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Múltiple Nathalie Poza

A Nathalie Poza le pilló el zambombazo del virus en la gira de Prostitución con Carmen Machi y Carolina Yuste, dirigidas por Andrés Lima. De madre francesa pero de formación británica, Poza se enamoró del teatro gracias a una profesora de literatura inglesa “que nos hizo analizar y declamar Macbeth durante tres meses. Debuté con un Marat-Sade que no salió muy bien, aunque corrí a llevarle una entrada a mi profesora. Quería viajar a Francia, pero me enganché con Animalario a los 18 años. Trabajábamos mucho: a montaje por año”. Cuando la vi en teatro comencé a tener la sensación de que Nathalie Poza era muchas y distintas mujeres: para elegir solo unas cuantas, la fatigada y rebelde Betty de Como en las mejores familias (2003), la Carlota Corday esquizoide de Marat-Sade (2007), la sensual y feroz Tamara de Tito Andrónico (2009), la madre sacudida por el terror en Penumbra (2010), quizás el espectáculo más íntimo y doliente de Animalario…

Le pregunto por qué no volvió a Shakespeare. “Pues igual tiene la culpa Andrés Lima (ríe), porque cada vez que te propone una obra te dura el trabajo un año, y que dure. A propósito de Shakespeare y de Andrés, en 2017, en la Abadía hice para él Sueño, que era una versión alucinada del Sueño de una noche de verano y una especie de exorcismo, porque él puso allí algo tan doloroso como la muerte de su padre. Y yo tenía que ser el propio Andrés. Hace poco estuve a punto de hacer un Macbeth con Pedro Casablanc, esta vez a órdenes de Gerardo Vera, pero no pudo ser. Quiero volver a Shakespeare. Comedia, drama… cualquier cosa que escribiera esa fiera”.

Hablamos luego de la múltiple Poza. Vuelve a reír. “¡Me costó un tiempo llevarme bien con eso!”, dice. “En esta profesión se supone que es una lindeza, pero para otros equivale a decir ‘no sé dónde ubicarla’. Sea como sea, yo he llegado a la conclusión de que si no puedo actuar, no existo. Yo no me siento ‘definida’. Por eso trabajo tan a gusto con Andrés. No juzga a los demás, y esa es una facultad poco frecuente. Y sabe escuchar, más raro todavía. A mí me ha salvado la vida gracias al teatro. Creo mucho en la calidad humana de la gente con la que curras. Si no, este trabajo sería más duro de lo que es”.

También se entusiasma hablando de José María Pou. “Tuve la suerte de que me llamara para hacer A cielo abierto, de David Hare. Me la envió, la leí de un tirón, y me dije ‘yo esto lo tengo que hacer ya’. Y me llevó al Español. Creo que es la función que más me he currado. Me la estudié en inglés para metérmela dentro. Los ensayos nos los gozamos. Aprendí mucho. Pou me enseñó a ser tremendamente disciplinada. El teatro para él es algo litúrgico. La hicimos mucho tiempo. ¡Todavía me llama Kyra y yo le llamo Tom! Le quiero muchísimo. Y le tengo un agradecimiento enorme”.

La música es importantísima para ella. En pocos minutos desfilan Lou Reed, Kate Bush, Patti Smith, Nick Cave. “Lou Reed es el poeta de mi vida. Una obsesión, la voz de la melancolía. Ya te imaginarás lo que fue hacer Desde Berlín (2014) con Pablo Derqui en el Romea. Todo un homenaje, con textos de Reed, Villoro, Cavestany y Pau Miró. Kate Bush y Patti Smith fueron influencias en Sueño. Sus voces, su modo de bailar. Haciendo Prostitución (2020) vimos el vídeo de Jubilee Street y pensamos: ‘Está hablando de una puta’. Fui con mi novio a Oslo, y Nick Cave la cantó para nosotros. Corrí a llamar a Andrés y le dije: ‘¡Hemos de ponerla!’. Y la canté. Yo interpretaba a Amelia Tiganus, una activista rumana a la que habían vendido por 300 euros a un proxeneta español. La escuché por primera vez contar su historia en el programa de Évole. Estaría horas hablando de esa función. Creo que Prostitución y Shock son dos de las cosas más grandes que ha hecho Andrés”.

¿Qué le apetece hacer cuando escampe? “Trabajar con mucha gente que me gusta. Israel Elejalde, Pablo Remón… Me gustaría hacer Un tranvía llamado deseo, que sigue pareciéndome eterna.Voy a pedirle a una escritora estupenda, Almudena Montero, para que me ayude a escribir sobre un tema capital para mí: la pérdida de nuestra relación con la naturaleza y el mundo animal. Y quiero adaptar un relato fantástico, en el doble sentido, de un escritor cuyo nombre todavía no puedo decir. Vivimos en un mundo terrible, pero creo que la belleza del teatro frente al horror siempre será poderosísima. Vuelves a respirar. Veo a Nuria Espert, por ejemplo, y pienso: ‘Ahí está toda la sabiduría del mundo’. Es donde hemos de mirarnos”.

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