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Muere el trovero Juan Rita a los 108 años

El trovero Juan Tudela Piernas, ‘El tío Juan Rita’ junto al presidente de Murcia, Fernando López Miras.
El trovero Juan Tudela Piernas, ‘El tío Juan Rita’ junto al presidente de Murcia, Fernando López Miras. / Europa Press

La semana pasada le hicieron la PCR y dio negativo. Estos días, un pequeño resfriado le mantenía en cama y solo recibía visitas de sus allegados. Su cabeza, sin embargo, regía todavía a la perfección, aunque hubiera que repetirle muchas veces las cosas pues del oído llevaba un tiempo más largo flojeando. A la diez de la mañana del miércoles 16 de septiembre, en la localidad murciana de Totana, su corazón ha dejado de latir. Tenía 108 años, siete meses y dos días. En el registro, constaba como Juan Tudela Piernas, pero todo el mundo le conocía como Tío Juan Rita. Cuando todavía la sociedad de consumo ni los grandes almacenes imponían San Valentín como el día de los enamorados, nació en Aledo el día 14 de febrero de 1912. Venir al mundo el día de exaltación de amor y la amistad debió determinar su destino, pues era toda bondad, cariño y amabilidad aunque el mundo le conozca como improvisador de trovos, esa tradición festera y de celebración que se mantiene vigente en el sudeste ibérico precisamente gracias a personajes como él.

“Ser malo come mucha vida”, solía decir. Sin querer, explicaba así la razón de su longevidad. Y tenía otra gran sentencia: “No haberme muerto antes”, que es lo que contestaba cuando le preguntaban por el secreto de vivir tanto.

Improvisaba en las rondallas, parrandas y cuadrillas con las que en su tierra murciana se celebraban las pascuas, la llegada de la primavera, los nacimientos, las despedidas, las cosechas, los carnavales, las fiestas de invierno y verano.

Conoció la gripe española, y la comparaba con lo que ha vivido estos últimos meses de confinamiento, pandemia y desescaladas. “Pocas embarazadas se salvaron entonces”, recordaba a finales de abril el Tío Juan Rita. Vivió las dos guerras mundiales, las dictaduras españolas de Primo de Rivera y Franco, la monarquía, su caída, la república, la guerra, el hambre, la desesperación, la represión y la restauración de la monarquía sin perder nunca la alegría de vivir y de observar todo para llevarlo a sus cantos repentizados. Con ellos improvisaba en las rondallas, parrandas y cuadrillas con las que en su tierra murciana se celebraban las pascuas, la llegada de la primavera, los nacimientos, las despedidas, las cosechas, los carnavales, las fiestas de invierno y verano. Bodas, bautizos y comuniones también consiguiendo que la música volviera a la calle, portales y plazas, que era donde había nacido y tenía sentido, y se bajara de los escenarios, donde oficialmente se la quiso relegar como algo exótico, o casi museístico y pintoresco, reflejo de un pasado.

Solía comer de todo, bien regado de vino, con su copita de coñac y un buen puro al final

Las músicas campesinas del sudeste español revivieron con él. La desestructuración que sufría el mundo rural en casi toda la península Ibérica, mucho antes de acuñar conceptos como los tan manidos de la España vacía o vaciada de los últimos años, estuvo a punto de acabar con muchos de los rituales que a duras penas conservaban los grupos de músicos populares. La emigración parecía que iba a acabar con buena parte del legado de la tradición oral pero el movimiento cuadrillero murciano supo resistir gracias a formaciones como, entre otras, La Cuadrilla de Aledo, donde la impronta del Tío Juan fue determinante. Ahora se han recuperado muchas de esas fiestas y rituales, que han llegado además a provincias cercanas a Murcia, como Granada, Albacete y Jaén. Sin Juan Rita, es muy posible que nada de eso que ahora estudian antropólogos y etnomusicólogos, hubiera pasado.

Dotado de una gracia natural para improvisar sobre la marcha trovos (versos repentizados) mientras su cuadrilla tocaba malagueñas, auroros, aguilandos, seguidillas… y cierta picardía en sus textos, el Tío Juan se convirtió en una figura popular en parte también debido a su avanzada edad, su simpatía, su risa contagiosa y su modo de vida alejado de las dietas sanas. Solía comer de todo, bien regado de vino, con su copita de coñac y un buen puro al final, cuando horas después le tocaría subirse a un escenario o recorrer las calles con La Cuadrilla de Aledo celebrando lo que hubiera que celebrar. Horas y horas al soniquete de las guitarras, guitarros y guitarricas, panderetas, postizas y clarinetes que él aguantaba como el que más, y muchas veces agotando antes a los más jóvenes.

“Vaya tradición bonita, que los troveros expanden, y si se nombra a Juan Rita, se está nombrando al más grande”, dice uno de los versos de Cantos de Pascua, una de las canciones incluidas en 1912, el último disco editado hace pocos meses por La Cuadrilla de Aledo cuyo título rinde homenaje a su año de nacimiento. 108 años improvisando trovos. Probablemente era el repentista más viejo del mundo. 108 años de bondad y sabiduría se van con él. Tanto vivió y tanto vio y ahora seguro que esté donde esté, ya está pensando en su cabeza la primera rima que le va a soltar al primero que se encuentre en su camino a la eternidad.

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