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Nando López: “Los adolescentes son los grandes olvidados en la cuarentena”

Nando López (Barcelona, 1977) es una de las voces más destacadas de la literatura y el teatro para jóvenes en España. Autor de novelas como La edad de la ira o Nadie nos oye y éxitos escénicos como #malditos16, esta semana le ha sido concedido el Premio Gran Angular, de la editorial SM, por su obra La versión de Eric, un policiaco protagonizado por un chico trans.

¿Qué lectura recomendaría a un joven para la cuarentena?

El guardián entre el centeno, de Salinger. Para estos días y para cualquier otro. Es uno de esos libros que hay que leer sí o sí con quince años. Y siempre es un viaje lleno de lucidez e ironía hacia los resortes, a veces mezquinos, a veces sencillamente humanos, que mueven nuestra realidad.

¿Y una serie? ¿Películas?

Me encantaría que se atrevieran con A dos metros bajo tierra: seguro que encuentran personajes en esa familia con quienes identificarse (a sí mismos y a quienes los rodean). Y como películas, Ladybird, Azuloscurocasinegro y Ventajas de ser un marginado, tres magníficos retratos cinematográficos de la adolescencia.

Hay también bastante oferta teatral para el encierro y, de hecho, algunas de sus obras pueden verse en Internet. ¿Usted ve teatro grabado?

Hasta ahora, no. La magia del teatro reside en el hecho de que es algo irrepetible y que sucede en el mismo momento en que lo estamos contemplando. Pero esta circunstancia nos ha llevado a quienes trabajamos en el teatro a ofrecer nuestros títulos online como una forma de contribuir, desde la cultura, en medio de esta particular distopía que estamos viviendo.

La novela con la que acaba de ganar el Gran Angular aborda los problemas de un joven trans. ¿Cuál es el peor?

A la hora de afirmar nuestra identidad, el mayor enemigo es siempre el miedo. Lo esencial es vencer el temor a ser visibles —en la familia, en las aulas, en el trabajo— y a alzar nuestra voz. Los rígidos y omnipresentes cánones heteronormativos, la falta de referentes y el ruido de una minoría lgtbifóbica que, por desgracia, está cada día más rabiosa no ayudan a ello. Por eso la literatura, muy especialmente la juvenil, puede ser una herramienta para construir esos referentes de los que carecemos. Un libro nos puede ayudar a empoderarnos y, a la vez, provocar empatía en quien lo lee.

¿Qué obra literaria le marcó a usted en su primera juventud?

La poesía de Cernuda, que llegó a mi vida gracias a mi madre y que se convirtió en uno de mis grandes referentes. Y Pedro Páramo, de Juan Rulfo, la novela que marcó para siempre mi pasión por la estructura y el juego de voces narrativas a la hora de escribir.

¿Qué le llevó a escribir para jóvenes?

Sin duda, mi experiencia como docente en un instituto público durante diez años. Hace cinco que me dedico exclusivamente a la literatura, pero aquellos años no solo me llevaron a querer dar voz a esas y esos jóvenes a quienes tuve la suerte de dar clase, sino que también despertaron a mi propio adolescente y me di cuenta de que necesitaba hablar de lo que supone atravesar la adolescencia, una etapa esencial en la vida y cuyas heridas llevamos siempre dentro.

Usted está en contacto habitual con adolescentes y jóvenes por sus libros ¿Cómo están pasando la cuarentena?

Creo que están demostrando ser una generación mucho más comprometida y solidaria de lo que se nos cuenta: están aceptando el confinamiento con una paciencia encomiable, un encierro que les ha cogido en plena explosión vital, personal, hormonal… Se habla de la infancia, pero no de la adolescencia: son los grandes olvidados. Y siento que tampoco en esta ocasión los estamos tratando como ciudadanos de primera, sino con una desidia injusta e inmerecida.

¿Y cómo cree que les afectará para el futuro?

Esta generación de jóvenes ya ha mostrado antes su descontento con el sistema social que ha heredado: son críticos y tienen herramientas para hacer oír su voz. Seguramente, cuanto estamos viviendo, junto con la sombra de esa crisis voraz e inminente que nos aguarda, agudice esas reflexiones. Confío en que los haga menos conformistas y dóciles de lo que ha resultado ser mi generación.

¿Qué libro le habría gustado escribir?

Fun home, de Alison Bechdel.

¿Qué canción escogería como autorretrato?

Corre, dijo la tortuga, de Joaquín Sabina

Si no fuera escritor, ¿qué le gustaría ser?

Sin duda, volvería a ser profesor. Pocas cosas me han hecho tan feliz como las aulas.

¿Qué está socialmente sobrevalorado?

La sinceridad. Cuando no es útil, resulta innecesariamente dolorosa.

¿Qué trabajo no aceptaría jamás?

Cualquiera que suponga ejercer la violencia.

¿Ha pensado qué es lo primero que hará cuando termine el confinamiento?

Correr a abrazar a mi familia y a mis amigos.

¿A quién le daría el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil?

A Mónica Rodríguez y a David Lozano, ex aequo.

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