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“Para un niño es raro que su padre hable de los beneficios del deporte, pero su rutina sea sedentaria”

El ejercicio es fundamental para todos, mayores y pequeños, y hacerlo rutina es un buen objetivo. En cuanto a los menores, el niño adquirirá determinado hábito si desde muy pequeño está en contacto con un estímulo que lo promueve. “Se sentirá más familiarizado, y llegará a ver esa acción como algo natural e indispensable”, explica Javier Rivera Triguero, psicólogo deportivo. Según Ribera, no puede hablarse de una edad indicada para la iniciación de una actividad deportiva concreta, pero “el límite inaugural sí lo marcará el desarrollo motor del niño para asegurar un rendimiento óptimo”. Lo ideal es que empiecen entre cuatro y cinco años. ¿Qué deben tener en cuenta los padres antes de que su hijo empiece a practicar ejercicio? Rivera reconoce que los progenitores deben tener algunos puntos presentes a la hora del acercamiento de los menores al deporte:

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  1. Permitirles que elijan ellos mismos la variedad a practicar.
  2. En caso de decidir por ellos, lo más conveniente es inclinarse por alguna modalidad en la cual hayan mostrado interés, o tal vez se les haya visto disfrutar practicándola previamente.
  3. En el futuro, es recomendable permitirles la opción de libre cambio tras haberse iniciado en una práctica. Sin embargo, deberá producirse siempre tras un proceso de comunicación abierto en el que puedan expresar los motivos por los cuales querer probar algo diferente. No es recomendable forzarles a continuar en algo donde expresen verbalmente su desinterés. En ese caso, resultará mejor ofrecerles alternativas similares que sí les atraigan.
  4. La destreza por parte de amigos o compañeros de clase, puede servir como elemento de adherencia por el hecho de compartir tiempo con semejantes.

“Es importante mencionar la influencia del triángulo deportivo (Smoll, 1991) que establece que los tres pilares fundamentales en el ingreso deportivo del niño son: el deportista, el entrenador y los padres. La coherencia por parte de estas figuras de referencia es más que decisiva, puesto que, en etapas tempranas de desarrollo los niños se fijan mucho en ellos, y es muy difícil que solidifique una idea si públicamente muestran incoherencia en los discursos”, expone el experto. Este hace hincapié en que los padres deben involucrarse activamente en el deporte que el niño practique: “Bien sea jugando en casa con ellos o pidiéndoles que exhiban lo aprendido. Resulta contradictorio para el niño que un progenitor hable de los beneficios de la actividad física, pero sus rutinas sean sedentarias y pasivas”.

“Los padres deben promover en sus hijos conductas de autonomía asociadas a dicha práctica deportiva, tales como prepararse la bolsa y que la porten ellos o que sean responsables de su propio material”, subraya Rivera. “También es interesante llevar un sistema de contingencias como premios, en función de su cumplimiento exitoso y así fomentar su realización”, añade. Padres y entrenadores no deben poner el foco principal en los resultados, sino en el rendimiento. “Se debe destacar si el niño está mejorando con respecto a su propia productividad o resaltar lo positivo que tiene haber disfrutado de la labor en sí”, refiere el experto.

Es interesante mencionar un concepto novedoso “gamificación”, ampliamente utilizado en los últimos años. “Un proceso de gamificación consiste en aplicar los conceptos de los juegos a cualquier otro ámbito. En este caso, más por parte de los cuerpos técnicos, resulta de interés crear una serie de “niveles” de rendimiento preestablecidos. Al niño se le ofrece como un videojuego, para reforzar los procesos de motivación en ellos, y así encontrar reforzamiento en destrezas que no despierten tanto interés, pero que sean de gran importancia”, concluye Rivera.

Diez razones para tener presente el deporte en la vida del niño

Nubia Almeida de Valera, psicóloga clínica infantil, en su trabajo con niños pone especial atención a la importancia de incorporarles a disciplinas deportivas. “Descubrir el deporte que les atrae es clave para un buen disfrute y aprovechamiento de los resultados. Cuando un niño suma a su vida la actividad física regala beneficios y salud a su cuerpo y cerebro”, conviene Almeida de Valera. “El poder reconocer estos beneficios permitirá a los padres valorar la práctica e incentivar la realización de la misma en el niño” continúa. La experta comparte 10 razones para tener presente el deporte en la vida del niño:

1. Añade más capacidad de atención y concentración, favoreciendo la disposición al aprendizaje para su ejecución.

2. Favorece el orden y la disciplina para cumplir con las normas y horarios establecidos para su realización.

3. Fortalece las habilidades sociales al desarrollar amistades con los mismos intereses.

4. Mejora la conexión neuronal lo que a su vez se traduce en mayor disposición al aprendizaje.

5. Perfecciona la capacidad para resolver los conflictos, aprendiendo la espera, el respeto por los turnos y la toma de decisiones.

6. Aumenta la responsabilidad en la consecución de las actividades deportivas y académicas.

7. Resulta una excelente herramienta de autorregulación emocional en niños con niveles altos de ansiedad.

8. Refuerza el trabajo en equipo, la ejecución de metas y el logro de propósitos comunes e individuales.

9. Potencia el desarrollo de la autoestima y la confianza en él mismo y sus capacidades.

10. Se mantienen buenos niveles de salud física y emocional.

El deporte más allá de las victorias

La psicóloga quiere resaltar dos premisas esenciales para los padres que quieren inculcar el deporte en sus hijos:

  1. Evitar depositar en los niños sueños frustrados del adulto, ya que generarían en ellos mucha presión y hasta una carga emocional que estaría muy lejos de los beneficios mencionados.
  2. Acompañarlos en las diferentes disciplinas deportivas hasta que consigan la que mejor se ajuste a sus gustos e intereses, logrando finalmente que se sientan cómodos, dispuestos y motivados.

El concepto de deporte que tiene Lorenzo Albaladejo Martínez, deportista profesional “va mucho más allá de ganar o perder”. Para el profesional, el deporte “es la habilidad de levantarte del suelo, la capacidad de ver más allá de tu límite y la lucha constante por ser cada día tu mejor versión”. “Es la competitividad entendida de manera sana: aquella que te hace superior cada día y consigue que luchar -al igual que tus rivales-, por ganar, haga preferible a todo el mundo”, subraya Albaladejo. El atleta paralímpico considera que esos valores trasmitidos en la infancia y adolescencia permitirán que el deporte siga viéndose como lo que es: “Una herramienta fundamental de transformación social”.

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