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Nadal y Djokovic, otra fascinante partida de ajedrez

Ocho meses después, la historia los reúne de nuevo. Pero uno de ellos todavía tiene grabado a fuego en la memoria ese último encuentro en París, cuando Rafael Nadal, demoledor como ninguna otra vez, seguramente, desbordó por tierra, mar y aire a Novak Djokovic, descompuesto en aquella tarde de octubre.

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Entonces hacía frío, brillaban los focos, el techo cubría la Chatrier y se llegaba al millar justo en la grada. Hoy no. Luce el sol como pocas veces, el complejo ha recuperado parcialmente el ambiente –asistirán 5.000 personas, las permitidas por el protocolo sanitario– y la luz natural iluminará el reencuentro más repetido en la historia del tenis. Con el de este viernes (no antes de las 17.30; Eurosport y DMAX), serán 58 los episodios protagonizados por ambos, y este último exige una maniobra al de Belgrado y anticiparse al español, conscientes ambos de un matiz: el curso pasado, el triunfo aseguraba otra dentella a la historia, y esta vez, tras el duelo, quedará otro mundo para el ganador.

“Preferiría enfrentarme con él en la final, sin duda, esa es la puñetera realidad”, asevera Nadal, alerta en toda circunstancia y más si cabe ante el rival que más sinsabores le ha ocasionado; ya se sabe, 28-29 por detrás en el histórico. “Porque pase lo que pase, si ganas te llevas el título. Unas semifinales contra Djokovic son muy difíciles, y en el caso de ganar aún tienes otro partido dificilísimo después”, agrega el de Manacor, más que avalado por la historia ante la cita de esta tarde, puesto que a la tunda otoñal le acompañan las cifras doradas en los enfrentamientos sobre tierra: 19-7 para él, 7-1 en Roland Garros, donde Nole solo ha podido batirle en los cuartos de 2015.

El serbio, número uno actual, encara otra rémora: no ha conseguido rendir al mallorquín sobre arena desde entonces, 5-0 sin paliativos. Tampoco pudo con él en el último careo, en Roma, antes de abordar este Roland Garros, ni en el único cruce entre ambos en unas semifinales del grande francés. “Fue aquel partido dramático, sí. En el quinto set pasó de todo”, rebobina Nadal, que este jueves se desempeñó durante una hora y media en la Pista 2 para pulir detalles, rodeado de su guardia pretoriana al completo.

“Tenemos mucha información de él, al igual que él de nosotros”, advertía su preparador titular en el torneo, Carlos Moyà, mientras uno y otro tenista, 35 años y 20 grandes el español, 34 y 18 el balcánico, ya han dispuesto las piezas sobre el tablero tras el recorrido de estas dos semanas parisinas. “Esperamos que él [Djokovic] mueva ficha. Igual que nosotros intentamos mover ficha en rápida para ajustar cosas y hacérselo más difícil, supongo que él lo hará ahora porque en los cinco últimos años no le ha funcionado. En todo caso, sabemos cómo juega y lo bueno que es, así que el que pueda imponer su esquema de juego tendrá más opciones de ganar”, previene el técnico.

Desde que lograse encumbrarse en París (2016) y sufriera una descompresión que le hizo plantearse la retirada, Nole ha ofrecido un deficitario rendimiento sobre polvo de ladrillo. Aunque engarzó un par de títulos valiosos en Madrid (2019) y el Foro Itálico (2020), y recientemente se llevara a la boca un piscolabis en Belgrado, el serbio no encuentra manera de hincarle el diente a Nadal, que le acribilló en la final de octubre y estratégicamente no le ha concedido una sola ranura. Excesivamente especulador, ha chocado cinco veces contra el dominio hercúleo del balear en esta superficie y ha ensayado con diferentes variables tácticas sin éxito.

“El año pasado dominó completamente el partido, pero las condiciones eran diferentes”, precisa el rey del circuito. “El nivel que he demostrado este último mes me aporta buenas sensaciones. Siento la confianza de poder ganarle; de lo contrario, no estaría aquí”, prosigue Djokovic, cuyo trazado hacia la semifinal se ha visto ensuciado por un despiste más que considerable contra Lorenzo Musetti –tuvo que remontarle dos sets al italiano– y una agitada noche ante Matteo Berrettini, en la que se le escapó un set y se le vio con un punto extra de tensión: gritos, amagos y un puntapié a un soporte publicitario.

Mientras, Nadal –11h 46m en pista, por las 12h 31m del adversario– tuvo que neutralizar el impetuoso arranque de Jannik Sinner y, sobre todo, corregirse ante Diego Schwartzman en los cuartos para continuar. En cualquier caso, el español ha transmitido mayor autoridad y suficiencia para sortear los enredos. “Djokovic siempre encuentra la manera de escapar; en realidad, ambos encuentran siempre una manera u otra de escapar, con diferencias en el juego, pero son unos supervivientes natos”, aprecia Moyà, de 44 años.

“Jugadores tan grandes como ellos van de menos a más en el torneo por ahorrar no solo en físico, sino sobre todo en desgaste mental”, continúa el mallorquín, mirando por el rabillo del ojo a la otra semifinal, entre Stefanos Tsitsipas y Alexander Zverev (15.00); “¿la final de 2020? Va a ser difícil superarlo, firmo igualarlo. No esperamos un partido así, sino uno más parecido al de Roma, con alternativas y momentos duros. Rafa va a tener dificultades, pero confiamos mucho en él; si es capaz de jugar a un nivel alto…”.

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