Deportes

No era el raro, era el mejor

Han pasado muchos años desde que Jon Rahm llegó a mi escuela junto a su madre para comenzar a entrenarse y desde entonces no ha dejado de sorprenderme. Pronto descubrí a un niño con una memoria golfística prodigiosa, con unas enormes capacidades para leer las caídas de los greens y con una determinación que cuando me miró a los ojos y me dijo que sería el número uno del mundo no tuve otra opción que creerle. Tan helado que se lo conté a mi mujer cuando llegué a casa. Y ahora, promesa cumplida.

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