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Nadal repara el boquete del servicio

Lo había dejado caer la tarde anterior: “La verdad es que llevo varios días sacando mucho mejor”. Y lo corroboró el jueves, después de aplacar la impetuosa salida a la pista de Alexei Popyrin, que se revolvió como un toro bravo en un rodeo americano hasta que Rafael Nadal le dijo basta, que fue más bien rápido. Siete puntos seguidos del australiano y, a partir de ahí, un paseo de primavera para el mallorquín, que resolvió el cruce con autoridad (doble 6-3, en 1h 19m) y hoy abordará el turno de cuartos contra el alemán Alexander Zverev (15.00, #Vamos y Teledeporte) con una doble inyección de energía: va en progresión, y Madrid le ha devuelto el buen color a su servicio.

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Pese a que afrontase el arranque de la gira de tierra restablecido de los problemas de espalda que sufrió durante el Open de Australia, a Nadal (34 años) le costó coger confianza con la maniobra y el déficit repercutió directamente en el desarrollo de todo su juego. Poco fino en el punto de partida del punto, tanto en Montecarlo como en Barcelona tuvo que enmendar a base de oficio varias situaciones que se le torcieron por la falta de seguridad al poner la primera bola en juego. Le sucedió contra Rublev en el Principado, perjudicado ese días por las siete dobles faltas que cometió, y después en el trazado del Godó, donde cedió la iniciativa frente a varios rivales.

En la ruta comprendida entre Delbonis y el despegue en Madrid, con Dimitrov, Rublev, Ivashka, Nishikori, Norrie, Carreño y Tsitsipas mediante, sus rivales le arrebataron 16 veces el saque e incurrió en 22 dobles faltas. Siempre analítico y tan pendiente de los números como de las sensaciones, incidió en remendar la tara durante las transiciones de un torneo a otro, y en la Caja Mágica ha recuperado el buen rumbo. Contra Carlos Alcaraz ofreció signos muy positivos y gobernó el duelo a partir de la solidez en el servicio, y frente a Popyrin (21 años, 76º del mundo) volvió a demostrar que ha recuperado la inspiración. El australiano se lo arañó una vez, pero la confianza parece estar de vuelta.

Por primera vez en los últimos diez partidos, Nadal no cometió una sola doble falta y transmitió por segundo día seguido firmeza al servir. “Hemos estado estudiando cosas y, sinceramente, vuelvo a sentirme cómodo otra vez. Esto no son matemáticas e igual mañana saco mal, pero creo que he recuperado unas cuantas cosas que quizá por el tiempo sin competir y por algunos vicios que uno va generando sin darse cuenta, tiene que quitarse”, valora el número dos del circuito, cada vez más reconstituido y cada vez más cerca del dominador tradicional de esta fase de la temporada, que como siempre tendrá el punto final en París. El objetivo es meridiano: lograr allí su 14º trofeo, el que significaría su 21º Grand Slam y, por lo tanto, dejar atrás a Roger Federer en la gran carrera histórica. No obstante, él dice ceñirse única y exclusivamente al hoy.

“Estoy en Madrid y siempre digo lo mismo: no pienso en Roland Garros cuando estoy aquí. Cada día intento ser mejor, y hay veces que sale bien y otras mal. No creo en procesos de preparación específica para algo en particular, sino en el trabajo diario, en los objetivos a corto, medio y largo plazo. Y a corto plazo es Madrid”, expresó. “Estoy contento en la posición en la que estoy por haber competido poco a principio de año. Los partidos buenos son cada vez más que los regulares, me siento con más confianza y esa es la clave. El hecho de jugar y ganar partidos te da confianza”, amplió el de Manacor, observado en directo por el legendario Ronaldo.

“Admiro a los grandes deportistas, y cuando yo era un niño él jugaba con mi tío [Miguel Ángel] en el Barcelona. Siempre ha sido uno de mis jugadores favoritos, uno de los mejores que he visto”, prolongó Nadal, “orgulloso” de su Real Madrid, pese a la eliminación europea de los blancos contra el Chelsea, y que ha sido galardonado con el premio Laureus al mejor deportista de 2020, por delante de Lewis Hamilton, Armand Duplantis, Lebron James, Joshua Cheptegei y Robert Lewandowski. Esta tarde, abordará su tercer compromiso de esta edición en el barrio de San Fermín. Enfrente estará el díscolo Zverev, superior a Daniel Evans (6-3 y 7-6(3) y ante el que manda en los cruces particulares: 5-2 en el global, 3-0 sobre arena.

En paralelo progresó Dominic Thiem (7-6(7) y 6-4 a Alex de Miñaur) y por el otro lado del cuadro llegó el sorpresón con el patinazo del griego Stefanos Tsitsipas, lanzado en esta gira de tierra y que fue derrotado contra todo pronóstico por Casper Ruud (7-6(4) y 6-4). Antes, el día deparó el fin del sueño de Paula Badosa. La española, de 23 años, perdió contra la número uno, Ashleigh Barty, y cerró su mejor experiencia como jugadora profesional. “No quería que esta semana se acabase nunca”, lamentó la catalana, de 23 años y vencida por 6-4 y 6-3, en 1h 15m; “pero mi objetivo es seguir así, en esta línea. Ojalá a partir de ahora haya una nueva Paula y esto suponga un antes y un después en mi carrera”.

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