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Netanyahu se declara inocente en su juicio por corrupción a seis semanas de las elecciones

El primer ministro israelí, el lunes ante el tribunal de Jerusalén que le juzga por corrupción.
El primer ministro israelí, el lunes ante el tribunal de Jerusalén que le juzga por corrupción.REUVEN CASTRO / AFP

Sin el aire desafiante con el que se encaró hace nueve meses ante los jueces en su primera comparecencia, Benjamín Netanyahu, de 71 años, se ha declarado este lunes inocente de todos los cargos por corrupción en el juicio en su contra. El primer ministro israelí ha permanecido menos de una hora ante el tribunal de Jerusalén que le juzga bajo las acusaciones de cohecho, fraude y abuso de poder, que pueden acarrearle una condena de hasta 10 años de cárcel al término de un proceso que previsiblemente durará años.

Cuando quedan seis semanas para las elecciones —las cuartas legislativas en Israel en menos de dos años—, la segunda comparecencia judicial de Netanyahu ha sido recibida con los gritos de centenares de manifestantes que reclamaron su dimisión. Como primer ministro en ejercicio, no está obligado a renunciar al cargo tras su procesamiento mientras no haya una sentencia firme. En su declaración judicial no parecía estar sentado en el banquillo de los encausados, sino cumplimentado, sin darle mayor importancia, un rutinario trámite en medio de sus ocupaciones.

El silencio rodeó el paso del jefe del Gobierno por la sede del Tribunal de Distrito de Jerusalén en la calle de Saladino, corazón de Jerusalén Este bajo ocupación israelí desde 1967, que se asemeja a un fortín. “Estas acusaciones son absurdas, y han sido amañadas desde el primer momento”, había replicado el pasado mes de mayo a las imputaciones formuladas por el fiscal general. La altivez del poder en la mirada se ha visto reemplazada ahora por la discreción del reo que se ratifica en su declaración de inocencia. La presidenta del tribunal, Rivka Friedman-Feldman, autorizó a abandonar la sala a Netanyahu –quien se limitó a dar las gracias antes de marcharse– mientras su equipo de letrados seguía la vista.

Netanyahu se mantuvo en segundo plano, conversando al fondo de la sala con sus asesores, cubiertos todos ellos con mascarillas, y oculto tras la hoja de una ventana abierta. Al iniciarse la segunda sesión a la que asiste, se sentó de espaldas a las cámaras de los escasos medios que habían sido autorizados a seguir el proceso desde la misma sala y no desde una dependencia adjunta a través de un circuito cerrado de televisión. “Confirmo la declaración escrita que fue presentada en mi nombre”, se limitó a decir ante los tres magistrados, en referencia al escrito exculpatorio presentado hace un mes por sus abogados.

Ahora se ha cuidado de hacer pronunciamientos políticos en sede judicial. Hace nueve meses tachó el proceso de “intentona de derrocamiento” amparada en una “caza de brujas” instada por la izquierda desde la policía, la judicatura y los medios de comunicación. El gobernante que más tiempo ha permanecido en el cargo en el Estado judío acababa de formar Gobierno entonces tras 14 años en el poder acumulados (11 de forma consecutiva).

De nuevo inmerso en una campaña electoral, con su partido, el conservador Likud, en cabeza en los sondeos, Netanyahu no cuenta con perspectivas ciertas de poder fraguar una mayoría estable en la Kneset (Parlamento). Ha fiado su destino en las urnas al éxito de la campaña de vacunaciones contra la covid-19, en la que Israel es líder mundial. La ralentización de las inoculaciones entre los jóvenes y las minorías árabe y judía ultraortodoxa amenazan, sin embargo, con volverse en su contra mientras se disparan los contagios a causa de la propagación en el país de nuevas variantes del coronavirus.

La colorista protesta que desde el pasado verano se desarrolla todos los sábados por la noche ante la residencia del primer ministro en Jerusalén se trasladó a los alrededores de la sede del tribunal, en medio de un amplio despliegue de fuerzas de seguridad con francotiradores en las azoteas. Dos centenares de personas hicieron llegar el eco de la calle hasta el estrado en el que declaraba Netanyahu. Junto a pancartas contra el “[Primer] Ministro del crimen”, un detractor disfrazado de preso encadenado y con una careta del gobernante jaleaba el coro de consignas de rechazo al encausado. El pasado mes de mayo fueron sus partidarios del Likud quienes le mostraron enfervorizado apoyo desde el exterior.

Los magistrados tienen previsto establecer inmediatamente la lista de testigos que comparecerán a lo largo del juicio. La hoja de ruta del proceso apunta a que las declaraciones se deberán iniciar a finales de este mes, con una media de tres sesiones semanales, aunque no se descarta que se vuelva a aplazar la reanudación de la vista hasta que hayan transcurrido las votaciones del 23 de marzo. Un nuevo confinamiento a causa de la pandemia, como el que acaba de ser levantado parcialmente en Israel, también puede conllevar un aplazamiento de la vista, como ya ocurrió en enero.

Netanyahu es el primer jefe de Gobierno en ejercicio del cargo que se sienta en el banquillo de los acusados en la historia de Israel. Su predecesor inmediato, Ehud Olmert, pagó con 14 meses de cárcel el cobro de comisiones por un escándalo urbanístico. Un jefe del Estado, Moshe Katsav, fue también sentenciado en 2010 a cinco años de prisión tras ser juzgado por violación y agresiones sexuales.

Los tres casos por los que comparece Netanyahu ante la justicia

Caso 1.000. La afición al lujo de la familia integrada por el primer ministro, su esposa, Sara, y su primogénito, Yair, fue la primera pista seguida por la brigada policial anticorrupción. Los Netanyahu recibieron caros regalos —joyas, puros habanos Cohiba o champán rosado francés— evaluados en un millón de shequels (250.000 euros) de manos, entre otros, del productor de Hollywood Arnon Milchan, quien pudo recibir a cambio millones de dólares en beneficios fiscales.

Caso 2.000. La imputación de la fiscalía se extiende además a las conexiones del gobernante con Arnon Mozes, editor del diario Yedioth Ahronoth, el de mayor circulación en Israel, para contar con una cobertura favorable a sus intereses. En compensación, le ofrecía la adopción de reformas legales para que mejorara la difusión del rotativo. Mozes mantenía entonces una disputa comercial con el magnate de los casinos Sheldon Adelson (fallecido el mes pasado), quien financiaba a fondo perdido el diario gratuito Israel Hayom, el medio más proclive a Netanyahu de la prensa hebrea.

Caso 4.000. En la investigación policial más larga y compleja se destaparon los favores gubernamentales ofrecidos por Netanyahu que reportaron un beneficio fiscal multimillonario al grupo de telecomunicaciones Bezeq. En contrapartida, la compañía puso al servicio de los intereses del primer ministro y de su familia el popular portal informativo digital Walla.

La policía y la comisión que controla la Bolsa de Tel Aviv constataron que entre 2012 y 2017 “Netanyahu y su entorno más cercano intervinieron notoriamente y de forma regular en la redacción de los contenidos de la web Walla, al tiempo que influyeron en la designación de redactores y editores para publicar fotos y artículos halagadores, y suprimir el contenido crítico contra el primer ministro y su familia”.

Además de ser jefe de Gobierno y titular de Exteriores, Netanyahu acumuló el cargo de ministro de Comunicaciones entre 2015 y 2017, por lo que era también el máximo responsable del marco regulatorio al que estaba sometido Bezeq, grupo empresarial que integra telefonía fija, servicios de Internet, móviles, medios de comunicación y una plataforma de canales de pago.

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