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“No sé por qué narices tenemos que volver si no hay forma de estar separados”

En la estación de cercanías de Príncipe Pío (Madrid) solo se escucha el chirrido de las escaleras mecánicas y las llegadas y partidas de los trenes. Una decena de miembros de la Policía Nacional reparte, apenas en esta parada, más de 5.000 mascarillas, de los 10 millones que se darán a partir de este lunes. A Rafael Antúnez no le hace falta coger ninguna. Llega cerca de las seis de la mañana con una mascarilla para pintar que compró en la ferretería hace meses. “Antes de todo esto”, matiza. Trabaja en una obra en Pozuelo como encofrador. “No sé por qué narices tenemos que volver si no hay forma de estar separados”, critica este hombre de 53 años. “¿Miedo?”, dice encogiéndose de hombros. “Solo espero que mis compañeros también trabajen con mascarilla. Si no, estamos jodidos”. La industria y la construcción son los principales sectores que inician de nuevo su actividad, tras concluir las dos semanas de cese excepcional por la expansión del coronavirus.

Minutos después aparece Irud, tapado hasta la nariz con una braga y con las manos en los bolsillos. Va a la localidad de Las Matas para seguir trabajando como jardinero. “No sé si es esencial o no, pero me seguían llamando”, cuenta. “¿Cómo vas a dejar las plantas tanto tiempo sin cuidar? Sería un desastre”. Fátima no se para. Solo se quita la mascarilla de la cara para decir: “Yo nunca he dejado de trabajar. Soy auxiliar en una residencia”. ¿Y cómo está la situación allá?. Silencio. Apura el paso y entra en el tren con dirección a Atocha.

Varios guardias de seguridad vigilan en cada andén que los usuarios mantengan la distancia apropiada. Aunque hay más movimiento que en otras estaciones, en Atocha sigue siendo un lunes atípico, muy lejos del ajetreo de la principal estación de trenes de la capital.

En vídeo, ¿quiénes pueden volver a trabajar y cómo? VÍDEO: V.MARTÍNEZ

La gran mayoría de ciudadanos recibe las mascarillas con una ya puesta. Otros se cubren con pañuelos o tapabocas improvisados. Y otros no lo hacen. Ismael Rubio es uno de ellos. Es albañil y espera su tren hacia la localidad de Villalba con los auriculares puestos y sin protección alguna. “No me la pongo porque no sirve para nada”, opina. “Una vez toques el móvil o la ropa, eso ya está manchado”. Rubio no tiene miedo de enfermarse, pero sí teme que se contagien las personas mayores con las que vive. “Pero no creo que esto haga mucho”, explica dejando ver la mascarilla que recogió en la entrada y que guarda en un bolsillo.

Las autoridades aseguran que el reparto se extenderá un par de días más, sobre todo en las ocho comunidades en las que este lunes es festivo. Entre avisos de tren, un anuncio de precaución: “Atención. Cercanías Renfe les recuerda que hay que mantener las medidas de seguridad…”. Los que aguardan cerca por inercia, se separan incómodos. Lo mismo sucede en la estación de metro de Sol.

Muchas de las personas que usan el transporte público ya lo usaban antes: médicos, guardias, empleados de supermercados… Es el caso de Asier, guardia de seguridad, que se queja de haber tenido que esperar 12 minutos su tren de la línea 1 a primera hora de la mañana. “Estas frecuencias no favorecen que vayamos separados”, dice. Sin embargo a las 8.00, en plena hora punta, los vagones de metro, que a esta hora suelen estar atestados, presentan un inusual aspecto medio vacíos. Fuera, policías reparten mascarillas por las distintas entradas; dentro lo hacen dos voluntarias de la Cruz Roja. “Estamos repartiendo en todos los intercambiadores y en las paradas con más afluencia”, dice Carmen, una de ellas.

Actividad en las obras

Las obras vuelven a la actividad en Madrid. Un ejemplo es un edificio que ocupa casi una manzana en la calle Montera, junto a la Gran Vía, que se va a convertir en un hotel. “Hemos vuelto a trabajar hoy”, confirma Florin, un obrero que maneja grandes baldosas y que suma al tradicional chaleco amarillo una no tan tradicional mascarilla. El ruido de las máquinas y las voces de los empleados rompen el silencio que se escucha tanto en la Puerta del Sol como en la Gran Vía, ambos lugares que normalmente están atestados y que este lunes permanecen casi vacíos.

También vuelve este lunes al tajo Franklin Rodríguez, que espera en el andén de la línea 1 de Sol. “Hemos estado parados 15 días, pero hoy volvemos. Nos han dado guantes y mascarillas. No me da miedo volver, estamos protegidos”, señala antes de dirigirse a una obra en la zona de Iglesia. Lo mismo ocurre con los trabajadores que construyen un hostel en la calle de La Encomienda (La Latina), donde varios operarios se afanan en rematar la edificación. “Nos incorporamos hoy, todos con mascarillas”, dice Herminio, que dirige a otro compañero mientras mueve material de construcción.

Poco movimiento en Sevilla

Poco trasiego en las estaciones de metro de Sevilla, donde desde las seis de la mañana voluntarios del Sistema Nacional de Protección Civil, apoyados por agentes de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, están repartiendo mascarillas. Los pocos transeúntes que desde primera hora acuden a sus puestos de trabajo ya llevan protección desde sus casas y el material sanitario se reparte solo a aquellos que no dispongan de él y a quién no se lo vayan a proporcionar en el trabajo, recuerda uno de los miembros de seguridad.

Más movimiento había en la estación de Santa Justa, principal nodo de comunicaciones de la capital andaluza y donde confluyen cinco líneas de Cercanías. Allí la Policía Nacional sí ha podido entregar mascarillas a varios pasajeros, que llegaban a pie o acompañados de sus bicicletas para trasladarse al trabajo y que acababan de llegar y que no disponían de equipos sanitarios. María trabaja en un despacho de abogados de Sevilla y viene desde Bellavista. “No estaba segura de que fueran a repartir mascarillas o de que tuvieran para mí cuando llegara”, cuenta. En Andalucía está previsto que se repartan hasta 1.800.000 mascarillas en 365 nodos de transporte público de las ocho provincias. De ellas, 434.000 se distribuirán en la capital.

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