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“Pasear al perro era un privilegio”: la cómica Martita de Graná parodia cómo vivimos y recordaremos el encierro

Su padre se revolvía en el patio de butacas oyendo algunas de las burradas que aquella noche salían por la boca de su niña. En plena transición de Marta Martínez a Martita de Graná, de maestra de inglés a cómica influencer sin pelos en la lengua –y con una lengua muy granaína–, al padre le costaba tragar aquello. Han pasado ya cuatro años y él ya se ha acostumbrado, pero Mi padre flipa, el espectáculo que hasta hace días llevaba por teatros de toda España, es un recuerdo de aquello. “14 bolos tenía este mes de marzo”, cuenta ella. Menos dos que le dio tiempo a hacer, el resto han quedado anulados por la crisis sanitaria del coronavirus. Pero Martita no está para dramas, más bien se ha hecho viral afanándose justo en lo contrario. La cómica acumula millones de reproducciones en sus redes sociales con vídeos en los que apretuja sensaciones, nerviosismos y paranoias del confinamiento para representar con humor el carrusel vital diario de esta cuarentena.

Las píldoras de video confinadas de esta “cómica” –como a ella le gusta que la llamen– se han convertido en toda una revelación. Estoy bien, gracias #yomequedoencasa, publicada el pasado 20 de marzo, suma ya 3,4 millones de reproducciones en Facebook; Frases del confinamiento, 3,1 millones o Padres del futuro ya tiene 2,8. “De la cuarentena voy a hacer algo bueno. He sumado 100.000 seguidores en diez días”, resume divertida Martínez. Su capacidad para reírse de sí misma en escenas cotidianas con las que es fácil verse reflejado han hecho que su página de Facebook sume ya 675.000 seguidores y la de Instagram, más de 425.000.

El encierro de Martita estos días es peculiar. El estado de alarma la ha pillado con reformas en su casa –“la misma en la que nací”– en Granada. Así que, sola y sin cocina, como cuenta en uno de sus videos, Martita pasa el día en casa de “la Chelo”, su vecina de planta, “que es la caña” y se ha convertido en la actriz secundaria de sus videos, con el permiso de la madre de Martínez. Chelo ayuda a la cómica a grabar unos vídeos tan caseros que los hace y edita ella misma en su móvil. “No es que tenga un horario ni nada. Cuando tengo una buena idea, me pongo y lo hago sin guion. Si estuvieran más preparados creo que no llegarían igual”, reconoce la joven de 30 años recién cumplidos. A la hora de dormir, le dice buenas noches a la Chelo y se vuelve a su cama en su casa.

No son las redes las que le dan de comer. “Para monetizar eso hay que seguir ciertas condiciones que no me interesan. Prefiero poner los vídeos como a mi me gustan, sin publicidad y sin forzar su duración, y que la gente luego venga a verme en los teatros”, explica sobre cómo tiene organizada su profesión. Sin una cadencia exacta, Martita de Graná publica habitualmente sus piezas cada dos días, además de mantener alimentadas las stories de Instagram de forma diaria.

En Frases del confinamiento se ríe de los lugares comunes que se escuchan en muchos hogares españoles: “Esto va en serio, que han cerrado los bares”; “por lo menos ha bajado la contaminación”; “no va a haber divorcios después de esto”. Y en Cualquier día durante el confinamiento el día se le va comiendo cada poco rato. “Es real, como otras ideas que cuento, me noto mollas por aquí y por allí”, reconoce entre risas.

No es más que la máxima que Martita aplica a todos sus vídeos desde que empezó en el humor. Estudió Ciencias de la Educación con la aspiración de convertirse en maestra de inglés. Llegó incluso a dar clases extraescolares a niños. Pero un día, hace cuatro años, grabó “un video hablando de Graná y se viralizó. Seguí grabando videos y a los dos años me propusieron subirme a un escenario. Y ahí empezó todo”, explica a través de una videoconferencia con Verne. “Cada cosa que me va pasando la llevo de forma humorística a los videos”, añade la joven. Y lo que ha vivido en el confinamiento, en realidad, es lo que le ha ocurrido a muchos y “la gente se ha sentido tan identificada que ha gustado mucho”.

Martita reconoce que tiene “muy mala boca” –ya se lo advirtió su padre– y que los temas que trata a veces en sus espectáculos son polémicos. Pero está encantada de que su público mayoritario en los teatros sean mujeres. “Me gusta poner nerviosos a los hombres que vienen a las actuaciones”, dice malévola. Es la única maldad de la que hace gala: con tres perros en casa, Martita colabora habitualmente con refugios de animales. Su hermana tendría que haber estado ahora en África en un proyecto solidario de ocho meses que ha tenido que cancelar por la que está cayendo. Y ella, en pleno confinamiento se siente feliz de que su humor sirva para hacer la clausura más llevadera: “Es lo que me salva”.

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