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Nueva York busca al fotógrafo de la selva

El fotógrafo Peter Beard alimentando jirafas en Kenia el 2014.El fotógrafo Peter Beard alimentando jirafas en Kenia el 2014.Peter Beard / Wikimedia Commons

Desde hace dos semanas que no se sabe nada del intrépido fotógrafo y escritor Peter Beard, de 82 años. Su esposa, Nejma Beard, lo vio por última vez el 31 de marzo dando un paseo a media tarde en los alrededores de su mansión ubicada sobre los acantilados en Long Island, Nueva York. El hombre salvaje, obsesionado con retratar elefantes, medioambientalista y vividor, ahora, después de una vida de aventuras, padece problemas cardíacos y demencia. Los detectives del Departamento de Policía de East Hampton han utilizado drones, un helicóptero y perros para encontrarlo, pero no han tenido éxito. Un portavoz de la familia compartió el pasado domingo un comunicado en la cuenta de Instagram del artista: “La familia está devastada por la desaparición de Peter. Mientras continúan esperando y rezando por su seguridad, se les ha informado que cada día que pasa oscurece la posibilidad de su regreso seguro”.

Beard viajó por primera vez a África cuando tenía 17 años, a mediados de los cincuenta, acompañado del bisnieto de Charles Darwin. No pasaron más de seis años hasta que se compró una granja en las colinas Ngong, en Kenia, que entonces tenía cerca de ocho millones de habitantes (hoy son más de 50). Montó un campamento pegado al de Karen Dinesen von Blixen, la autora danesa de Memorias de África, con quien entabló una amistad inmortalizada en sus fotografías. Beard se ha dedicado a fotografiar la naturaleza en su máxima expresión, así como su destrucción. También ha trabajado con las modelos más cotizadas del mundo, a las que solía llevar a ambientes salvajes para retratarlas. Los collages con recortes son parte de su sello de identidad artística. Una de sus obras más famosas es el fotolibro Fin del juego: La última palabra desde el paraíso (1965), alimentado de imágenes de elefantes vivos y muertos, cocodrilos y jirafas, que registró con su cámara mientras trabajaba en el parque nacional Tsavo East. El libro plantea la destrucción de la especie humana a medida que avanza la del territorio.

“Los hombres somos como los elefantes. Tan prolíficos, tantos, tan superpoblado el territorio, que somos capaces de acabar con él, de engullirlo y engullirnos”, dijo Beard en una entrevista a este periódico en 2008. Fue precisamente un elefante el que casi lo mata. Después de una sesión de fotos en 1996, en la cima de una colina en la frontera entre Kenia y Tanzania, una manada corrió hasta donde estaban él y su equipo. Arrancaron, pero un elefante lo abatió. “Estaba completamente ciego. Mi nervio óptico se removió. No podía ver ni una maldita cosa. Tenía un gran agujero en mi pierna y mi cadera se rompió en siete u ocho”, relató en una entrevista que le hizo su amigo, el actor Alec Baldwin, para un podcast en 2012. Aún le quedan en el cuerpo siete clavos de titanio y 28 tornillos, y pasaron varias décadas antes de que decidiera abandonar África del todo. El miedo nunca ha sido buen compañero de Beard. La imagen Escribiré donde pueda, en la que aparece con medio cuerpo dentro de la boca de un cocodrilo, y el torso fuera, apoyado en la tierra, mientras toma notas en un diario —un material distintivo de su obra—, retrata su osado espíritu.

La familia ha pedido privacidad mientras se sigue llevando a cabo la investigación sobre el paradero de uno de los fotógrafos más famosos de Estados Unidos. Beard vive con su tercera esposa, Nejma, con la que se casó en 1986 en Kenia, donde se conocieron. Juntos tuvieron a Zara Beard, quien hace menos de dos meses fue madre por primera vez de una niña. “Es un momento en el que debemos quedarnos en casa por el bien de todos los que nos rodean, pero mi padre está en alguna parte, desaparecido”, publicó en su cuenta de Instagram el 3 de abril. “Me temo que a medida que pasa cada minuto, también lo hace la esperanza de que pueda sobrevivir”, agregó en un mensaje en el que hacía un llamamiento para ayudar a buscarlo, respetando las medidas de distanciamiento adoptadas por la pandemia del coronavirus.

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