a diseñar a Ubrique, donde hay tradición. “Tú ves trabajar a los artesanos de Ubrique y te pones a llorar de la emoción”, dice Padilla. Quieren ofrecer productos cuidados, duraderos, sostenibles, éticos, con los que sus clientes se identifiquen. “La forma de consumir moda está cambiando: nos hemos dado cuenta de que no es necesario ni bueno consumir masivamente, hay que consumir menos y mejor”, dice Ferrer, que acaba de graduarse en Economía y ha comenzado un máster de dirección de marcas de moda. Así se reparten el trabajo: Ferrer aplica sus conocimientos en la labor empresarial, Padilla ayuda con corazón e intuición.

Otro ámbito que les une es la tecnología. Ferrer es una muy seguida influencer (654.500 seguidores) que trata de mostrarse con naturalidad: “soy real”, dice en su biografía de Instagram. “Es que en el mundo de las redes sociales parece que todo tiene que ser perfecto y hay mucho postureo, yo intento mostrarme con mis días buenos y malos”. Por su lado, Padilla ha logrado hacerse un hueco en una red social incomprensible para muchos adultos: TikTok. En sus vídeos aparece haciendo el gamba en gran cantidad de variantes, utilizando esas dotes de humorista con las que saltó a la fama. “Creo que los que hacemos humor no podemos quedarnos encasillados, tenemos que avanzar con las generaciones”, opina.

El interés de Padilla por la vida saludable comenzó con la enfermedad, un cáncer, y el posterior fallecimiento, en julio de 2020, de su marido, Antonio Juan Vidal. Desde entonces ha abogado por cuidarse y también por tomarse la muerte con filosofía, pasando el duelo sin que sea una derrota, mirando hacia adelante, incluso con humor: la tristeza y la risa no tienen por qué ser excluyentes. “Vivimos de espaldas a la muerte. Cuando alguien a quien amas muchísimo enferma hay que superar los miedos para acompañarle, para ayudarle a morir con amor”, dice Padilla. Sus experiencias se contarán en el libro El humor de mi vida (HarperCollins), que se publica en abril y que en preventa va como un tiro. “Quiero que mi experiencia sirva para ayudar a otras personas a pasar por ese trance”, dice, “con que ayude a una, para mí ya sería una gran labor: igual esta era mi misión en la vida”.

Otra de las actividades de Padilla es presentar el programa Sálvame, ese circo televisivo tantas veces polémico. “Recibe muchas críticas, pero a través de él yo aprendo mucho de la sociedad española, es parte de lo que somos… y hacemos mucho acompañamiento a muchas personas que están en casa”, señala. Al final, reflexiona, el espectáculo que se ofrece en ese inusual plató no es tan diferente del que se ofrece en la política y el fútbol. “Es cierto que en el mundo del espectáculo hay mucho cotilleo, mucho enfrentamiento y mucha superficialidad; yo creo que, dado mi momento vital, puedo ayudar a contextualizar las cosas y quitarle hierro a los asuntos”, concluye la presentadora.

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