Las noticias

“Nos viene bien pensar que podemos correr sin mirar atrás”

Vicky Jones, en Londres, en 2018. / GettyVicky Jones, en Londres, en 2018. / Getty

Antes de convetirse en serie de culto, Fleabag fue una obra de teatro, escrita por dos amigas, Phoebe Waller-Bridge y Vicky Jones, que hablaban de dos amigas que montaban una cafetería. Una era el bote salvavidas de la otra. Y viceversa. Pero una de las dos hacía una cosa horrible y desaparecía para siempre. Así que la otra, llamémosla Fleabag, daba tumbos por un Londres en el que una podía ser una misma pero, ¿qué sentido tenía si no podía compartirlo con la otra? Waller-Bridge encumbró su amistad con Jones —hasta en el físico, la Boo de Fleabag— en la serie que acabó firmando y que le abrió todas las puertas. Ahora, Jones le devuelve el balón con Run (HBO), una trepidante comedia antirromántica protagonizada por dos ex a la fuga de sus propias vidas.

Los protagonistas —unos muy adecuados Merritt Wever y Domhnall Gleeson— acordaron, mientras aún salían juntos, que lo dejarían todo y se subirían a un tren si recibían un mensaje de texto del otro con la palabra run (literalmente, corre). El otro, claro, debía responderle lo mismo. “Era una coña entre nosotras, que en el fondo siempre fue en serio. La idea era asegurarnos de que íbamos a huir si nos sentíamos atrapadas, ya fuese en una relación de mierda o en un curro horrible. Nos escribiríamos run y nos largaríamos juntas”, dice Jones. Está en su apartamento, en el este de Londres, dice. Su voz al teléfono suena feliz. Por fin vuela en solitario. Es mediados de marzo. Lo peor de la pandemia está por venir.

¿Run es también la historia de una amistad, por más que tenga aspecto de un Antes del amanecer inverso, o ligeramente punk? “Sí, en realidad, ellos dos se tienen sobre todo como amigos. Es decir, salieron juntos, hay algo ahí latente, pero se ven más como una red de seguridad el uno para el otro que como otra cosa”, contesta. En ese sentido, el espíritu es muy grunge, muy de la década de los 90. Después de todo, Jones nació en 1978, y admite que su educación sentimental se forjó en la década en la que la amistad estaba por encima de todo, en la que los amigos no se acostaban, o si había que elegir, se prefería un amigo a un amante. “Claro, sí, tiene mucho de los 90, y también de lo que me fascinan las relaciones entre hombres y mujeres”, admite.

“Me encanta cómo podemos llegar a sacarnos de quicio de una manera loca y a la vez adorarnos, cómo algunas relaciones son perfectas de una manera imperfecta. Ruby [Weever] y Billy [Gleeson] son esa clase de pareja. Oh, adoro las comedias románticas. En serio, me obsesionan. Luz de luna, por ejemplo [el clásico de los ochenta, con Bruce Willis y Cybill Shepherd]. Creo que no he podido evitar que haya un poco de esa relación cabrona que tienen los protagonistas de Luz de luna en Run”. Solo que en su caso los matices son infinitos. “Claro, la vida de Ruby es complicada. Está dejando mucho más que Billy. Ella en sí es un personaje más complejo. Su vida está repleta de cosas que aborrece pero que se supone deberían gustarle. Tiene mucho de reflexión sobre ser mujer hoy”, dice.

Jones cita a Nora Ephron (Cuando Harry encontró a Sally) pero también a Sheila Heti y a Chris Krauss —escritoras y a la vez pensadoras, que desarticulan o desactivan la conciencia de lo femenino— cuando habla de referentes. ¿Cree que Fleabag ha marcado, de alguna manera, un antes y un después en la forma en que se concibe al personaje femenino en televisión? “No lo sé, pero espero que lo haya hecho. Espero que haya dejado claro lo contradictorias que somos, y cómo de compleja es nuestra psique. Yo sí creo que en muchos sentidos, Phoebe ha llegado más lejos que nadie, porque se ha expuesto también más que nadie, y lo ha hecho de una forma especial, ha convertido al espectador en cómplice, y eso es algo único”, contesta.

¿Y qué hay del tren, ese mundo dentro del mundo, como escenario? Porque el tren es el medio de transporte que eligen Ruby y Billy para escapar, y no parece una elección casual. “No lo es. El tren me parece el vehículo más romántico que existe. Es como una relación. Está en movimiento, de camino a alguna parte, sin que ninguno de los dos se mueva. Un tren, como una relación, es su propio planeta, tiene su propio espacio y su propio tiempo. Un universo paralelo. Sí, exactamente como una relación”, argumenta Jones, que cree que en el fondo sería sano que todos tuviéramos una vía de escape así, porque “a veces”, dice, “a todos nos viene bien pensar que podemos correr sin mirar atrás”.

Debido a las excepcionales circunstancias, EL PAÍS está ofreciendo gratuitamente todos sus contenidos digitales. La información relativa al coronavirus seguirá en abierto mientras persista la gravedad de la crisis.

Decenas de periodistas trabajan sin descanso para llevarte la cobertura más rigurosa y cumplir con su misión de servicio público. Si quieres apoyar nuestro periodismo puedes hacerlo aquí por 1 euro el primer mes (a partir de junio 10 euros). Suscríbete a los hechos.

Suscríbete

Leave a Reply