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La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, y el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (a su derecha), en marzo de 2020.
La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, y el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (a su derecha), en marzo de 2020.Eduardo Parra / Europa Press

La pandemia del coronavirus se ha convertido en un territorio de lucha política que dice muy poco a favor de quienes han elegido el combate frente a la gestión. En ese terreno han germinado acusaciones graves como las que la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, hizo al Gobierno mientras ocultaba su propia gestión deficiente, sin los rastreos necesarios ni el refuerzo prometido de la sanidad pública en la autonomía más rica de España. Del lado del Ejecutivo de Pedro Sánchez, ha faltado tras el estado de alarma una actitud más activa para ponerse a disposición de las comunidades y facilitarles lo que pudieran demandar para enfrentarse mejor a los rebrotes.

Nada de esto debería importar ya para abordar con la urgencia necesaria la arriesgada situación de una región con más de seis millones de habitantes, centro neurálgico del país, hoy sacudido por unas cifras de contagios muy superiores a la proporción nacional y unos servicios médicos al borde de la saturación. Los enfermos por la covid-19 ya ocupan el 17% de las camas y el 64% de las UCI en los hospitales de Madrid.

Se ha llegado tarde y mal. La prioridad ahora es reaccionar con la mayor diligencia posible y practicar una cooperación institucional leal entre ambos Ejecutivos. No hay excusas para posponerla más. Y, aunque sea con dificultad, ese camino parece haber empezado.

Ayer al fin, después de dos días de confusión, la presidenta regional, Isabel Díaz Ayuso, anunció restricciones de movilidad que afectarán a 37 zonas sanitarias en ocho municipios de la Comunidad, incluidos varios distritos de zonas de la capital densamente pobladas y de rentas bajas como Vallecas, Villaverde, Usera y Carabanchel. La reciente alusión de Ayuso al “modo de vida de nuestra inmigración” como causa de los contagios en estas zonas del sur muestra que la desigualdad y los indicios de racismo y clasismo están a flor de piel en esta crisis de Madrid. Durante su intervención, la presidenta subrayó la idea de que llegaba una “nueva etapa de colaboración” con el Gobierno de España, aunque quedó luego algo desfigurada por la constante culpabilización a La Moncloa de un supuesto abandono que sufre Madrid sin reconocer los errores propios, que han sido numerosos.

Es el momento de la responsabilidad y de dejar de lado los pulsos y envites entre Administraciones y partidos. Países como Alemania —que ha resistido al impacto de la pandemia mucho mejor que otros— demuestran que es posible una gestión no partidista y sin cruzadas ideológicas. El acercamiento y la colaboración son un deber de todos. Y es hora de sumar fuerzas ante un virus que solo podrá combatirse desde una gestión eficaz, responsable y consensuada apoyada en el conocimiento científico y en el pragmatismo.

La reunión fijada para el lunes entre Sánchez y Ayuso ante una urgencia como la presente es un paso en la buena dirección. Lo es también la colaboración ya iniciada entre la Comunidad de Madrid y el Gobierno para que las fuerzas de seguridad contribuyan a mantener los límites a la movilidad que se impusieron ayer a más de 850.000 personas en Madrid. Es necesario, además, dejar de lado las acusaciones para que la colaboración pueda fructificar y dirigirse hacia el complejo desafío común a todas las Administraciones: derrotar al virus.

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