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Netanyahu busca blindarse frente a la justicia con el acuerdo de Gobierno con Gantz

Netanyahu, el presidente Rivlin y Gantz, el pasado septiembre en Jerusalén.Netanyahu, el presidente Rivlin y Gantz, el pasado septiembre en Jerusalén.ABIR SULTAN / EFE

Benjamín Netanyahu busca emprender su cuarto mandato consecutivo como primer ministro en Israel gracias al acuerdo de Gobierno de unidad que negocia desde el sábado con Benny Gantz. Pretende que el pacto con el líder centrista que le desafió en tres elecciones durante el último año le blinde ante la justicia, como encausado por corrupción, mientras siga al frente del Gobierno y le ampare con la misma protección legal cuando tenga que ceder el timón del Gabinete dentro de 18 meses.

El exgeneral Gantz ha dado un triple salto mortal, con una quincena de diputados, para acordar un Gobierno de emergencia nacional frente a la pandemia de coronavirus junto a la derecha nacionalista y religiosa que sostiene a Netanyahu, que suma 58 de los 120 escaños de la Kneset (Parlamento). El giro inesperado que dio el jueves, convirtiéndose en presidente provisional de la Cámara y tendiendo la mano al partido Likud del primer ministro, desarboló el bloque de centroizquierda y árabe, que con 61 escaños le había sostenido la semana anterior para que recibiera el encargo de formar Gobierno tras las legislativas celebras el pasado día 2. Como consecuencia, la alianza centrista Azul y Blanco que él había cofundado hace un año ha sido dinamitada en pedazos como alternativa de poder en Israel. “Es lo que necesita la nación para afrontar la crisis sanitaria”, se justificó en su primer discurso al frente de la Kneset.

Si finalmente se confirma, el pacto de Gobierno establecerá, según anticipa la prensa hebrea, la investidura de Netanyahu en la cuarta legislatura que encabeza desde 2009 y que, acumuladas a la que dirigió entre 1996 y 1999, le ratifica como el mandatario que durante más tiempo ha ocupado el cargo en la historia del Estado judío.

Después de dejar la presidencia parlamentaria, Gantz —el jefe del Ejército que comandó la guerra de Gaza en 2014 y el candidato que prometió durante tres campañas que no pactaría nunca con un político corrupto— ejercerá en principio como vice primer ministro. Confía en reservarse para sí y sus partidarios las estratégicas carteras de Defensa y Asuntos Exteriores, así como la de Justicia. Esta última resultará clave durante el juicio contra Netanyahu por tres casos de soborno, fraude y abuso de poder. El proceso tenía que haber arrancado el pasado día 17, pero las restricciones sanitarias establecidas en los tribunales por la pandemia han aplazado la comparecencia hasta finales de mayo.

Una vez en marcha el Gobierno de unidad, está previsto que en septiembre de 2021, en el ecuador del acuerdo de Gobierno de unidad de 36 meses, deberá producirse una rotación en el puesto de primer ministro para que sea ocupado por Gantz. El pacto político incluye —de acuerdo con informaciones concordantes de la prensa israelí— una cláusula que garantiza la aprobación de reformas legales para que Netanyahu siga gozando como vice primer ministro del mismo estatuto que el jefe de Gobierno. Además, como número dos del Ejecutivo, contará con derecho de veto sobre nombramientos que son competencia del primer ministro.

Las leyes básicas que hacen la función de texto constitucional en Israel estipulan que, al contrario que el resto de los miembros de Gabinete, el jefe del Ejecutivo no está obligado a renunciar al cargo si es procesado, y que solo una sentencia firme puede forzarle a dejar el puesto. Su predecesor en el cargo, el centrista Ehud Olmert, fue condenado por corrupción tras un proceso que se dilató durante seis años.

Socios en el bloque conservador

El conservador Likud y sus asociados ultraortodoxos judíos y de la extrema derecha reclaman, por su parte, los ministerios clave de Interior, Seguridad Pública, Finanzas y Educación, así como el de Sanidad, que concentra el mando de la estrategia nacional frente al coronavirus.

Netanyahu y Gantz se reunieron durante la noche del sábado al domingo para cerrar con “progresos significativos” el acuerdo. El texto final tenía que haber sido ultimado este domingo por los equipos negociadores, pero por la noche las partes anunciaron una nueva ronda de contactos a partir del lunes, en un complejo reparto de 30 carteras a varias bandas. El líder centrista quiere que el dirigente del Likud Yuli Edelstein no vuelva a ocupar el puesto de presidente de la Kneset, después de haber dimitido el miércoles sin cumplir una resolución del Tribunal Supremo para reanudar la actividad del Legislativo. La crisis constitucional suscitada por el desacato de Edelstein precipitó el entendimiento entre los dos principales partidos para fraguar un Gobierno de unidad viable tras más de un año de bloqueo institucional.

La pandemia hizo el resto. Pese a que los niveles de contagio y mortandad son aún bajos, se teme que la enfermedad Covid-19 se extienda entre las principales minorías del país. Los líderes de los partidos árabes, que representa en el Parlamento a un 20% de la población, alertan de que apenas se han registrado casos en esta comunidad porque no se están practicando suficientes pruebas de detección. Entre los ultraortodoxos (12% de la población) se han multiplicado los positivos por coronavirus en sus bastiones, como el distrito de Mea Shearim de Jerusalén o la ciudad próxima a Tel Aviv de Bnei Brak, donde se han seguido oficiando ceremonias religiosas pese a la prohibición de las autoridades.

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